Un día para pensar el voto y analizar la historia política.

Por: Hernán Brienza.

Estos son los únicos días –seis, siete, a lo sumo diez– en que los argentinos volvemos un rato a la política activa.

Imposible abstraerse de este clima eleccionario que nos "embriaga" a todos. Imposible evitar discutir, plantar bandera, mirar de costado al otro, reafirmar nuestra propia identidad ante los demás. Éstos son los únicos días –seis, siete, a lo sumo diez– en que los argentinos volvemos un rato a la política activa. Vivo reflexionando sobre cómo mirar y analizar la política argentina. Y he notado que hay varios niveles de análisis y discursos sobre la realidad nacional. Obviamente, se trata sólo de una propuesta metodológica y no de un método acabado.

Un primer nivel, digamos, es el que analiza las conductas inmediatas y cotidianas de los candidatos y de los gobernantes: los estilos de conducción, las palabras, las frases, la honestidad de un candidato, la simpatía, la soberbia, el autoritarismo, el dialoguismo, si va a "Gran Cuñado", si usa carteras Vuitton, si lo pica una avispa, si entra por un lado y no sabe por dónde salir de un estudio de televisión, si se parece a nosotros, si me necesita a mí, si contrata a Agulla para engañarme desde un spot publicitario, si usa crucifijo, si parece buen tipo.

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