Para Narváez, hoy puede ser un día inolvidable.

Para Narváez, hoy puede ser un día inolvidable.
A los 33 años tendrá hoy Omar Andrés Narváez la oportunidad de escribir una página brillante en la historia del boxeo argentino.
Porque si vence al estadounidense Rayonta Whitfield en el combate que se desarrollará --a partir de la medianoche-- en el Nuevo Palacio Aurinegro de la ciudad de Puerto Madryn, en la provincia de Chubut, quedará como el campeón mundial argentino con mayor número de defensas exitosas (15) de su corona.

Hasta ahora comparte ese privilegio con el inolvidable Carlos Monzón quien se retiró invicto como campeón de los medianos, en 1977, tras derrotar por seguna vez al colombiano Rodrigo Valdez. Y está entusiasmado el chubutense con su posibilidad abierta. Porque más allá de sus lesiones crónicas en la mano izquierda (él es, precisamente, zurdo) que le impiden pegar con contundencia y de las condiciones técnicas de su rival --invicto en 22 peleas y número uno en el escalafón de los moscas de la Organización Mundial de Boxeo (OMB)-- tiene argumentos sobrados para aspirar a la gran consagración.

Se mantiene invicto en 30 peleas, con 28 victorias y dos empates, y realizó la mitad de sus defensas en el exterior. Y dice que la motivación que le provoca el hecho de buscar el récord en su propia provincia es un ingrediente extra. "Le voy a demostrar al retador que estoy mejor preparado que nunca y que no soy ningún viejo que se tiene que retirar. Se va a tener que comer sus palabras".

Fue en contestación a las declaraciones de Whitfield quien apenas llegado a Puerto Madryn dijo que "Narváez es un buen boxeador pero ya está grande. Yo soy de la nueva generación (tiene 27 años) y estoy en peso y muy bien preparado. Vi varios videos del argentino y comprobé que es vistoso pero no puede inquietarme".

Más allá de la rapidez del moreno estadounidense la desventaja que deberá salvar Narváez es la gran diferencia de estatura que lo separa de su adversario. Whitfield mide 1,70 (altura poco frecuente en un peso mosca) y él, 1,60. Por eso su intención será llevar el desarrollo a la media y corta distancia. El chubutense es intuitivo y sabe imponer el tipo de combate que más le conviene.

Ya no tiene la rapidez de 2002 cuando le quitó el título al nicaragüense Rivas, en el Luna Park. Pero sumó experiencia para regular las descargas y aprovechar los momentos oportunos.

Será una aventura difícil la de Narváez. Pero el premio será un lugar privilegiado en la historia del boxeo argentino.

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