Parlamentarismo y el eufemismo de la gobernabilidad

Por Diego Valenzuela

El gobernador Scioli asegura que aceptaría ir en las listas de candidatos legislativos, aunque no vaya a asumir una banca, porque su preocupación es "la gobernabilidad en la Argentina". Dos tendencias curiosas conviven en esta afirmación. Por un lado, el oficialismo recurre a la idea de gobernabilidad para salir airoso de una simple puja electoral que definiría el paisaje político futuro. Asimismo, la iniciativa de candidaturas testimoniales convierte al sistema en un presidencialismo-parlamentario, al buscar compensar en esta elección legislativa de mitad de término la legitimidad presidencial que se les ha venido esfumando.

Pedir que la gente vote para "defender la gobernabilidad" obliga a hacerse una pregunta: ¿por qué está amenazada la gobernabilidad? La respuesta obvia del oficialismo es la crisis internacional, pero sucede que ningún gobierno del mundo tambalea por los vaivenes de la economía. En la Argentina de 2009 el déficit de gobernabilidad deviene especialmente de la gestión de política local.

Pedir un voto por la gobernabilidad es el eufemismo, o el pretexto, para sostenerse en el poder. No hay un interés en la estabilidad institucional, sino más bien una estrategia en la disputa política con el naciente peronismo disidente, el cual se ha convertido en una amenaza real para los Kirchner (incluye a De Narváez-Solá y también a Reutemann, Schiaretti y demás). Un triunfo propio kirchnerista en Buenos Aires retrasaría el proceso pos-kirchnerista.

En los hechos, además, se gesta una solución pseudo-parlamentaria para un momento de debilidad del presidencialismo (esto incluye a Cristina pero también a Néstor, depositario aún del poder real). La movida, audaz y provocativa como casi todas las ideas electorales K, manosea a los poderes legislativos al usarlos simplemente como herramienta para forzar la disciplina política y el respaldo popular. La división de poderes, si es que queda algo de ella, cae de rodillas ante la necesidad política. Para peor, se mezcla con el nepotismo, porque muchos intendentes ya piensan poner como cabeza de lista a esposas, hermanos e hijos.

El Ejecutivo busca legitimidad en la legislativa pero, si perdiera, estaría obligado a tener que formar nuevo gobierno, siguiendo la lógica parlamentaria tan usual en las democracias europeas. Esto podría significar desde renuncias a cambios de gabinete y de políticas, si los candidatos ejecutivo-parlamentarios no obtuvieran los resultados esperados. El mismo Julio Cobos ya imagina una alianza parlamentaria para sostenerse (tal como hizo Duhalde en 2002) en caso de crisis de gobernabilidad. ¿Cómo sigue gobernando Scioli la agitada provincia de Buenos Aires si la movida no fuera exitosa? ¿Hay necesidad de poner al sistema en la cornisa para resolver una disputa hacia adentro del peronismo?

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