El Papa llamó a terminar con el odio entre israelíes y palestinos

Fue durante un discurso en Nazareth, la ciudad donde creció Jesús y que hoy tiene un 30% de árabes cristianos. Pidió hallar modos de "coexistencia pacífica". Y pidió a líderes de todas las religiones que protejan a los niños de la violencia.
Con la presencia de 40 mil feligreses, en la más multitudinaria misa de su peregrinación por Tierra Santa, el Papa instó a cristianos y musulmanes en Nazareth a que superen sus enfrentamientos y "rechacen el poder destructivo el odio y del prejuicio". Benedicto XVI evocó recientes enfrentamientos entre ambas comunidades y dijo que "hago un llamado a las personas de buena voluntad para que se repare el daño hecho y trabajemos para construir puentes y hallar la manera de alcanzar una coexistencia pacífica".

Agregó que el odio y el prejuicio "asesinan el alma de los hombres antes de matar sus cuerpos".

La misa se celebró por la mañana y, por la tarde, Benedicto XVI unió sus manos a las de un rabino, un imán y otros jefes religiosos de la región septentrional israelí de Galilea, de la cual Nazareth es la ciudad más importante, para cantar juntos una oda a la paz que incluyó expresiones como "Salam" y "Shalom", que quieren decir "paz" en árabe y hebreo. El encuentro fue en el auditorio del santuario católico de La Anunciación, donde se encuentra el lugar en la que, según la tradición católica, el arcángel Gabriel anunció a María que estaba embarazada del hijo de Dios. En Galilea se celebran seis ritos cristianos diferentes.

La misa de la mañana se celebró en el monte del Precipicio, que recuerda una anécdota bíblica, la de la multitud enfurecida que quiso arrojar al vacío por un barranco a Jesús, tras un encendido discurso que el mesías de los cristianos pronunció en una vecina sinagoga,

Bajo un sol fuerte, los feligreses agitaban banderitas de muchas partes del mundo. Había delegaciones venidas desde varias regiones de Israel y de la palestina, pero también grupos europeos y los ya famosos "Papaboys", los muchachos del Papa, que llegaron sobre todo de Europa y que animaron la celebración con cantos y bailes. Los árabes gritaban "Viv al-Baba!".

La mayor parte de la homilía la dedicó el pontífice al papel de la familia, a la que calificó como "el elemento más importante de una sociedad bien ordenada y abierta".

Nazareth es la ciudad de la Sagrada Familia, porque aquí vivían María, nativa del lugar, su marido José, y Jesús, que pasó su infancia y parte de la adolescencia. Es también la más grande ciudad árabe de Israel.

La Sagrada Familia es un ejemplo de vida para cada familia cristiana y muchos tienen que aprender de nuevo "que la familia, segun el plan de Dios, se baja en la fidelidad de por vida entre el hombre y la mujer dentro de un matrimonio sagrado".

El Papa dijo que el Estado tiene la obligación de apoyar a las familias en la formación de sus hijos y que debe protegerla como institución y asegurarse de que sus miembros puedan "vivir y desarrollarse en condiciones dignas.

Casi diez mil policías fueron movilizados para garantizar la seguridad y no se registraron ni desórdenes ni los atentados que se temían. Los servicios israelíes habían pedido que el Papa no viajara en el "papamóvil", sobre todo en Nazareth, pues ayer se celebraba un nuevo aniversario de la "Nakba", la catástrofe para los palestinos, es decir el día de la independencia de Israel, en 1948.

Nazareth tiene 60 mil habitantes, de los cuales un 30% son árabes cristianos. A principios del año 2000, activistas musulmanes marcharon por las calles de la ciudad en favor de la construcción de una mezquita junto a la Basílica de la Anunciación. Hace unos días el imán Nazim distribuyó volantes contra la visita del Papa Ratzinger y anteayer las autoridades israelíes lo detuvieron y obligaron a abandonar Nazareth, a la que podrá regresar recién hoy, para evitar desórdenes.

En un discurso antes del encuentro con los líderes religiosos y el rezo de las vísperas en el santuario-basílica de la Asunción, el Papa pronunció una homilía en la que llamó a todas las religiones a "proteger a los niños del fanatismo y de la violencia".

"Los cristianos se unen a los judíos, musulmanes, drusos y otras religiones con el deseo de salvaguardar a los niños contra el fanatismo y la violencia y de prepararlos para ser constructores de un mundo mejor".

Benedicto XVI dijo a los líderes religiosos que "nuestras tradiciones religiosas diferentes tienen la fuerza de promover una cultura de paz".

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