¿Y para cuándo las ideas?

Por: Osvaldo Pepe

Para la dirigencia política la primera parte de la elección del 28 de junio concluyó con el cierre de listas, un festival del rosqueo, la disputa comiteril y el antojo arbitrario de los grandes electores, que con su dedo mágico -o en el mejor de los casos con el oráculo de las encuestas- le dieron forma final a la danza de nombres

Lo que vimos hasta ahora fue eso: la pelea por "no quedar afuera" del reparto de la oferta que llega una vez más a la ciudadanía en las siempre denostadas listas sábana. Ninguno de los tantos ensayos de reforma política, ni los procesos de transparencia tan declamados, ni voto electrónico, ni las internas partidarias: con las urnas a la vista nada de eso fue verdad, una vez más.

En cambio, aparecieron las propuestas virtuales bajo la pátina de candidatos testimoniales. Y la tan denostada "portación de apellido" resucitó a través de esposa/os, hermana/os y demás lazos sentimentales, públicos o furtivos. También volvieron algunos anzuelos de farándula y famosos.

Rosca y más rosca. La política argentina vive siempre en campaña. Por eso no construye. O construye a medias, hasta que los elencos surgidos del recambio electoral empiecen todo desde cero, bajo la lógica de la aspiración fundacional.

En "El nuevo príncipe", el libro de Dick Morris, asesor estrella de los años dorados de Bill Clinton, se dice que "los candidatos consideran el día de las elecciones como el fin del proceso. Los verdaderos profesionales se dan cuenta de que sólo es una estación. Después del día de los comicios, las verdaderas cuestiones siguen exactamente como estaban antes".

Es de esperar que, con listas ya cerradas, empiece ahora la única competencia que el ciudadano común necesita. La de las ideas. Ojalá que éstas no sean sólo "testimoniales", de esas que proponen una cosa para hacer después otra.

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