Para Zelaya, los gestos de EE.UU. serán cruciales

Pide que suspenda las visas de los golpistas
TEGUCIGALPA (De un enviado especial).- A pesar de la ambigüedad mostrada por la Casa Blanca ante la crisis institucional de Honduras, Manuel Zelaya sigue pensando que Washington es el actor clave para resolver el conflicto. De ahí que el presidente destituido haya solicitado a la administración de Barack Obama que suspendiera los visados a los dirigentes políticos, sociales y militares involucrados en el golpe de Estado del 28 de junio, según confirmó ayer a LA NACION el nuevo embajador de Zelaya en Estados Unidos, Eduardo Reina.

En un diálogo telefónico desde Washington, Reina dijo que las restricciones de visas a los golpistas podrían entrar en vigor en los próximos días dado que no parece factible un acuerdo para la resolución de la crisis tras el fracaso de las negociaciones en San José. "Se trata de imponer sanciones que no asfixien a los hondureños, sino a aquellos que han violado la legalidad", señaló Reina.

En ese sentido, el diplomático hondureño habló varias veces en las últimas horas con el embajador estadounidense en Tegucigalpa, Hugo Llorens, para pedirle que continuara haciendo gestiones con el objetivo de lograr la pronta restitución de Zelaya en su cargo.

"El embajador Llorens está realizando intensos contactos con diferentes sectores sociales y políticos para lograr la restitución del presidente Zelaya", señaló Reina.

Reina, que antes del golpe de Estado tenía el cargo de secretario personal de Zelaya, presentó la semana pasada sus cartas credenciales en Washington, después de que el anterior embajador, Roberto Flores, fuera despedido fulminantemente por apoyar el golpe cívico-militar que derrocó a Zelaya.

Además de las restricciones de visas a los golpistas, el gobierno de Zelaya pedirá a Washington que apruebe sanciones económicas contra el gobierno de facto y aquellos sectores sociales que lo apoyan. Entre esas medidas, Reina destacó "la congelación de las cuentas del Estado hondureño en Estados Unidos".

En los últimos días, Reina ha mantenido entrevistas con varios legisladores estadounidenses del Comité de Relaciones Exteriores del Congreso, así como con el secretario de Estado adjunto para América latina, Thomas Shannon, y con Juan Restrepo, asesor de Obama para la región.

"En todos esos encuentros, mis interlocutores coincidieron en que lo ocurrido en Honduras fue un golpe de Estado y que el presidente Zelaya debe ser restituido. También me trasladaron que el resto de diferencias con el gobierno de facto deben ser discutidas", señaló Reina.

Entre esos contactos diplomáticos, Reina resaltó también la colaboración del embajador argentino en Washington, Héctor Timerman: "Nos está respaldando y transmitiendo la solidaridad y el apoyo firme de la presidenta Cristina Kirchner".

Para Reina, el apoyo de los gobiernos latinoamericanos a Zelaya es fundamental para que los golpistas, que ayer cumplieron 22 días en el poder, se sientan bajo presión.

Pero algunos "apoyos" parecen demasiado efusivos para la debilitada diplomacia zelayista. El convaleciente líder cubano Fidel Castro llamó "golpista" al embajador Llorens en su última reflexión publicada este fin de semana en la prensa cubana.

Según Castro, el golpe de Estado fue pergeñado por Washington: "El golpe fue concebido y organizado por personajes inescrupulosos de la extrema derecha, que eran funcionarios de confianza de George W. Bush y habían sido promovidos por él". Entre esos "personajes", Castro cita a Llorens, de origen cubano, y a los embajadores estadounidenses acreditados en El Salvador, Guatemala y Nicaragua.

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