"No da para más"

"No da para más"
SAN LORENZO - RIVER: A diez días de afirmar que se quedaba en River, Gorosito tiene ahora decidido irse después del clásico con San Lorenzo. Se lo anunció al grupo en la práctica matutina del Monumental y al dirigente Fito Cuiña. ¿Qué lo hizo cambiar?
"Muchachos, no da para más. No tengo fuerzas".

Néstor Gorosito no dejó margen para que lo hicieran cambiar de opinión. Ni ante los directivos que se acercaron al estadio para escuchar de su boca que se iba tras el partido contra San Lorenzo. Ni en una charla franca con Almeyda y Gallardo, quienes intentaron en vano persuadirlo en nombre del plantel. Ni frente a sus (ex) dirigidos, en ronda, con las tribunas vacías como marco.

Fue un monólogo con un hilo conductor bien marcado. Una enunciación que el entrenador elaboró con su almohada desde la caída en Sarandí, contra Arsenal. En definitiva, una decisión que no tuvo marcha atrás luego de ver cómo Gimnasia remontaba un 0-2 y le empataba el partido en el propio Monumental. No da para más, se sinceró Pipo ante una realidad ingobernable. No da para más, les explicó ayer a los futbolistas. Punto y aparte.

Angustiado por la falta de respuestas de sus jugadores, el entrenador digirió que no podía cambiar la situación y sacar a River de la crisis. Que su mensaje, como había reconocido hace semanas, no tenía ascendencia sobre el plantel. Que se había quedado sin esas pelotas que le sobraban. Por todo esto, Gorosito se aisló durante toda la tarde-noche del viernes y no atendió el llamado alarmado de ningún dirigente. Lo tenía claro. Tanto que no bien salió del vestuario al campo de juego, juntó a todos sus colaboradores y al plantel, miró a los ojos y blanqueó su despedida con un discurso que se extendió durante 16 minutos.

El DT sintió que debía expurgar sus sensaciones, esgrimir su argumento hasta ayer reprimido. Y entretejió un discurso autocrítico. "Nos dijo que no es él quien puede revertir esto", confió un jugador. Luego, con una exposición más breve, también se despidió Gustavo Zapata, el entrenador de la Reserva. En una misma mañana, River se quedó sin plan A y sin plan B. Y una vez más, un plantel cargado de frustraciones cumplió con el repetido ciclo de depredación: también se comió a Pipo.

Cuando finalizó el entrenamiento, la renuncia del entrenador ya era de carácter oficial hasta entre Rodolfo Cuiña y Julio Macchi, los únicos directivos que estuvieron desde temprano en la práctica para evitar lo inevitable. ¿Y Aguilar? Fuera de Buenos Aires, no apareció. Sólo se sumó Mario Israel, quien subió a la concentración minutos antes de una comida masiva: hasta los jugadores que no se concentraron formaron parte de ella. Casi un revival futbolístico de La última cena...

No se proyecta un escenario sencillo. Si bien hay directivos que piensan en Gallardo y Almeyda (está haciendo el curso de DT) como interinos y otros que apuestan a la dupla Borrelli-Kuyumchoglu, ambos en las Inferiores, ayer le ofrecieron el cargo a Héctor Enrique -actual técnico de la Selección Sub 15- y el Negro lo rechazó. Omar Labruna, en cambio, estaría feliz con el desafío y ya les confió a sus íntimos que le entusiasma el plantel. Además, en estas horas podrían comunicarse con Astrada. Hoy, sólo existe el convencimiento de que la renuncia de Gorosito cayó como otra espada de Damocles sobre la dirigencia. Un revés más. Y van...

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