La paradoja del ladrillo y el Gobierno

Por Alfredo Sainz

Después de un 2009 para el olvido, signado por una caída en el número de operaciones de escrituras de compraventa de propiedades superior al que se había registrado en tiempos del corralito y la hiperdevaluación, para este año los operadores inmobiliarios tienen puestas todas las esperanzas en dos aliados que, a priori, parecen tener muy poco en común entre sí.

El primer socio de los empresarios inmobiliarios y los grandes desarrolladores es la soja. Todas las proyecciones, incluyendo las oficiales, indican que esta temporada se batirá el récord de producción de soja, con más de 50 millones de toneladas, lo que implicará un ingreso de divisas por US$ 7000 millones superior al de 2009.

Si bien una porción importante de estos fondos irá a parar a las arcas del Estado, vía retenciones, en el sector también especulan con que otra porción considerable se volcará a la compra de propiedades y no son pocos los que prevén un nuevo boom inmobiliario impulsado por el yuyo presidencial similar al que se registró en 2007.

En este caso, todas las miradas están puestas en Rosario y en algunos barrios de la Capital Federal que tradicionalmente son los más buscados por los chacareros y los empresarios agropecuarios: Recoleta, Barrio Norte o Puerto Madero, aunque también esperan que un efecto derrame se traslade a otras zonas de la ciudad, como de hecho ya pasó en el último tiempo en Colegiales o Villa Urquiza.

Agente de ventas

El segundo mejor aliado del mercado inmobiliario no es otro que el Gobierno. En voz baja, los operadores del sector reconocen que, en forma involuntaria, muchas veces el Poder Ejecutivo termina siendo su mejor agente de ventas porque, ante conflictos como el que hoy vive el Banco Central, los inversores locales tienden a acentuar su proverbial cautela, lo que vuelve más atractivas las opciones de bajo retorno y casi nula volatilidad: los ladrillos.

En este sentido, en el sector destacan que, a pesar de la fuerte caída que se vivió en toda la actividad en 2009, a diferencia de otras capitales del mundo, en Buenos Aires no se multiplicaron los esqueletos de edificios a medio construir, cuyas obras quedaron paralizadas por la crisis internacional.

La lectura que hacen es simple: si logramos atravesar un año muy malo como 2009 sin grandes perjuicios ni caídas generalizadas de precios, para el mercado todo lo que está por venir será mejor y más aún si desde el Poder Ejecutivo se empecinan en generar nuevos focos de conflicto que terminan desalentando al inversor más audaz.

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