Para los Kirchner, todo huele a derecha

Por Fernando Laborda

Algo grave tiene que estar pasando en el kirchnerismo para que un dirigente peronista que es consciente de que no supera el 20 por ciento de imagen favorable en las encuestas, como Eduardo Duhalde, se anime a lanzar su candidatura presidencial.

Nada de lo que hace o anuncia el Poder Ejecutivo parece caer bien, lo cual es el mejor síntoma del desgaste. De acuerdo con la consultora Datamática (4125 encuestados en todo el país al 30 de noviembre), la política de seguridad es rechazada por el 85% de la ciudadanía; el manejo del Indec, por el 75,2%, y la economía del país, por el 68,4%. Ni la estatización del fútbol logra respaldo: apenas el 25,7% la aprueba.

La imagen positiva de la gestión presidencial se desploma al 17 por ciento.

En los últimos días, los mercados festejaron la decisión oficial de tomar 6500 millones de dólares de las reservas del Banco Central para garantizar el pago de la deuda pública. Pero, al mismo tiempo, se comenzó a temer que los Kirchner terminen usando ese fondo para sostener el descomunal ritmo de incremento del gasto público. Y las expectativas de inflación para el año próximo, de acuerdo con el último trabajo de la Universidad Di Tella, ascienden al 33 por ciento.

La crisis de credibilidad del Gobierno se evidencia ante cualquier anuncio.

El kirchnerismo no encuentra a mano mejor argumento que atribuirles al "ánimo destituyente" y a "la derecha" las razones de sus desgracias. Hasta el embajador argentino en los Estados Unidos asoció al gobierno de Barack Obama con la supuesta derecha argentina (Cobos, Macri, De Narváez) para explicar las referencias a la inseguridad jurídica de Arturo Valenzuela.

Así como para Hugo Chávez cualquier desgracia olía a "azufre", símbolo del demonio estadounidense, para el kirchnerismo todo huele a derecha. Incluso los campamentos piqueteros que crecen en torno de las oficinas gubernamentales para reclamar participación en los planes sociales; las críticas que cada tanto dirigen obispos católicos por la pobreza y el hambre; las denuncias de intervencionismo estatal y de ataques a la propiedad privada que ahora lanza la Unión Industrial Argentina; las quejas del campo; la angustia del conurbano bonaerense por el estado de inseguridad, convertida para voceros del oficialismo en una suerte de sensación propia de gente derechosa; los rezongos de los sectores medios por los aumentos de precios, y hasta las demandas de los gobiernos provinciales frente a sus emergencias fiscales.

Y no podrían quedar fuera de esa consideración las contundentes afirmaciones del presidente de la Corte Suprema de Justicia, Ricardo Lorenzetti, acerca de la falta de reglas estables, o las de la ministra Carmen Argibay alertando sobre la gravedad de que un jefe de Gabinete desoiga una orden judicial.

La culpa siempre la tiene el otro. Y para los Kirchner, la culpa es de ese monstruoso ente imaginario llamado "derecha", que, por esos insondables misterios de la política, hoy representaría a un 70 por ciento de votantes que no optaron por el oficialismo.

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