La pareja Kirchner-Scioli, con un efecto electoral todavía moderado

Por: Eduardo van der Kooy

No existe aún constancia de ninguna conmoción política ni tampoco de la inminencia de un posible terremoto electoral. Quizá la clave de este estado de cosas tenga relación con un dato que revela una encuesta de la consultora Analogías realizada en la provincia de Buenos Aires: el 60,6% de los ciudadanos entrevistados se manifestó "desinteresado o muy desinteresado " sobre las elecciones legislativas del 28 de junio. Sólo el 36,2% expresó "interés o mucho interés".

El preámbulo resulta necesario para encuadrar los primeros reacomodamientos detectados después de que se hizo pública la maniobra política de Néstor Kirchner de sumar a Daniel Scioli y a los intendentes para dar la batalla decisiva en la principal geografía electoral de la Argentina. En suma, todas las referencias parecen todavía débiles, primarias. Ni siquiera se ha oficializado para el gran público que el ex presidente y el actual gobernador vayan a compartir, en ese orden, la lista de diputados oficiales.

Los dos relevamientos realizados durante el fin de semana fueron telefónicos. Los especialistas aseguran que esa metodología suele tener un grado de rigor menor al sistema de encuestas domiciliarias. Uno de los trabajos abarcó toda la provincia y el otro quedó circunscripto al Gran Buenos Aires.

Ambos arrojaron un resultado similar: Kirchner- Scioli se impondría en la provincia si las elecciones fueran hoy. El segundo lugar sería para el PJ disidente de Francisco De Narváez- Felipe Solá y el tercero para la Coalición Cívica-UCR que llevará a Margarita Stolbizer y Ricardo Alfonsín. Nada, como tendencia general, que no se conociera hasta ayer, pero con detalles que valdría la pena desmenuzar.

En la compulsa que abarcó toda la Provincia, la dupla oficialista lograría estirar su diferencia a casi cinco puntos. Hasta el presente la mayoría de los sondeos primarios daban a Kirchner-Scioli una ventaja que orillaba casi siempre los 3 y 3,5 puntos. Esa ventaja global tendría vinculación con un mayor crecimiento en el conurbano, en especial en el segundo cordón, donde la fórmula oficial arrancaría 13 puntos de diferencia sobre el PJ disidente.

La otra encuesta telefónica que abarcó sólo el Gran Buenos Aires arrojó estas cifras:Kirchner-Scioli 34,2%; De Narváez-Solá 27.6% y Stolbizer-Alfonsín 13,4%.

La fórmula de la Coalición Cívica-UCR demuestra también un estirón en el cordón bonaerense aunque de menor envergadura del que viene insinuando en el interior de la Provincia, sobre todo, desde el fallecimiento de Raúl Alfonsín. Pese a ese crecimiento la Coalición Civica-UCR, de acuerdo con aquellos dos trabajos, continúa todavía debajo de las ofertas del Gobierno y del PJ disidente.

De todos modos el escenario, a 90 días de la votación, parece ir adquiriendo un perfil más parecido al que siempre se supuso: una posible lucha entre tercios electorales que podría alterarse sólo de dos formas: si el Gobierno no logra conservar el estado de casi meseta electoral en que se encuentra; si esa debacle pudiera ser capitalizada, previsiblemente, por PJ disidente o la Coalición.

La sociedad de De Narváez-Solá, con el apuntalamiento de Mauricio Macri, lucha contra sus propios fantasmas y contra el crecimiento objetivo que muestra la Coalición Cívica-UCR. ¿Cuáles serían aquellos fantasmas?.Las desavenencias inocultables entre el jefe de Gobierno porteño y los candidatos bonaerenses que, por ejemplo, impidieron una fotografía conjunta después de la cumbre que celebraron el lunes para espantar los rumores de una fractura. Ese desacuerdo motivó un diálogo muy áspero entre De Narváez y el jefe de Gabinete de la Ciudad, Horacio Rodríguez Larreta.

Las desavenencias personales tienen además un componente político. No está clara la identidad que pretenden darle a la propuesta electoral sus propios artífices. Está claro que De Narváez y Solá se afincan en el peronismo como un modo de hacerle daño a Kirchner. Pero también, con el riesgo de despreciar votos de sectores independientes. Macri preferiría un diseño más diluido por temor a que esa identidad peronista en Buenos Aires repercuta de manera negativa en Capital y termine afectando a Gabriela Michetti. Macri piensa eso porque también lo piensa, en especial, su vicejefa.

El Gobierno no está para nada eufórico con aquellas primeras mediciones después de haberse instalado extraoficialmente la dupla Kirchner-Scioli. Pero confía en el sistema peronista, en la caja y en la campaña para estirar una diferencia ahora corta.

Scioli viene maquinando esa campaña en la cual, sabe bien, deberá tener un altísimo protagonismo. Aspiraría, sobre todo, a un mensaje conciliador y no confrontativo.

¿Lo habrá escuchado Kirchner? El ex presidente no fue ayer, en un acto en Tres Arroyos, el que acostumbra a ser. Emuló ser, de a ratos, un discípulo de Gandhi.

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