El Papa llamó a la solidaridad mundial

Benedicto XVI advirtió que el mundo "se encamina hacia la ruina" si prevalece el egoísmo en el actual contexto económico
CIUDAD DEL VATICANO.- En el tradicional mensaje papal de Navidad, pronunciado desde el balcón central de la basílica de San Pedro, en el Vaticano, Benedicto XVI advirtió ayer que el mundo "se encamina hacia la ruina" si el egoísmo prevalece sobre la solidaridad en el actual contexto de crisis económica mundial.

Ante unas 60.000 personas reunidas en la plaza de San Pedro para escuchar el cuarto Mensaje de Navidad de su pontificado, el Papa dijo que intentaba alentar esperanzas en el mundo y que sus palabras eran válidas donde se mire "con desconfianza un futuro que se está haciendo cada vez más incierto, incluso en las naciones del bienestar".

El mensaje navideño generalmente se focaliza en las regiones en guerra, pero en esta ocasión Benedicto XVI se refirió especialmente a los problemas económicos que conmueven a millones de habitantes de todo el planeta, con despidos masivos, compañías en quiebra y pérdida de viviendas.

"Que brille la luz de la Navidad donde se atropellan la dignidad y los derechos de la persona, donde los egoísmos personales o de grupo prevalecen sobre el bien común, donde se corre el riesgo de acostumbrarse al odio fratricida y a la explotación del hombre por el hombre", señaló el pontífice alemán.

"Que la Luz de Belén también brille donde las luchas intestinas dividen grupos y etnias y laceran la convivencia y donde el terrorismo sigue golpeando, donde falta lo necesario para vivir, donde se mira con desconfianza un futuro que se está haciendo cada vez más incierto, incluso en las naciones del bienestar", añadió.

Acto seguido, el obispo de Roma animó a todos los hombres a "cumplir su parte con espíritu de auténtica solidaridad, ya que si cada uno piensa sólo en sus propios intereses el mundo se encamina hacia la ruina".

Benedicto XVI también abogó para que en este tiempo "marcado por una considerable crisis económica" la Navidad sea la ocasión de una mayor solidaridad entre las familias y entre la sociedad.

Violencia y guerra

Tras referirse a la crisis económica, el Papa sí expresó su preocupación por las zonas donde hay violencia o guerra, especialmente Medio Oriente (ver Página 4) y Africa.

"Que la luz divina de Belén se difunda en Tierra Santa, donde el horizonte parece volverse a oscurecer para israelíes y palestinos, que también se propague en el Líbano y en Irak, y en todo Medio Oriente", señaló Benedicto XVI.

"Que haga fructificar los esfuerzos de quienes no se resignan a la lógica perversa del enfrentamiento y la violencia y prefieren en cambio la vía del diálogo y la negociación para resolver las tensiones internas de cada país y encontrar soluciones", añadió.

El líder de la Iglesia Católica tiene previsto visitar Tierra Santa el año próximo, con escalas en Israel, Jordania y los territorios palestinos. Sin embargo, durante su alocución de ayer no confirmó el viaje.

El papa alemán también aludió a los habitantes de Zimbabwe, "atrapados durante demasiado tiempo por la tenaza de una crisis política y social que desgraciadamente sigue agravándose", así como a los de las "atormentadas" regiones de Kivu del Norte (Congo) y Darfur (Sudán), y Somalia, "cuyas interminables tribulaciones son una trágica consecuencia de la falta de estabilidad y de paz".

Previamente, Benedicto XVI había recordado que Jesús vino a la tierra "para todos, judíos, paganos, ricos y pobres, creyentes y no creyentes, cercanos y lejanos".

Envuelto en un manto carmesí para protegerse del frío húmedo, el pontífice también pidió que la Luz de Belén llegue a los niños de todos los países en dificultad, "para que se devuelva la esperanza a su porvenir". Fue su segunda referencia hacia los más pequeños en pocas horas, después de que, en la madrugada de ayer, durante la Misa de Gallo, hiciera un llamado para que se ponga fin a todas las formas "abominables de abuso" contra los niños, entre las que citó la pornografía, la utilización de los niños como soldados e instrumentos de violencia y los niños de la calle.

Tras el mensaje, Benedicto XVI impartió su tradicional bendición urbi et orbi (a la ciudad y a todo el mundo) en 64 idiomas, entre los que por primera vez se encontró el islandés.

En español proclamó: "Feliz Navidad. Que la paz de Cristo reine en vuestros corazones, en las familias y en todos los pueblos", en medio de los aplausos y vivas de numerosos españoles y latinoamericanos presentes.

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