El paraguas

Schiaretti tiene encuestas que señalan un marcado declive de la consideración pública de los Kirchner. Sin embargo, por la debilidad de las finanzas provinciales, no puede cuestionar a los K.
"No me corresponde opinar sobre decisiones que pueda tomar el Poder Ejecutivo Nacional. Sí hago votos para que acierte en la política económica". Medida, diplomática y superficial fue la definición del gobernador Juan Schiaretti sobre la crisis institucional desatada luego de la expulsión por decreto, y luego restitución por parte de la Justicia, del presidente del Banco Central, Martín Redrado.

La declaración del gobernador no tuvo ni una pizca de espontaneidad. Surgió luego de un meduloso análisis con sus asesores y colaboradores más cercanos.

La conclusión del entorno schiarettista fue pragmática: "Para qué nos vamos a pelear con los Kirchner por un tema que no nos compete de manera directa. La prioridad es la gestión y para ello necesitamos los fondos que lleguen de la Nación". Ese fue el consejo-definición que escuchó Schiaretti antes de salir al encuentro con los periodistas, que lo recibieron con la pregunta de rigor sobre el conflicto que sacude los cimientos del poder kirchnerista.

Al gobernador le siguen llegando encuestas que –según comentan en la Casa de las Tejas– marcan un "declive político irreversible" del kirchnerismo. Los sondeos no son sólo locales. Schiaretti tiene como uno de sus principales asesores a Guillermo Seita, un ex funcionario cavallista que dirige la consultora Management & Fit, que también releva el humor social en todo el país. "Estos tipos (por los kirchneristas) no tienen retorno, pero aún tienen poder de daño y manejan todas las herramientas del poder", argumentan, sobre los K, los funcionarios más cercanos al gobernador.

Los schiarettistas todavía tienen fresco el recuerdo de la dura embestida que sufrieron desde la Casa Rosada, cuando Schiaretti decidió recibir al vicepresidente Julio Cobos, como una manera de mostrar su disconformismo con los Kirchner. Fue un desafío que el gobernador parece no está dispuesto a repetir.

La debilidad de las finanzas públicas provinciales es de tal magnitud que no le permite a Schiaretti salir a fustigar a los Kirchner, aun cuando los santacruceños estén en el subsuelo de la consideración pública. Sería el escenario ideal para el lucimiento de un dirigente peronista que, por lo bajo, no disimula sus diferencias con el poder central.

Como todo político, Schiaretti no se resigna a quedarse sin futuro político, por el impedimento constitucional de no poder intentar retener el poder provincial. Hojea encuestas, mantiene contactos subterráneos con dirigentes anti-K y no archiva su anhelo de convertirse en un dirigente importante del PJ disidente.

Schiaretti tiene un acuerdo no escrito y que no admitirá en público con los Kirchner. "‘El Gringo’ logró un paraguas con los K. Por ahora, ellos se conforman con que no los putee desde Córdoba, con el compromiso de enviar fondos de una manera más regular", sentencian en la Casa de las Tejas.

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