El Papa alertó sobre el uso de la religión con fines políticos

Afirmó que su "manipulación ideológica" puede generar tensión, divisiones y violencia
AMMAN.- No rezó hacia La Meca ni tampoco se sacó los zapatos. Pero al pisar ayer por segunda vez en su pontificado una mezquita, Benedicto XVI dejó una vez más en claro su deseo de reconciliarse definitivamente con los musulmanes, a quienes les advirtió sobre la "manipulación ideológica" de la religión, que a veces también puede ser "desfigurada".

"Algunos dicen que la religión es necesariamente una causa de división en nuestro mundo. Ciertamente, el contraste de tensiones y divisiones entres los seguidores de diferentes tradiciones religiosas, lamentablemente, no puede negarse", dijo Benedicto XVI en su segunda jornada de un arduo peregrinaje que lo llevará también a Israel y a los territorios palestinos.

"Pero la manipulación ideológica de la religión, a veces con fines políticos, también puede ser el catalizador real de tensiones y divisiones, así como de la violencia", sentenció el Papa, al hablar ante dignatarios islámicos tras haber visitado la imponente mezquita de Al-Hussein ben Tallal, la mayor de Jordania.

Como una nueva señal de paz hacia el islam, Benedicto XVI se convirtió en el papa que más veces pisó una mezquita. La primera vez lo había hecho Juan Pablo II en 2001, en Damasco. La segunda lo había hecho Benedicto XVI en 2006 en la Mezquita Azul de Estambul. En ese entonces, el Pontífice, que se había descalzado, también rezó hacia La Meca, un gesto extraordinario con el cual intentó cerrar definitivamente las heridas abiertas después del discurso universitario de Ratisbona del 12 de septiembre de 2006, en el que había citado a un emperador bizantino que relacionaba la violencia con el islam.

Si bien el Papa, de 82 años, estaba listo para sacarse los zapatos, como es costumbre en una mezquita, esta vez no lo hizo. Según explicó el vocero de la Santa Sede, Federico Lombardi, fueron sus anfitriones quienes prefirieron evitarle esa molestia y colocaron una esterilla a lo largo del trayecto que dentro del templo el Papa hizo con sus zapatos rojos.

Sin rezo

El Pontífice, que anteayer había manifestado al llegar a este país de mayoría musulmana su "profundo respeto por el islam", recorrió la mezquita junto al príncipe Ghazi ben Talal y el arquitecto que la diseñó, que tampoco se descalzaron. Erigida en la cima de la colina más alta de esta capital, la mezquita tiene una superficie de más de 7000 m2 y capacidad para 6000 fieles. Fue levantada por el rey Abdullah en homenaje a su padre, el fallecido rey Hussein.

A diferencia de lo ocurrido en Estambul, el Papa tampoco rezó, probablemente porque así lo determinaron las circunstancias: sus anfitriones en ningún momento lo dejaron solo ni en silencio. Le iban explicando y mostrando los detalles del templo. Para Lombardi, sin embargo, el Papa probablemente tuvo allí "un momento de recogimiento espiritual", algo que, en verdad, nadie pudo ver.

Pese a esto, en una nueva demostración de que las relaciones entre cristianos y musulmanes se reencauzan, en el encuentro que tuvo con líderes islámicos y miembros del cuerpo diplomático, Ghazi elogió la "histórica" visita del Papa a la mezquita, que definió como "un gesto deliberado de buena voluntad y respetuo mutuo". Además, le agradeció haber lamentado en público el daño causado por su discurso en Ratisbona.

"Los musulmanes especialmente apreciaron la aclaración hecha por el Vaticano de que lo que fue dicho en Ratisbona no refleja la opinión de Su Santidad, sino que fue simplemente una citación en el marco de un discurso académico", puntualizó.

Sin embargo, otros clérigos volvieron a considerar insuficientes los gestos del Santo Padre. "Le faltó coraje, porque jamás pronunció disculpas directas, como directas fueron sus ofensas al islam y al profeta Mahoma", indicó Hamam Said, presidente de los Hermanos Musulmanes de Jordania.

El Papa no mencionó el incidente de Ratisbona, pero en una parte de su discurso aludió a él, al intentar explicar lo que había querido decir entonces sobre el papel de la razón en la comprensión de la fe. Y destacó que, más allá de las "incomprensiones" del pasado, los cristianos y musulmanes deben ser identificados como adoradores de Dios, llamados a respetar el "vínculo indestructible entre el amor de Dios y el amor al prójimo", sin caer en la contradicción fundamental de recurrir en nombre de Dios a la violencia o a la exclusión.

Benedicto XVI, algo cansado, también habló de una religión "desfigurada" cuando se ve "obligada a servir a la ignorancia y el prejuicio, el desprecio, la violencia y el abuso".

Y en un discurso en la catedral greco-melquita (católica de rito bizantino) de San Jorge, el Papa expresó su preocupación por las "influencias negativas" del mundo del espectáculo, que, según dijo, "despiadadamente explota en nuestro mundo globalizado la inocencia y la sensibilidad de los jóvenes y de las personas más vulnerables".

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