Un paro y muchas intenciones

¿Deben los empleados municipales recibir un aumento de salario acorde con el real costo de vida? Sin duda. ¿Tiene que ordenarse el escalafón y cada empleado contar con los elementos necesarios para desarrollar su trabajo? Quién podría dudar de ello.
¿Es entendible que los agentes municipales de planta permanente o temporaria, muchos de ellos con basta experiencia en la administración comunal, se indignen ante el cobro de disponibilidad permanente de funcionarios que a las dos de la tarde parten de la Casa Municipal sin rumbo conocido? Por supuesto que es entendible. ¿Se puede aceptar el malestar que la gestión de Graciela Rosso genera en aquellos que cumplen en la Comuna con su tarea como corresponde, pero son perseguidos o derivados a los más remotos despachos comunales por el simple hecho de no compartir la afinidad partidaria de la intendenta? No sólo se puede; se debe aceptar ese malestar.

Todas estas situaciones, presentes y latentes en la actualidad municipal, se manifiestan de una u otra manera en las medidas de fuerza que paralizaron a gran parte de la actividad de la Municipalidad de Luján entre el martes y el miércoles pasado, y que tuvieron su punto culminante en las protestas callejeras de esos días.

Sin embargo, a pesar de lo genuino de lo expresado, el reclamo pierde peso por ciertos interlocutores gremiales y por aquellos que, sin relación laboral con el municipio, se acercaron para aplaudir las palabras de los manifestantes. Los empleados municipales que piden justamente mejoras salariales, debieron pedirle a un gran número de ex funcionarios de Miguel Prince que se alejen de la escena para no opacar las fotos del reclamo.

Le quita seriedad a lo solicitado el hecho de que aquellos que el miércoles ocuparon los escalones de la Casa Municipal para hablarle a sus compañeros, ese mismo día, por la noche, se sentaban con Prince a negociar espacios en su lista de candidatos a concejales y consejeros escolares.

La principal voz cantante del pedido de los trabajadores municipales la encarnó el inefable Enrique Samuel Peñalba. Peñalba creció, en diferentes aspectos, bajo el ala del entonces intendente Miguel Ángel Prince, quien desde hace años lo considera "un amigo".

Cuando Prince era jefe comunal Peñalba llegó a atender dos mostradores incompatibles: jefe de personal en uno de los talleres municipales y secretario del gremio de los Trabajadores Municipales.

Tenía esa chapa cuando se animó a copar el recinto del Concejo Deliberante no para pedir aumento de sueldo –durante doce años Peñalba cajoneó su vestimenta combativa- sino para invitar a pelear a los concejales e insultarlos porque se trataba una sanción para el entonces concejal princista Rubén Leopardi.

Sin ser funcionario, y ya en el gobierno de Rosso, Peñalba golpeó al funcionario Julio García porque no estaba de acuerdo con una orden laboral. No hubo sanciones. Sus compañeros gremiales lo siguen apoyando y su amigo Prince lo sigue utilizando.

Pedir un 45 por ciento de incremento, como se escuchó esta semana, es irrisorio. En resumidas cuentas, se buscó un porcentaje que asegure el conflicto.

Por eso, y porque genuinamente los empleados municipales tienen derecho a un aumento, a un sueldo digno, a indignarse con los beneficios para pocos, a preocuparse por las persecuciones, sería sano que revisen las verdaderas intenciones de sus representantes. Seguramente conseguirían mejores respuestas.

Porque genuinamente los empleados municipales tienen derecho a un aumento, a un sueldo digno, a indignarse con los beneficios para pocos, a preocuparse por las persecuciones, sería sano que revisen las verdaderas intenciones de sus representantes.

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