Papel Prensa III

Por Jorge Fontevecchia

La empresa familiar más antigua del mundo es la fábrica de campanas Marinelli, de la ciudad de Angone, en Italia (algunos de los principales edificios del mundo tienen sus campanas), y el Vaticano la nombró Fundición Pontificia.

La empresa familiar más antigua del mundo es la fábrica de campanas Marinelli, de la ciudad de Angone, en Italia (algunos de los principales edificios del mundo tienen sus campanas), y el Vaticano la nombró Fundición Pontificia. Creada hace más de mil años, su conducción se sigue transmitiendo entre los miembros de la misma familia. De alguna manera, Papel Prensa también funcionó como una empresa familiar y privada, alternando en su directorio a los principales dueños de los diarios Clarín y La Nación durante las últimas tres décadas. Pero el Gobierno intenta que en esta generación se interrumpa esa tradición.

Para comprender mejor el daño que sobre esos dos diarios podría producir la escalada sobre Papel Prensa, que instrumenta Moreno y que esta semana tuvo denuncias ante el Congreso y la Comisión Nacional de Valores, es necesario comprender el contexto del mercado mundial del papel y la ventaja que produciría a un medio fabricar su propio papel.

El gerente general de Clarín, Héctor Aranda, explicó en PERFIL hace un mes que su diario compró una partida de papel importado a 450 dólares la tonelada mientras paga a 555 dólares la tonelada de Papel Prensa, por lo que no existiría una ventaja por ser dueño de la papelera. Entonces, ¿por qué tanta presión del Gobierno?

Tigre de papel. El precio del papel para diarios actualmente cayó a 450 dólares por dos motivos amarrados a la crisis norteamericana: los diarios de ese país –que representan alrededor de un tercio del consumo de papel mundial– disminuyeron páginas y cantidad de ejemplares, llevando la demanda al piso histórico. Simultáneamente, para evitar el colapso de las papeleras (y con algunas excusas ecológicas), el gobierno de Obama concedió un subsidio de 200 dólares por tonelada de black liquor, un componente esencial para la transformación de la pasta de celulosa en papel.

Sólo el subsidio del black liquor genera una reducción del precio del papel para diarios del 10% (en los papeles brillantes su incidencia es aún mayor), pero esta ayuda de los Estados Unidos vence el 31 de diciembre de este año y ya se anunció que este subsidio no será renovado. A partir de enero de 2010, las papeleras tendrán que ir aumentando el precio para, por lo menos, encontrar su punto de equilibrio, que se estima en 610 dólares como mínimo (el costo de la principal materia prima, la celulosa, es de 600 dólares la tonelada).

Los expertos en mercado papelero vaticinan que, en cualquier caso, en el próximo año el papel de diario va a aumentar por lo menos el 11% en Estados Unidos arrastrando en su aumento al papel que se fabrica en todo el mundo.

Otra señal en ese sentido es que, por primera vez, en septiembre pasado la baja de consumo de papel mundial se detuvo, haciendo presumir que ya se alcanzó el piso y comenzará a recuperarse progresivamente parte de lo perdido.

Esa caída del consumo generó que las fábricas de papel para diarios pasaran a producir a sólo el 89% de su capacidad (ver gráfico arriba; SC y LWC es papel brillante) cuando el punto mínimo para que no pierdan dinero es 92%. La mayor fábrica de papel de Canadá, Abitibi, la misma a la que Clarín le compró las mencionadas 15 mil toneladas a 450 dólares cada una, presentó los balances del último trimestre con pérdidas de 1.000 millones de dólares.

En el hemisferio norte, entre 2008 y 2009 cerraron varias fábricas de papel, pero la menor producción de éstas no alcanzó a compensar la caída de la demanda, que en Estados Unidos acumuló un descenso del 30% y en Europa del 10%.

La recuperación de la economía mundial promete aumentar el consumo y, con él, el precio. Pero los expertos papeleros sostienen que aun sin esa recuperación, los precios tenderían a subir porque seguirían cerrando tantas fábricas hasta que la reducción de fabricación hiciera que el precio subiese hasta alcanzar el equilibrio con los costos: la infografía que acompaña esta contratapa muestra que, mientras en el año 2000 el retorno sobre el capital invertido era entre 15 y 20 por ciento, el año pasado bajó a 3 y 4 por ciento.

Estos problemas no los tiene Papel Prensa, que siempre produce al máximo de su capacidad porque tiene asegurado –vale reconocer, gracias a Clarín y La Nación– vender todo lo que elabora. Pero Clarín difícilmente podrá volver a comprar papel importado más barato que el que fabrica su empresa en Argentina.

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