Papelón

El alemán Lothar Matthäus se bajó y dejó plantados a los dirigentes que salieron a buscar a Sergio Markarian y dejaron casi lista su incorporación como entrenador.
Lo único que no entra en discusión en esta historia es que el teléfono celular de Lothar Matthäus no necesita de una recarga virtual. Al menos, tiene crédito para enviar un sms con la frase "Will und" -no voy- y romper un noviazgo a distancia basado en un par de mails y una video conferencia. Ese fue, en definitiva, el argumento más sólido para que los dirigentes de Racing pensaran en ese contrato hasta junio de 2011, en los cuatro refuerzos de elite, en el hotel cinco estrellas, en el trabajo para la modelo ucraniana, en una presentación festiva... "Es poco serio, es poco profesional", dice Rodolfo Molina, el presidente. "Nos planteó otro tipo de cuestiones que no estaban habladas en el contrato, pero a nosotros nadie nos va a presionar", avisa Pablo Podestá, el vicepresidente. El final del cuento alemán pone en ridículo a los directivos, que ahora intentan reflotar viejas negociaciones con Sergio Markarian -de hecho, anoche viajaron a Montevideo- para que finalmente el uruguayo se haga cargo del plantel, mientras dirige Juan Barbas y Ricardo Caruso Lombardi avisa que si lo llaman está dispuesto a revisar aquella renuncia. Un papelón.

Con los pasajes emitidos -algo así como 130.000 pesos que gastó la institución para la comitiva integrada por el entrenador, su mujer, el representante, el traductor y un colaborador- en Racing armaban la logística de Ezeiza al hotel. Si sacarlo por pista, si presentarlo esta tarde a las 19 para que saliera en vivo en algún programa de televisión para una cadena internacional... toda una corteza de cotillón mientras, en teoría, Matthäus era el hombre elegido para un proyecto serio que con su negativa se derrumba. Nunca hubo nada de eso, entonces. Porque cuando sonó el ringtone de Sascha Empacher -su representante- tres horas antes del vuelo se desató el escándalo. Mensaje enviado. Y, en otros destinatarios, apareció el celular de Juan Cobián, un empresario que había sido la conexión en Buenos Aires con Molina y con Podestá. A las 7, el desplante tocó la puerta. El campeón del mundo con Alemania en Italia 90 dice que el club no le dio garantías de pago tal como había pedido en ese contrato...

Así, con los ojos lagañosos y casi en pantuflas, los directivos y algunos asesores que trabajan en los medios de comunicación optaron por una reunión de emergencia para frenar lo que a esa altura era inevitable. Una vez que se definió la estrategia del maquillaje, se tomó impulso para salir al aire en radio y televisión y acusar a Matthäus -sí, al elegido, al mismo que había tenido este tipo de actitudes en varios de los lugares donde trabajó y que ellos no advirtieron- y aclarar que de los mencionados antes de esta loca aventura saldrá el entrenador. Mientras tanto, en Avellaneda se escribían los portones con leyendas tales como "Molina y Podestá, parecen De la Rúa, viven otra realidad y nos mandan a la B" y Barbas, que para los dirigentes pasó a ser el hombre del fútbol, ni siquiera estaba avisado de semejante escenario. Algo así como cuando tampoco lo consultaron por esos refuerzos que trajeron de la mano de Caruso Lombardi y que ahora, en buena parte, tienen destino fuera de Racing.

Sin una conferencia de prensa ni presencia en el entrenamiento para informarle al plantel que el ex jugador alemán no iba a dirigir el sábado ante Atlético Tucumán, los dirigentes se ocultaron para -según deslizaron- apuntarle a otro entrenador. En este caso, a Markarian, quien desde Uruguay dio su mirada sobre el asunto: "Me interesa la posibilidad de dirigir en Argentina, en su momento cuanto tuvimos una charla me gustó la idea". La cuestión, más que nunca, pasa por ser concretos y veloces. Es decir, anunciar la contratación de un técnico en estas horas para amainar un clima picado -y también de política oportunista dentro de una institución en renacimiento- el sábado en el Cilindro. Eso así, la intención fue cruzar el charco para saber con quién se hablaba -no hizo falta que le pidieran los documentos-. Sí, esta vez frente a frente con quien había causado buena impresión, pero que quedó a un lado cuando algún acalorado pensó en que esto de Lothar pudo ser real. Según cuentan allegados a la negociación, todo quedó cerrado con quien apodan El Mago y restan detalles para salir a decir lo que ahora sí es tangible. No interesa demasiado lo del hotel cinco estrellas, ni el traductor, ni la modelo, ni el canapé. En tierra otra vez, porque, claro está, el cuento del mail sólo pasa una vez. Queda una pregunta: ¿Y si no era el correo electrónico de Matthäus?

Comentá la nota