La paradoja de Solange

Por: Ricardo Roa

La modelo cordobesa de 38 años que murió por una cirugía estética tenía una belleza envidiable. Solange Magnano había sido Miss Argentina y ahora era top model ¿A quién envidiaba ella, que era a la vez tan envidiada?

Hay una infelicidad en la búsqueda perpetua de la belleza y es la percepción del tiempo que se va. Siempre habrá alguien más joven para envidiar. Con menos arrugas y más años por delante. Pero también habrá otros, con más años y en quienes pueden consolarse quienes se sientan demasiado grandes. La cronología puede favorecernos o no. Depende con quienes nos comparemos.

La actriz Jeanne Moreau decía que la belleza es una cuestión del alma y no de la edad. Pero según los parámetros convencionales es un tesoro efímero. Y las cirugías estéticas son un artificio para que uno se vea y lo vean como era antes y no tal cual es ahora y en realidad. Si aportan así más felicidad a quienes se las hacen, ¿por qué habría que descalificarlas?

Hay cirugías para recuperar el rostro o el cuerpo perdidos. Y otras para ponernos lo que creemos nos falta o sacarnos lo que no nos gusta. En todas, el riesgo es convertirse en alguien irreconocible para uno mismo. Y el límite es el peligro, la ecuación entre esa felicidad por la aparente derrota de los años o verse como siempre se quiso ver y la probabilidad de jugar la vida en eso.

Solange ha muerto mientras trataba de reformular su cuerpo excepcional (ver La familia de Solange Magnano atribuyó su muerte a una fatalidad). Es una pena y una paradoja. Tal vez sucumbió al imperativo social de ser siempre bella. Pero no siempre el paso del tiempo es negativo. Como decía Marguerite Yourcenar, el tiempo es "un gran escultor" y su escultura es, muchísimas veces, más atractiva que la mano falible y a veces mortal de cualquier cirujano.

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