Paren el tiempo que Macri se quiere bajar

Por: Carlos M. Reymundo Roberts. El norteamericano Terence Kemp McKenna, que era escritor, filósofo, etnobotánico (no sé qué significa), psiconauta (tampoco sé), historiador del arte y ecologista, fue autor de una teoría sobre la aceleración del tiempo. 

"Finalmente -sostenía hacia fines del siglo pasado-, el tiempo irá tan rápido que el resto del futuro, todo el futuro, pasará en unos pocos segundos". Se aceleró sobre todo para él, que murió a los 53 años.

Da la impresión de que a McKenna no lo tomaban muy en serio. Pero la historia lo reivindicó. Esta semana, el tiempo marchó a una velocidad inusitada. Sin meterme en disciplinas estrambóticas de las que no soy experto, en la misma fracción de tiempo pasan hoy muchas más cosas que antes, y más rápido. A las pruebas me remito. En un par de días cayeron detenidos Samid, Assange, Kuczynski (con dos K en su apellido, tenía el destino marcado) y el taxista violento, una redada tan súbita y universal que Florencia Kirchner le está pidiendo a su madre que le consiga más certificados médicos.

El Fondo Monetario Internacional es otro ejemplo. Fíjense todo lo que hizo en cuatro días. El lunes nos mandó 11.000 millones de dólares, pero no sé si hay que ponerse contentos porque es mucha guita o hay que preocuparse porque vamos a tener que devolver, con sangre, sudor e intereses, toda esa guita. Comunicó que la inflación es preocupante, conclusión que podría calificarse de verdadero hallazgo y punto de inflexión: ahora sí nos vamos a poner las pilas para combatirla. Contra lo que sostenía el Gobierno, que esta crisis se originó afuera, el FMI informó que es al revés: la crisis argentina está haciendo caer la economía global; promesa de campaña cumplida: nos integramos al mundo. Anteayer, como para compensar, la Lagarde dijo que nuestra economía está mejor, otro punto de inflexión: toda la oposición está revisando su discurso de campaña. Además, les advirtió a los candidatos presidenciales (también a Macri, supongo) que el programa con el Fondo no debe ser cambiado; obvio: si lo cambian, si no pagamos en tiempo y forma, a ella la mandan de patitas a su casa. Apretando la agenda, se hizo un rato para recibir en Washington, por separado, a Dujovne y a Sandleris. A los dos les hizo preguntas capciosas, tipo: ¿cuánta plata están gastando en operaciones de inteligencia, en la masiva campaña propagandística en los medios y en el sueldo de Durán Barba? A propósito de la campaña en los medios, ayer vi una tanda en TV y no pasaron ningún spot del Gobierno: Mauricio, ajustá las tuercas, no pueden ocurrir esas distracciones.

Otro caso de aceleración del tiempo es lo que pasó con el plan para frenar los precios. Entre el "no vamos a congelar nada" y el "acordamos congelar todo" pasaron 24 horas. ¿Incoherencia, cambio de rumbo? No. La novedad es que a la mesa de decisiones se sumó el radicalismo, y sabemos que la ejecutividad y las destrezas en materia económica son activos históricos de los radicales. Igual, no me termino de creer que las cosas dejarán de subir. A la reunión de la alianza oficialista en la Casa Rosada en la que se llegó al acuerdo para contener la fuga de votos -perdón, para contener los precios- no fueron ni Dujovne ni Sica. Tampoco la producción y el comercio. ¿Con quién pactaron? ¿Será una medida unilateral, un golpe sobre la mesa, un retorno al morenismo? Parece que el Presidente hará los anuncios el miércoles, mediante un discurso. Ya está hecha la columna del próximo sábado.

Todo parece ir excesivamente rápido en la Argentina y en el mundo. Sin movernos de esta semana, por primera vez le sacaron una foto a un agujero negro, que, para sorpresa de muchos, no estaba en el Banco Central. Al borde de otro agujero negro, la línea 60 recortó drásticamente sus recorridos; Mauricio, me vuelvo a dirigir a vos: si lográs terminar con el 60, el más icónico de los colectivos argentinos, el histórico 60, el irrompible 60, animate a más, agrandate, andá por todo. Gallardo, Gallardo el malo, el juez, no el DT de River, le ordenó al gobierno porteño que prohíba el funcionamiento de los deliveries en bicicleta, medida que preocupa a Maduro porque frenará la huida de venezolanos contrarrevolucionarios a la Argentina. El gobernador eterno Gildo Insfrán, caudillo rico de la provincia más pobre, separó la elección en Formosa de la presidencial, dándole así la espalda a Cristina, que lo que esperaba de él era un espaldarazo. Y me estaba olvidando de que perdió el kirchnerismo en Río Negro, como antes había perdido en Neuquén. El olvido quizá se explique porque eso fue el domingo pasado. Hace años.

En medio de este curso vertiginoso de hechos, el martes el Cippec reunió al país en su ya tradicional cena anual, sin dudas la de mayor convocatoria. Macri dio ahí un discurso polémico. A algunos les gustó mucho, y a otros, nada. ¿Qué opino yo? Estoy entre los primeros: en ningún momento me quedé dormido. Macri fue para atrás en la historia (¡otra vez la dinámica del tiempo!) con citas de Perón, Frondizi y Alfonsín. Más que ir al rescate de ellos, los citó para que vengan a rescatarlo a él. El metamensaje fue: hasta estos tres grandes fracasaron en su intento de cambiar el país. ¡Aguante, Presidente, no se baje, no se desanime!

Sí, aguante, que los desanimados somos nosotros.

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