El Papa visitó una mezquita y propuso una alianza con el Islam

Lo hizo durante su viaje a Jordania, escala de la gira que lo llevará mañana a Israel. Los miembros de la Casa Real de ese país musulmán le recordaron la crisis por su mención crítica del profeta Mahoma en Ratisbona, Alemania, hace tres años.
Volvió a presentarse ayer el fantasma de las heridas que causaron graves ofensas a los musulmanes por unas citas medievales del Papa en Ratisbona en 2006, contra el profeta Mahoma como sinónimo de violencia sangrienta en contraste con el cristianismo, que une la fe con la razón.

Pero las heridas no del todo cicatrizadas reaparecieron en el marco de un intenso diálogo superador de aquel conflicto, en el que Benedicto XVI ha propuesto una alianza con el Islam y una participación protagónica de la Iglesia Católica para reanimar el agonizante proceso de paz entre israelíes y palestinos.

La segunda jornada del pontífice en Jordania comenzó para Joseph Ratzinger en la fascinante explanada natural del monte Nebio, a 840 metros de altura, a una hora de Amán. Desde allí Benedicto XVI contempló como hizo Moisés la Tierra Prometida y Jerusalén. Moisés tenía ya 120 años y según la Biblia murió poco después, sin poder pisar la tierra que hasta hoy siente el "peso de Dios" más que en ningún otra parte del planeta.

Benedicto XVI mencionó además la "unión inseparable" entre la Iglesia y el mundo judío. "Que nuestro encuentro de hoy nos inspire un renovado amor y un deseo para superar todos los obstáculos para la reconciliación entre cristianos y judíos en el respeto mutuo y la cooperación al servicio de la paz".

Estas palabras destacaron el esfuerzo del Papa por dar nuevas bases a la relación con judíos y musulmanes en un paso estratégico que apunta también a defender las cada vez más debilitadas y reducidas comunidades cristianas en el Medio Oriente.

La jornada de ayer fue reservada sobre todo al acercamiento con el mundo musulmán. El momento culminante del diálogo con los islámicos fue la visita del pontífice a la mezquita de Al Hussein ben Talal, la más grande de Jordania, construida hace poco, y titulada al recuerdo del gran rey Hussein, padre del actual monarca hachemita, cuya fotografía se ve por todos lados junto a su hijo en una Amán donde están ausentes las imágenes callejeras del pontífice y predomina una fuerte indiferencia popular.

En la mezquita, el Papa criticó a los que "sostienen que la religión es inevitablemente una causa de división entre los miembros de las distintas tradiciones religiosas". El jefe de la Iglesia católica subrayó que "el verdadero catalizador de tensiones y divisiones, incluso de violencia en la sociedad es muchas veces la manipulación ideológica de la religión".

Benedicto XVI habló en el salón contiguo al área religiosa de la gran mezquita, donde fuimos reunidos los periodistas junto con altas autoridades religiosas y gubernamentales jordanas.

El Papa recorrió el área religiosa sin sacarse los zapatos gracias a unas esteras especiales extendidas sobre el pavimento y se detuvo en un momento de reflexión, pero sin rezar, ante el Mirhab, donde los fieles rezan orientados hacia la Meca.

Antes de su discurso, Benedicto escuchó el saludo pleno de contenidos del máximo asesor del rey Abdalá II, el príncipe Ghazni bin Mohammed, primo del monarca.

Vestido a la árabe, barbudo y delgado, muy elegante y joven, con gran pinta de galán cinematográfico, el príncipe le dio unos amables coscorrones al pontífice en su discurso.

Fueron reproches recubiertos de buenas maneras hacia el pontífice. Hablando en un fluído inglés, mejor que el de fuertes inflexiones teutónicas de Benedicto XVI, el príncipe hachemita le agradeció al Papa que hubiera "expresado su pesar después su lectura del 13 de setiembre de 2006 en Ratisbona, por la herida causada por esas lecturas entre los musulmanes".

El pontífice, que ya conocía el texto, no se inmutó. Tampoco cuando el miembro de la familia real hachemita le dijo que "nadie puede decir o hacer algo que afecte al Profeta", quién esta en el Paraíso a la derecha de Dios.

El príncipe alivió la tensión que vivían los presentes agregando que los musulmanes "aprecian la clarificación del Vaticano de que la lectura de Ratisbona no reflejaba la opinión del pontífice sino que era una simple citación en una lectura académica".

Después de aquel fatal 13 de setiembre de 2006 en el que el Papa dió la lección magistral en la Universidad de Ratisbona, durante una visita a su Bavaria alemana natal, se desató una dura y hasta violenta reacción en los países musulmanes.

Hasta hubo disturbios y una monja italiana fue asesinada en Somalía. El Papa manifestó su "pesar" por las reacciones provocadas por su cita malhadada, pero nunca pidió disculpas.

Lo que dijo ayer contra la religión desfigurada y de cómo ello sirve a la violencia, que era una acusación dirigida al Islam en aquella lección magistral en la Universidad de Ratisbona, deja aún una zona de sombra, pero es evidente que el diálogo para reconstruir una relación más estrecha con el Islam está bien orientada.

No todos están de acuerdo. El jeque Hamza Mansur, líder del Frente de Acción islámica, el brazo político de la poderosa asociación integrista de los Hermanos Musulmanes (nacida en Egipto en los años veinte y desde hace dos décadas representados en el Parlamento de Jordania y con influencia sobre la organización y partido político palestino Hamas) le bajó el pulgar a la visita del Papa.

"El pontífice no es bienvenido y no iremos a verlo". "Nosotros respetamos la religión de Cristo y su jefe que es nuestro huésped, pero el Papa en Alemania, en 2006, dijo cosas muy malas contra el profeta Mahoma y esto ha sido terrible para los musulmanes", dijo el jeque Manzur.

Los integristas Hermanos Musulmanes exigen al Papa que pida perdón pero "esto no basta". Al menos "que pida a Israel que ponga fin a las agresiones contra los palestinos, especialmente en Gaza, sean musulmanes o cristianos", amplió.

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