El Papa pide una "autoridad mundial" para controlar la crisis económica

Lo reclamó en una nueva encíclica, en la que exige un orden financiero más ético.
Pocas horas antes del comienzo en la ciudad de L'Aquila, a unos cien kilómetros de aquí, de la reunión cumbre de las grandes potencias industriales en el G8 y las que están emergiendo como China, la India y Brasil, el Papa lanzó su esperada encíclica social. En ella, Benedicto XVI propone gobernar la crisis social devastadora que vive el planeta globalizado con un postcapitalismo que permita superar a una mundo financiero "sin Dios" y "sin ética" que ha hecho descarrilar a la economía mundial.

La encíclica fue presentada a los periodistas "vaticanistas" ayer en una conferencia de prensa en el Vaticano. El cardenal Renato Martino, presidente del Consejo Pontificio Justicia y Paz, afirmó que Caritas in veritate "anima a la sociedad a superar la crisis".

Benedicto XVI, un tradicionalista que ha sido emotivamente afectado por la vastedad de la crisis global y el empeoramiento de las condiciones de vida de los trabajadores y los países pobres, propone una utopía concreta que auspicia "una reforma urgente de la ONU" y "una autoridad política mundial" para gobernar el sistema financiero mundial que "goce de una verdadero poder efectivo para garantizar el desarrollo de la justicia y los derechos humanos".

En un documento de 136 páginas dividido en seis capítulos, que respiran la atmósfera de las grandes encíclicas sociales de sus predecesores, como la Populorum Progressio de Pablo VI, en 1967, y la Sollicitudo rei socialis de Juan Pablo II, de 1988, Benedicto XVI ataca duramente los excesos del sistema capitalista y reclama una globalización del rostro humano, que ponga a las personas y a los valores éticos en el centro de un mercado regulado y protegido de los abusos, que han caracterizado la codicia de la "desregulación" del capitalismo financiero.

La encíclica fue elaborada desde hace al menos dos años, pero el estallido de la crisis en setiembre 2008 y el viaje de Benedicto XVI a la realidad dramática de Africa lo convencieron de que era necesaria una encíclica del más alto nivel ante las dimensiones de la crisis de un mundo capitalista que debía ser superado con nuevas ideas y propuestas de fondo.

Caris in Veritate (Caridad en la verdad), que es la tercera encíclica del Papa en sus cuatro años de reinado, está dirigida a los 5000 obispos de la Iglesia y a los 1130 millones de fieles católicos bautizados de todo el mundo. El Papa, que también hace referencias religiosas a la ética basada en la ley de Dios y los principios cristanos, y que repudia nuevamente el aborto, las manipulaciones genéticas, el ateísmo y el control de los nacimientos, afirma que la sociedad debe "defender los derechos inalienables de los trabajadores", critica la precariedad laboral y pide "acogida y respeto para los inmigrantes", que "no son una mercancía sino seres humanos".

El desarrollo, afirma el Pontífice, "es un factor positivo que ha sacado de la miseria a millones de personas". Pero "está aquejado por desviaciones y problemas dramáticos que la actual crisis ha puesto más de manifiesto". Asimismo, considera que una actividad financiera "mal utilizada y en buena parte especulativa" ha causado "efectos perniciosos sobre la economía real" y los flujos migratorios han sido con frecuencia "provocados y no gestionados adecuadamente".

"Es necesario -sostiene- que madure una conciencia solidaria que considere la alimentación y el acceso al agua como derechos universales de todos los seres humanos, sin distinciones ni discriminaciones". Y agrega que "la globalizacion no es buena ni mala. Será lo que la gente haga de ella".

Benedicto XVI considera que "responder a las exigencias morales más profundas de la persona tiene también importantes efectos beneficiosos en el plano económico. En efecto, la economía tiene necesidad de la ética para su correcto funcionamiento; no de una ética cualquiera sino de un ética amiga de la persona".

En otro tramo de la encíclica, el Papa señala: "Para gobernar la economía mundial, para sanear las economías afectadas por la crisis, para prevenir su empeoramiento y mayores desequilibrios consiguientes, para garantizar la salvaguardia del ambiente y regular los flujos migratorios, urge la presencia de una verdadera autoridad política mundial, que debe atenerse a los principios de subsidiariedad y solidaridad".

El Papa también demuestra su gran preocupación por los problemas del medio ambiente, sin duda de cara a la asamblea mundial sobre el clima que tendrá lugar a fin de año en Copenhague, la capital de Dinamarca. Benedicto XVI considera que "un grave impedimento para el desarrollo de los países pobres" es el acaparamiento, que denuncia, de los recursos por parte del Estado y de grupos de poder.

"Las sociedades tecnológicamente avanzadas pueden y deben disminuir la propia necesidad energética, mientras debe avanzar la investigación sobre las enegías alternativas". Pero las causas del subdesarrollo no son solo materiales. El progreso humano "viene negado y deshumanizado" si no hay una perspectiva de vida eterna.

"La sociedad cada vez más globalizada nos acerca pero no nos hermana y hay que movilizarse para que la economía evolucione hacia salidas plenamente humanas", señala la Caritas in veritate.

El exclusivo objetivo de ganar, de tener más sin el bien común como último fin, "amenaza con destruir la riqueza y crear pobreza".

El documento del Papa también ataca el proceso de deslocación de las producciones de los países más avanzados y con un costo del trabajo más alto hacia las naciones pobres. También condena los recortes en el gasto social que se registraron en los últimos años y que han aumentado a partir de la actual crisis social.

"Los operadores financieros deben redescubrir el fundamento propiamente ético de su actividad. Hay que reglamentar el sector para dar garantías a los sujetos más débiles", afirma Benedicto XVI. El Papa apoya las medidas de regulación que se apresta a adoptar el G20 (grupo de los 20 países más industriales y de desarrollo intermedio, entre ellos la Argentina), en la reunión que se hará en EE. UU., en setiembre próximo.

"La lógica mercantilista debe conducir a la consecución del bien común". "El mercado no es negativo por naturaleza", afirma el pontífice. "La actual crisis muestra que los tradicionales principios de la ética social, transparencia, honestidad y responsabilidad, no pueden ser descuidados".

El Papa critica por ser "con frecuencia muy costosos" los aparatos burocráticos de los organismos internacionales y les pide que se interroguen sobre la necesidad de una reforma. "A veces los pobres sirven para mantener con vida dispendiosas organizaciones burocráticas. Es necesario transparencia", reflexiona Benedicto XVI.

Comentá la nota