Para Kirchner no hay reforma electoral que valga

Por Fernando Laborda

Cuando quien gobierna carece de consenso popular, no hay reforma electoral que le venga bien. Cuando una sociedad tiene claro hacia dónde avanzar, los mecanismos electorales suelen ser meramente accesorios.

Durante los últimos años, la estrategia electoral del kirchnerismo para imponerse a las otras fuerzas políticas pasó por alentar la dispersión. "Divide y reinarás" era la frase que traducía mejor la estrategia electoral de los Kirchner.

Hoy, sin embargo, esa estrategia parecería estar cambiando. Concretamente, el proyecto de ley de reforma electoral que el Poder Ejecutivo ha enviado al Congreso propicia un fortalecimiento de los partidos políticos tradicionales, como el PJ y la UCR, y fija límites a las agrupaciones pequeñas para presentar candidatos propios en elecciones nacionales.

¿Cómo se explica, entonces, que si el kirchnerismo siempre apostó a la dispersión de la oposición, ahora fuerce la fusión de los partidos menores con los partidos tradicionales?

¿Es que acaso Néstor Kirchner no advierte que esto podría jugar en su contra con un electorado polarizado?

Tal vez Kirchner lo advierta. Como también quizás sepa que ningún candidato con apenas el 20 por ciento de imagen positiva puede ganar una elección presidencial.

Tal vez la apuesta de Kirchner sea impedirles a sus potenciales rivales dentro del peronismo -Carlos Reutemann, Felipe Solá, Eduardo Duhalde- postularse por fuera de la estructura del PJ y, al mismo tiempo, obligar a dirigentes de centroizquierda de fuerzas menores, como Fernando "Pino" Solanas, a negociar con el kirchnerismo la supervivencia de sus partidos.

Lo que queda claro es que Kirchner mantiene una capacidad de daño mucho más importante que su caudal electoral propio y que, mientras no pueda avanzar hacia su objetivo de máxima, que es volver a la presidencia de la Nación, intentará complicar a sus adversarios y, de ser posible, destruirlos.

Como también queda claro que una reforma electoral nunca suplirá la falta de consenso social.

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