Un paquete a la medida de Olivos

La caja del poder y el manejo discrecional de los fondos públicos están presentes, por donde se mire, en el paquetazo fiscal que acaba de ser aprobado en Diputados. Nada nuevo, sólo que esta vez todo fue atado para facilitarle a la Presidenta los dos años de mandato que le quedan. Y si fuera posible, fogonear las aspiraciones ulteriores de Néstor Kirchner.
En eso consiste la prórroga de seis impuestos, la mayoría por diez años. Un Presupuesto Nacional para 2010 con dibujos a lo Guillermo Moreno. Y, añadidos, los superpoderes sin limitaciones, porque el Gobierno mandó al freezer los cambios que él mismo había anunciado.

Para empezar, la caja. No estaba en discusión la prórroga de los gravámenes. El punto es que se prolonga el actual, muy desequilibrado reparto de la recaudación: desde luego, desbalanceado a favor del gobierno central.

Basta con ver lo que pasa con el Impuesto al Cheque y Ganancias, de lejos los más fuertes del paquete. En el primero, la Nación seguirá reteniendo el 85 %. En Ganancias, un 3 % que, en vez de girarlo a las provincias, emplea en financiar necesidades de la Tesorería; más 30 % limpio para la ANSeS y la coparticipación que le toca. Puesto en números del Presupuesto, se quedará con unos 52.000 millones, contra 27.000 millones de las provincias.

Desde hace un tiempo, los seis impuestos eran renovados por un año. Ahora, el Cheque regiría hasta fines del 2011 y el resto hasta 2019. Así, el kirchnerismo se evita el riesgo de volver a discutir todo el año que viene, cuando ya no tendrá las mayorías parlamentarias.

El oficialismo alega que la prolongación de las leyes garantiza estabilidad fiscal. Es una mirada. Otra, que busca asegurarse los beneficios del desigual reparto de la recaudación: la caja, redondamente.

Así no sea nueva, la consigna de aprobar todo a libro cerrado esta vez tenía el sello del el poder del dinero. Y barrió con cualquier atisbo de negociación: "No hay margen para tocar nada", dijo un diputado K cuando otro, de la oposición, le propuso reconsiderar parte de lo que perdían las provincias.

Lo mismo pasó con un Presupuesto para 2010 lleno de truculencias contables y algunas inconsistencias legales. Como la inusual técnica de disponer gastos que se afrontarán con recursos de 2011. No computar como gasto inversiones del Ministerio de Planificación por más de $ 9.000 millones. O mantener financiamientos del Banco Central y del Nación sólo autorizados para este año.

La táctica del Gobierno, también esta vez, consiste en subestimar recursos o esconder recaudación para usar el excedente a su arbitrio. Le añadió el ocultamiento de gastos. O sea, el combo de siempre: plata y discrecionalidad.

Y por si no queda claro, los superpoderes. El Gobierno anunció que los limitaría al 5 % del gasto total y luego mandó al Congreso un proyecto que en realidad elevaba el tope al 12 %. Fue aprobado por el Senado, pero quedó clavado en Diputados. Conclusión: el Jefe de Gabinete podrá seguir moviendo partidas por fuera de la ley que apruebe el Parlamento.

Urgidos por sus necesidades financieras, varios gobernadores se han entusiasmado con dos puntos del Presupuesto. Uno, promete refinanciar a las provincias la monumental deuda que tienen con la Nación, con quitas y plazos de gracia. El otro, asistencia para cubrir sueldos y obras esenciales.

Algunos mandatarios piensan en una reprogramación de las obligaciones a 20 años, con tasas bajas y fijas. Un desahogo para todos, según una propuesta que han comenzado a tantear con el Gobierno.

Todavía no hubo respuesta, sí pagos por adelantado en base a la promesa: votos a la ley de medios K y al paquete fiscal.

Sin embargo, esos mismos puntos del Presupuesto mantienen dos ases en la manga de Olivos. Primero, que los auxilios no serán generalizados sino caso por caso. Luego, que dependerán de la situación financiera del Estado nacional. A un lado y al otro, subordinación a la caja o alineamiento con el poder.

También son obra de la necesidad las reformas a la Ley de Responsabilidad Fiscal. Eliminan por dos años los topes al gasto público y al endeudamiento provinciales, les permiten usar en salarios partidas asignadas a inversión y caer en déficit financiero. Liberan a los funcionarios de juicios por incumplir la ley, pero nada mejora los ingresos propios.

El resumen remacha un cuadro conocido. Las facultades delegadas en el gobierno central y los superpoderes licuan el papel del Congreso. El desigual reparto de los ingresos equivale a desfinanciamiento provincial y subordinación de los gobernadores. El poder se concentra en Olivos y la central de decisiones, también. Es algo que Néstor Kirchner conoce hace mucho y ejecuta a fondo.

52.000

Son los millones de pesos que el Impuesto al Cheque y Ganancias le dejan al Gobierno. Y apenas 27.000 millones a las provincias.

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