“Para mí fue una decepción el gobierno de Cristina”

Sostiene que dejó pasar la oportunidad de “hacer acuerdos razonables” en cuanto a precios relativos. Sostuvo que la estatización de las AFJP “es un disparate”.
Carlos Solchaga es considerado uno de los “padres” del despegue económico español. Fue una de las piezas clave del Gabinete del Gobierno del socialista Felipe González a lo largo de dos períodos. En el primero, a partir de 1982, fue ministro de Industria y Energía y desde esa cartera fue el autor de la “reconversión” industrial de España. Desde 1985 fue ministro de Economía hasta 1993. Mientras ocupaba ese cargo, en 1991 fue elegido presidente del comité interino del Fondo Monetario Internacional. Invitado en forma conjunta por la Cámara de Comercio Exterior de España y la Facultad de Ciencias Económicas de la UNC, Solchaga disertó el jueves en Córdoba sobre la “Crisis económica internacional”. Antes, mantuvo un diálogo exclusivo con La Voz del Interior .

–La pregunta del millón es ¿cuánto tiempo durará esta crisis y cuán profunda es?

–La verdad es que no sabemos el tamaño de la crisis, en el sentido de que cada poco tiempo nos llevamos la sorpresa de una nueva entidad financiera intervenida, de una nueva inyección de liquidez o de capital para un banco en un país o en otro. Y eso muestra, de manera clara, cuál es la magnitud de aquellos activos de la banca que son malos y están bajo peligro de fallar. Al no saber la magnitud, es también bastante aventurado saber cuánto puede durar. Hoy la mayor parte de los observatorios económicos internacionales se inclinan porque la recesión, que ya se ha iniciado en todos los países avanzados, podría terminarse en algún momento del 2009 o como muy tarde a principios del 2010. Pero no hay datos suficientes cómo para decir cuál es el final de la recesión.

–¿Está de acuerdo con los anuncios de inyección en la Unión Europea de 200 mil millones de euros y de 800 mil millones de dólares en Estados Unidos para morigerar la crisis?

–Sí, ayuda. Uno de los acuerdos de la cumbre de Washington era precisamente que había que reforzar la situación de la economía en los diversos países industrializados mediante una inyección de liquidez.

–Lo traigo a Argentina: la Presidenta anunció una especie de perdón fiscal para quienes hagan repatriación de capitales. ¿Cómo ve esta medida? ¿Puede tener éxito?

–Son medidas discutibles. Para empezar, acaban por tratar mejor a aquel que ha hecho evasión fiscal y cambiaria en algún momento que al ciudadano honrado que ha pagado sus impuestos y ha mantenido su dinero dentro de Argentina. Es normal que en situaciones difíciles se hagan apelaciones de esta naturaleza, pasando por encima de estas consideraciones de justicia que también son pertinentes. ¿Van a tener éxito? No lo sé. Si esto lo hubieran hecho antes de decidir la estatización de las AFJP, creo que hubieran tenido muchas mayores probabilidades de éxito. Uno de los grandes problemas en las crisis es la falta de confianza y cuando la falta de confianza se generaliza es muy difícil que la gente, aunque le estés ofreciendo estímulos fiscales, realice lo que en condiciones normales haría.

–¿Puede prestarse al lavado de dinero?

–Sí. Como todas las cosas, siempre que uno abre las manos y dice ‘no le voy a preguntar a usted por el origen de los fondos con tal que los traiga’... nunca sabes cuál es el origen de los fondos.

–¿Qué opina de la estatización de las AFJP?

–Es la transgresión clara y evidente de la seguridad jurídica. Ahora, si se aprueba por un Parlamento, se puede hacer aun a costa de que el buen nombre de la Nación en materia de seguridad jurídica quede en tela de juicio. Es un error y creo que se deberían haber mantenido los dos sistemas con elección voluntaria y dejar o producir algún tipo de estímulo para que la gente pudiera pasar al sistema público, si ése era el propósito. Pero tomando dinero que no es del Gobierno, sino de quienes lo pusieron en el sistema privado, me parece un disparate.

–¿Qué medidas aconsejaría para morigerar la crisis? Bajar el IVA, eliminar el impuesto al cheque...

–Si yo tuviera que establecer mi lista de prioridades para hacer un impulso fiscal haría un esfuerzo en el gasto público antes que una reducción en los ingresos. Segundo, si hiciera una reducción en los ingresos, reduciría aquellos que son figuras tributarias que distorsionan la actividad económica, como es el impuesto sobre las exportaciones (retenciones) o las transacciones financieras. Sólo después empezaría a hablar sobre el impuesto a las Ganancias y el IVA. Sería mucho mejor reducir esas figuras tributarias.

–¿Cómo impactó la crisis en España?

–España está ya en plena recesión. Está experimentando tasas negativas de crecimiento en la segunda mitad de 2008. El consenso general es que el año que viene el Producto Interno Bruto también va a disminuir. De manera que el impacto de la crisis está siendo importante.

–¿Qué debemos esperar en Argentina?

–Argentina es un país menos abierto que España y por tanto el impacto negativo de la recesión mundial lo va a notar menos. Paradójicamente, su debilidad en este momento es una fortaleza. Lo mismo pasa cuando uno considera la relación de contagio por la vía de relaciones entre bancos. Este es un país que está poco bancarizado. De manera que el impacto de una crisis crediticia como está pasando en España habría de ser mucho menor. Pero es verdad que las bolsas de valores también en la Argentina y otros países emergentes han experimentado una baja verdaderamente notable y eso significa que la posibilidad del contagio financiero por la vía de la desconfianza es muy grande. Ahí está el punto débil de Argentina: aun cuando tenga un nivel de divisas relativamente elevado y un tipo de cambio flexible, a pesar de todo esto, mientras predomine la desconfianza sobre la capacidad del Gobierno de hacer frente a esto, Argentina va tener ese punto débil.

–¿Cómo evalúa la gestión de Cristina de Kirchner?

–No puedo hablar en nombre de todos los españoles y de todas las empresas, pero, para mí, mi opinión personal, fue una decepción. Tenían la oportunidad de haber llegado a acuerdos razonables, que además convenían al propio país que porque pasaban por restaurar el precio real de las cosas de una manera gradual. Y desde luego no quisieron hacerlo; lo que es peor: estuvieron dándole la impresión al gobierno español de que lo estaban haciendo, sin que en realidad hicieran un esfuerzo muy importante.

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