El Papa avaló un Estado palestino y criticó el muro en Cisjordania

Fue en Belén. Apoyó la idea de un Estado con "fronteras reconocidas internacionalmente". Y condenó la muralla que divide a israelíes de palestinos: "Es trágico ver que aún son levantados muros " en un mundo de fronteras abiertas, dijo.
Los palestinos de la Cisjordania vivieron ayer un día histórico con la visita del Papa, quien planteó con más claridad que nunca el apoyo de la Iglesia Católica de 1.100 millones de miembros a la creación de un Estado palestino independiente y condenó la existencia de las murallas erigidas por Israel desde 2002, que en ninguna otra ciudad son tan visibles y oprimentes como en Belén, la ciudad donde nació Jesucristo.

Al presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmud Abbas, quien lo recibió por la mañana, el Papa le dijo con solemnidad: "La Santa Sede respalda el derecho de su pueblo a un territorio soberano palestino en la tierra de sus ancestros que sea seguro y en paz con sus vecinos y dentro de fronteras reconocidas internacionalmente". Por la tarde, en el campo de refugiados de Aida, a dos kilómetros de Belén, donde por la mañana presidió una misa multitudinaria ante 8.000 fieles cristianos, Benedicto expresó su comprensión hacia los frustrados palestinos. "Sus aspiraciones legítimas de tener hogares permanentes y un Estado palestino independiente siguen sin cumplirse", dijo.

El Papa recorrió varias veces en el "papamóvil" una Belén desierta por las medidas de seguridad. Cada cinco metros en las calles había un soldado palestino. Cerca de la plaza del Pesebre, donde tuvo lugar la misa al aire libre, grupos de "scouts" cristianos marcharon con sus uniformes y bandas de música dominadas por las gaitas y los tambores para celebrar la presencia del líder religioso de los católicos.

El Papa atravesó al llegar desde Jerusalén los puestos de bloqueo y la muralla de nueve metros de alto que separa a los palestinos de Israel. En el campo de refugiados de Aida, en el que viven unas 5.000 personas, Benedicto XVI habló desde una tarima en el patio de una escuela frente a 450 personas y a menos de dos metros de una muralla, cerca de una torreta elevada de control israelí.

"Esta barrera es un ejemplo del punto muerto al que han llegado las relaciones entre israelíes y palestinos", dijo el Pontífice. "En un mundo en el que las fronteras se abren cada vez más para el comercio, los viajes, el libre movimiento de la gente y el intercambio cultural, es trágico ver que aún son levantados muros", lamentó Benedicto XVI. Pero dijo que las murallas, "así como son fáciles de construir, pueden ser derribadas, no duran para siempre".

El Papa expresó su solidaridad con los palestinos ("Sé cuanto han sufrido", dijo), pero invitó a los jóvenes a "no recurrir a la violencia y el terrorismo para conseguir sus objetivos". "No permitan que la pérdida de vidas y la destrucción que ustedes han sufrido susciten amargura o resentimiento".

El presidente palestino le respondió con un "mensaje de paz a nuestros vecinos israelíes: les pido que renuncien a la ocupación, la colonización, las detenciones y las humillaciones".

En el campo de refugiados, el Papa afirmó que "oramos ardientemente para que cesen las hostilidades que causaron el levantamiento de este muro". El Patriarca Latino de Jerusalén, monseñor Fuad Twad, recordó en una misa al Pontífice que "mientras haya murallas, no tendremos paz" y que esto significa que el número de cristianos seguirá siendo cada vez menor debido a la emigración causada por la pérdida de las esperanzas de los cristianos. Se estima que en Cisjordania hay actualmente unos 50 mil católicos sobre una población de dos millones y medio de palestinos musulmanes. En la región medioriental, el porcentaje de fieles a la Iglesia de Roma se ha reducido a un 2%. El Pontífice donó 50 mil euros a los refugiados del campo de Aida, que lo recibieron con cantos y bailes mientras agitaban banderas palestinas.

Benedicto XVI volvió a pedir a los cristianos que no emigren de Oriente Medio. Lo que vio ayer y en los días pasados ha fortalecido su convicción de que sólo con un vigoroso impulso del proceso de paz que agoniza se puede evitar la acelerada extinción de las comunidades cristianas en la región.

A la misa de la mañana, junto con los coloridos grupos de chicos y adolescentes, premiados con un asueto escolar dispuesto por las autoridades palestinas, acudieron también parientes de árabes musulmanes y cristianos encarcelados en prisiones israelíes. El Papa recibió a dos parejas de padres de estos presos políticos.

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