Para cuidar los dólares, sólo se podrá importar lo que autorice el Gobierno

Producción amplió los sectores y productos que deberán pedir permiso de importación que tardan hasta nueve meses en salir. Preocupa el saldo de la balanza comercial
Importar se convirtió en una odisea para los empresarios. Cada vez más productos entran en la lista negra y el Gobierno hace lo imposible para dilatar su ingreso al país. No sólo es para proteger a la industria local sino que, más importante, se cuida el superávit comercial y los dólares que aporta.

A la lista de casi 200 bienes que requieren de licencias no automáticas para atravesar la Aduana, se sumaron ayer más géneros textiles, muebles de madera, tornillos, cosechadoras y tractores, cuchillos y aires acondicionado. A partir de la resolución 61 publicada ayer en el Boletín Oficial, los importadores de estos bienes deberán solicitar un permiso oficial que, en algunos casos, está demorando hasta 9 meses.

Pese al rechazo de Brasil a este tipo de instrumentos –que ellos mismos aplican– y a la tensión bilateral generada a partir de varios cruces verbales entre funcionarios y empresarios de ambos países, la administración de Cristina Fernández no dudó en resaltar y endurecer la estrategia iniciada meses atrás de proteger la industria nacional, en un escenario de sobreoferta de productos a nivel mundial por la crisis. Pero con este freno a la importación, el Gobierno también busca cuidar el superávit comercial, que se ha ido debilitando en los últimos meses debido al brusco derrumbe de las exportaciones, tanto en precio como en cantidad.

En este contexto, de gran escasez de crédito, el Banco Central aprobó ayer una nueva operatoria destinada a favorecer la financiación de exportaciones (ver F&M).

La balanza comercial de enero mostró una caída de las ventas al exterior del 36%, frente a una merma de las importaciones del 38%, pero en diciembre las exportaciones habían mostrado una baja del 24%, mientras que los bienes ingresados al país, de 11%. Más allá de los efectos estacionales, los números de enero marcaron un endurecimiento de los controles a la importación, no sólo para evitar una sustitución productiva, sino también para cuidar los dólares. Muchos sectores industriales hicieron llegar sus pedidos de protección al Ministerio de Producción, pero los reclamos se intensificaron en los últimos meses, cuando se agravó la crisis externa. La principal preocupación de los fabricantes argentinos es China, pero también Brasil, que “aplica licencias no automáticas a unos 4.500 productos”, según un comunicado de la cartera que dirige Débora Giorgi.

“Brasil tiene una posición razonable desde el punto de vista brasileño y es muy valiosa la posición de últimos días de que la solución debe ser encontrada negociando un acuerdo razonable dentro del Mercosur. Es un avance la propuesta de fijar cupos de exportación, ya que hay un consenso de que hay que administrar el comercio de alguna manera”, enfatizó el secretario de la Federación de Industriales Textiles (FITA) –que nuclea a firmas locales como brasileñas–, Alejandro Sampayo.

Entre los productos textiles incluidos en la categoría de los que deben tramitar un certificado de importación, figuran los géneros utilizados en la cocina y el dormitorio, como sábanas, manteles, toallas, servilletas y repasadores. Fuentes de la industria textil nacional aseguraron que esperan que este mes salgan más licencias de otros tipos de telas que todavía no tienen cobertura. Según Sampayo, “más del 70% de la demanda textil está cubierta por importaciones” y “cerca del 60% del volumen de la mercadería que ingresa del exterior está protegida con licencias”.

Actualmente, están preservados con este instrumento los sectores productores de juguetes, pelotas, calzado, partes de calzado, papel, bicicletas, artículos para el hogar, neumáticos para bicicletas, motocicletas, manufacturas diversas y productos textiles. Pero el objetivo del Gobierno es incrementar cada vez más esta lista para proteger la actividad y el empleo y, a su vez, limitar al máximo la salida de dólares al exterior. Sólo podrán importar en tiempo y forma aquellas empresas que tengan la suficiente capacidad de lobby como para influir en la voluntad oficial, como las grandes compañías. Hoy ni siquiera las firmas con producción complementaria logran destrabar esos permisos.

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