Para resolver la crisis, en el G-20 hay más promesas que realidades

En noviembre del año pasado se realizó en Washington la primera Cumbre del grupo de los 20 países más importantes del mundo, que se propuso resolver la debacle financiera. Esta semana volvieron a reunirse en Pittsburgh, para demostrar que muchas de las reformas que habían lanzado entonces todavía no se implementaron. Los cambios que no llegan.
De Washington a Pittsburgh hay una distancia de 300 kilómetros, poco menos que de Buenos Aires a Mar del Plata. Pero los presidentes del G-20 tardaron diez meses, dos cumbres y una escala en Londres para recorrerlos. En el camino, ambiciosas promesas quedaron inconclusas. Y aunque en Pittsburgh se haya anunciado un nuevo orden económico, sobran dudas sobre el alcance real de la revolución de los emergentes cuando la crisis se supere.

En Washington, pero sobre todo en Londres, se pugnó por refundar las bases del capitalismo "salvaje" por uno sustentable y balanceado. ¿Pero cuán real fue el cambio? "Hubo una cooptación, por parte del viejo orden internacional, de un conjunto de economías semiperiféricas. No hay un nuevo FMI sino una renovación del viejo organismo, como se vio en los últimos créditos a Pakistán y Ucrania, donde las condiciones eran las de siempre. Ni siquiera hay cambios visibles en ninguno de los elementos responsables de esta crisis. En Wall Street se festeja mientras millones están desempleados", reflexionó ante PERFIL Claudio Katz, profesor de la UBA e investigador del Conicet.

Cambios. Londres actuó como plataforma para sentenciar a los paraísos fiscales e incluso la Organización para la Cooperación y el Desarrollo de Europa lanzó su lista con países blancos, grises y negros según su colaboración con los controles internacionales. Uno por uno, los acusados se corrieron a colores más tenues y esta semana Suiza, ícono del secretismo, se desplazó al grupo "blanco" aunque sus autoridades siguen reivindicando el cerrojo bancario.

Otro punto pendiente desde noviembre consistía en cesar el proteccionismo. Ya en Londres, 17 de las economías del G-20 mantenían barreras comerciales y la situación no cambió demasiado en cinco meses al punto que Beijing desembarcó en Pittsburgh reclamando contra los recientes aranceles de la Casa Blanca a los neumáticos chinos. "Alguien dijo alguna vez por qué en lugar del G-20 no hacíamos un G-2 con Estados Unidos y China, total el resto son todos observadores. La historia nos muestra que en las crisis todos hacen promesas pero se olvidan no bien desaparecen los riesgos", fustigó ante PERFIL Juan Carlos de Pablo, profesor del CEMA.

A un año de la debacle financiera que hizo temblar al mundo, se renovaron los votos de cambio entre los veinte que pretenden llevar el siglo XXI hacia la equidad. Resta ver cuán diferente será el rumbo o cuánto cambiarán las cosas para seguir siendo igual.

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