Para tener buenos resultados, antes hay que sembrarlos

Por Hernán de Goñi

En tiempos de crisis suele crearse la sensación de que todas las noticias tienen doble lectura: una positiva y otra negativa. El Gobierno siente que muchas veces se lo juzga a partir de este último sesgo, y asegura que sus esfuerzos son poco valorados.

Es cierto que el Poder Ejecutivo está volcando una parte importante de la recaudación impositiva en obras y acciones para estimular la economía. También lo es el hecho de que la acumulación de estas acciones en el período preelectoral habilita a los críticos a remarcar que no se trata de algo fortuito, sino fríamente calculado. Por último, no es menos legítimo preocuparse por la brecha –creciente– que se abre entre los recursos fiscales y las obligaciones a atender. El Gobierno nunca aceptó, ni siquiera como hipótesis, que si hubiera ahorrado en tiempos de bonanza en lugar de crecer a máxima velocidad, hoy tendría más combustible para combatir la crisis.

Las buenas noticias le hacen bien a todos, pero no cuando son forzadas. Porque transforman en negativas las expectativas que pretendían insuflar. El Gobierno desearía tener (lo necesita) un nivel de inversión que no se ocupó de incentivar. Destinar hoy fondos para lograrlo es positivo. Haberlo hecho hace tres años hubiera sido mejor.

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