Panorama Político Provincial

Lo sucedido con la elección de las autoridades en la Cámara de Diputados puede tomarse como un capítulo más de la manera de entender la política que tienen muchos de nuestros dirigentes.
Historias de picardía política, de traiciones, de lentitud de reacción, de inoperancia, de falta de escrúpulos son los condimentos que marcaron la sesión donde el Frente Cívico y Social se aprestaba a retomar la conducción del cuerpo luego de la victoria en los comicios de marzo pasado, y finalmente lo pierde por tercera vez consecutiva en manos, esta vez, de un acuerdo entre la oposición y un sector interno del propio radicalismo.

Que la política es el arte de lo posible es cierto, pero también que muchas veces es el arte de lograr que el agua y al aceite se junten en pos de un objetivo o ambición sectorial también lo es, ya que muchas veces las ambiciones personales o del sector se imponen por sobre la coherencia que se debe tener.

El interbloque justicialista que terminaba debilitado por sus disputas internas logra, como es característica innata del peronismo, unificarse tras el objetivo de mantener el poder y aunque sea por la vía de un nuevo socio logra quedarse con la conducción de la Cámara baja.

El Frente Cívico en general y el radicalismo en particular con sus internismos característicos de esta fuerza política, logra perder lo que tenía en las manos por las peleas no cerradas a tiempo y prefiere quedarse sin nada antes que su "enemigo" interno logre el objetivo propuesto.

Además no es novedad que la fuerza política que lidera el intendente de Valle Viejo sea un comodín poco agradable en las internas del radicalismo local, ya que las fuerzas mayoritarias del partido lo han usado para poder mantener la conducción del partido ajustándose al estilo que entiende la política el polémico Gustavo Roque Jalile.

Lo saben los renovadores del gobernador Brizuela del Moral cuando el "Gallo" los abandonó para jugar con los celestes, pero también lo saben los seguidores del senador nacional Oscar Castillo cuando Jalile los dejó para tirar la balanza hacia las filas de hoy Gobernador de la provincia.

Entonces no es nuevo que el conductor de la línea interna del radicalismo denominada MIRA haya hecho del cambio de postura una postura en sí misma para mantener el poder dentro de la estructura del partido y, por qué no, la última derrota del oficialismo en tierras chacareras tiene relación a un acuerdo evidente del polémico dirigente con la oposición.

Pero parafraseando a un dicho popular: la culpa no la tiene el gallo sino quien lo deja cantar.

Y allí tendrán que hacer una autocrítica los dos sectores mayoritarios del radicalismo para ver por qué se llegó a esta instancia donde la lógica política marcaba que la conducción en Diputados era para la doctora Marita Colombo y terminó en manos de un diputado también radical, pero de la mano de la oposición y más cercano al desafuero que a ejercer dicha función. Habría que agregar que en esta pelea por la presidencia no se planteó una disputa de proyectos o una discusión ideológica, sino que simplemente fue la pelea por mantener el manejo de la caja, de los cargos políticos, de los viáticos, de garantizar la continuidad de las prebendas políticas que permiten continuar ejerciendo una manera mala de entender la política.

La picardía no es un elemento de la política sino una actitud que hace que el servicio político se convierta en un ave de vuelo corto –justamente las gallinas, gallos y pollos no vuelan-, que alejan una vez más a los dirigentes del resto de la comunidad.

Y éste es el elemento principal de este análisis, más allá de los enojos en el oficialismo, de los brindis nocturnos de la oposición, de las alegrías de poca monta de los esbirros de Jalile, lo principal es que otra vez nuestros legisladores hacen esfuerzos para alejarse de la comunidad.

Porque la gente ve otra vez cómo nuestros diputados, en este caso, se pelean por espacios de poder, por cargos para amigos, familiares y otras yerbas, por la posibilidad de viajar gratis por el país y el mundo, de hacer "política" con becas y subsidios, de estar en la chiquita, muy lejos de las necesidades y preocupación de la comunidad que los eligió.

Son los diputados los representantes del pueblo de la provincia, pero no por voluntad divina sino por la delegación que hacemos los ciudadanos a través del voto popular.

Entonces son nuestros delegados para ejercer una tarea y responsabilidad específica que lamentablemente pocos entienden y menos aún ejercen.

Y entonces es el sistema democrático el golpeado y vapuleado, son esos elementos que encienden la llama de la apatía y desconfianza de la comunidad hacia la clase política, que aleja cada vez más a la gente con los políticos.

No es un dato menor en tiempos donde la desocupación, la pobreza, la inseguridad, la mala calidad educativa, la crisis en los servicios públicos, la falta de un proyecto, la poca esperanza de un futuro mejor van armando un caldo propicio para la búsqueda de soluciones mágicas o directamente antidemocráticas.

Todos somos responsables de sostener este sistema, pero unos tienen más responsabilidades que otros.

Y justamente son en este caso los diputados quienes vienen sosteniendo con sus actitudes la lejanía que tienen con el pueblo que les ha delegado su potestad.

Creo sinceramente que muchos de nuestros diputados no entienden o no dimensionan esto, creo que están enceguecidos con sus ambiciones personales y sectoriales, que en su lucha por el poder –muy chiquito en definitiva- no se dan cuenta del mal que le hacen al sistema y a las instituciones.

Lamentablemente no es que actúen mal sino que hacen política como entienden debe hacerse, buscar perpetuarse en el poder, buscar prebendas sectoriales y personales como si fuera algo lógico y muy lejos, pero muy lejos del servicio que significa la política en pos del bien común.

Es un problema de mentalidad, de compromiso, de responsabilidad política.

Pero también es cierto que son parte de nuestra sociedad, que salen de nuestros barrios, son nuestros vecinos, por eso tienen que ver con una manera de mirar las cosas que también nosotros lamentablemente tenemos.

El sistema democrático, las instituciones, necesitan de dirigentes más comprometidos, de personas que vivan la política como un servicio, que se preocupen por los problemas de la comunidad y busquen las soluciones.

No necesita de los que hacen de la política un acto de picardía, un lugar de privilegios, un espacio para mantener poder.

En definitiva hoy la comunidad, el pueblo o la gente esperan de nuestros representantes actos de grandeza y no vuelos cortos que sólo benefician a una persona o un sector.

No sigamos avivando el fuego de ese caldo que pone en peligro, lo que es muy grave, nuestro sistema y nuestras instituciones.

Comentá la nota