Es inminente la designación del cardenal Giuseppe Bertello como Secretario de Estado, en reemplazo de Tarcisio Bertone.
También es el único italiano en la comisión de ocho cardenales nombrados por Francisco para asesorarlo en las reformas del gobierno central de la Iglesia, escenario en los últimos años de fieras luchas por el poder entre facciones, que incluyen “corrientes de corrupción” y “lobby gay”, como reconoció el mismo pontífice hace unos días.
Clarín mencionó ya dos veces a Bertello como principal candidato a ser el nuevo jefe operativo de la Curia Romana después del verano, pero los tiempos al parecer se han acortado y algunos vaticanistas sostienen que el 29 de junio, fiesta de los santos Pedro y Pablo, podrían anunciarse reemplazos con sabor a degüello en los grandes “ministerios” (dicasterios) de la Curia, junto con traslados y promociones.
El nuevo Secretario de Estado sustituirá al cardenal Tarcisio Bertone, que en diciembre cumplirá 79 años.
Los ocho cardenales del “consejo de la corona”, cuyo coordinador es el hondureño Oscar Rodríguez Maradiaga, se reunirán con el Papa el 1° de octubre para poner en marcha una reorganización general de la Curia con fusiones, supresiones de organismos y creaciones de nuevos institutos para hacer más ágil y sobre todo más transparente el funcionamiento del gobierno central de la Iglesia.
El objetivo primario es terminar con las facciones en lucha, con medidas ejemplares.
El sábado Francisco dio la primera sorpresa haciendo nombrar como su Prelado en el IOR (Instituto para las Obras de Religión) el llamado banco del Papa, a monseñor Battista Ricca.
El Prelado es el número dos del IOR, signado por una vasta serie de escándalos desde que fue fundado en 1942 por Pío XII.
Monseñor Ricca es el director de la Casa de Santa Marta, el hotel interno del Vaticano donde se aloja Francisco desde el Cónclave que lo eligió Papa. También es el director de la Casa Internacional del Clero, situada en el centro de Roma, donde desde hace muchos años se alojaba cuando venía a Roma Jorge Bergoglio.
El Papa argentino es muy amigo y tiene absoluta confianza en monseñor Ricca, cuya misión de coordinación en el banco consistirá en mantener informado a Francisco de la situación interna del IOR y de la transparencia de las operaciones.
Jorge Bergoglio demostró al incluir al cardenal Bertello en el “consejo de la corona” de ocho cardenales que aprecia y tiene profunda confianza en el purpurado italiano para que lleve adelante la “limpieza de la Curia”, que el mismo Bergoglio definió como un programa antes de partir de Buenos Aires para el Cónclave que lo eligió obispo de Roma y jefe de la Iglesia universal.
El Papa argentino tuvo ayer una intensa jornada. En la plaza de San Pedro, ante una multitud de 80 mil fieles, celebró una misa por la jornada del Evangelio de la Vida en el marco del Año de la Fe, contra el aborto y la eutanasia.
En la homilía y después en el Angelus del mediodía, Francisco advirtió que “con frecuencia el hombre no elige la vida” y “se deja guiar por ideologías y lógicas que ponen obstáculos a la vida, que no la respetan porque son dictadas por el egoísmo, el interés, el poder, el placer y no por el amor, por la búsqueda del bien del otro”.
“Digamos sí al amor y no al egoísmo, digamos sí a la vida y no a la muerte, digamos sí a la libertad y no a la esclavitud de tantos ídolos de nuestro tiempo”, exhortó el Papa.
Mientras en Roma, más de 30 mil motociclistas llegados de todo el mundo atronaron la urbe con sus bellas Harley Davison, que festejó en la Eterna sus 110 años de vida, 200 fueron admitidos en San Pedro y recibieron la bendición del Papa, a quién la empresa le donó dos legendarias Harley.
El Papa argentino dijo en una carta enviada al premier británico David Cameron, con motivo de la reunión del G-8, el grupo de las mayores potencias industriales del mundo, que el dinero y otros medios políticos y económicos “deben servir y no gobernar”.
El fin de la economía “es servir a los hombres, empezando por los más débiles”, afirmó la carta de Francisco, que le reiteró al premier británico que “la ética de la verdad y el respeto del hombre” deben guiar todas las acciones económicas.


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