PANORAMA POLITICO / Entre Moyano y el atisbo opositor

Cristina y Kirchner consideran crucial su relación con el sindicalismo y con Moyano. Sobre todo en un tiempo económico desfavorable. Por eso atinaron a neutralizar los efectos políticos del fallo de la Corte. La oposición se despierta con muchas dificultades.Por: Eduardo van der Kooy
La sorpresa ha golpeado de nuevo la última semana los portones de Olivos. Golpeó, sobre todo, a Néstor Kirchner. El ex presidente detesta estar desprevenido cuando alguna novedad política oculta va surcando la realidad. Sucedió con el fallo de la Corte Suprema que proyecta la posibilidad de un mapa sindical desconocido en la Argentina. Un par de ministros, al menos, sufrieron la furia de sus palabras. Hugo Moyano escuchó, en cambio, mensajes de consuelo.

Cristina Fernández debió haber tenido un lapso fugaz de encantamiento. Los argumentos de un mundo sindical pluralista alimentaron su ideario en buena parte de su trayectoria política. Muchas veces observó con simpatía, igual que su marido, la prédica de la CTA. Ocurrió hasta que se encaramaron en el poder. La crudeza del poder suele derribar hasta las ms bellas utopías: el Gobierno kirchnerista, en su quinto año, reconoce en la corporación gremial clásica a una de sus dos alianzas clave. La otra está en el peronismo, en especial el bonaerense.

Kirchner valorizó, otra vez, a Guillermo Moreno. ¿Por qué? Supone que al secretario de Comercio no se le hubiese escapado aquel tramado de la Corte Suprema. La estricta vigilancia del mercado que realiza Moreno persiguiendo a operadores y empresas, hizo que en los últimos días la cotización del dólar retrocediera. El dólar aplacado evita las crispaciones sociales y facilita el margen de maniobra política del matrimonio presidencial. Aquella carencia informativa habría impulsado al ex presidente a maquinar algún cambio en el gabinete. Lo habló con Cristina, aunque nada se pondrá en marcha hasta que no esté formalmente lanzada la carrera electoral.

La Corte hizo lo que correspondía. Dictó una sentencia trascendente aislada de cualquier influencia del Poder Ejecutivo, pero sin prescindir del sentido y el marco político de dicha sentencia. "Esto con el tiempo puede tener sus consecuencias", dijo Raúl Zaffaroni cuando el titular del Tribunal, Ricardo Lorenzetti, convocó a los cinco jueces que, junto con él, declararon inconstitucional la obligatoriedad de estar afiliado a un sindicato con personería gremial para llamar a elecciones o presentarse como delegado. A ninguno le importó el polvoroso clima que envolvería al Gobierno y a todo el universo sindical y político.

La previsión, a juicio de uno de los jueces veteranos de la Corte, tampoco hubiera correspondido porque el fallo no implica un impacto inmediato sobre el Gobierno ni sobre los sindicatos y porque, además, no hay un estado de conflicto entre ellos. Menos se afecta todavía la convivencia social. Hubo un caso reciente, en sentido inverso, que refrescó el mismo juez. En plena confrontación con el campo, el propio Lorenzetti le aconsejó discretamente a la Presidenta que enviara al Congreso la polémica resolución 125 sobre retenciones móviles. De no haber sido así, la Corte se hubiera visto obligada a declarar su inconstitucionalidad, hubiera definido la pelea en favor del campo y asestado un verdadero porrazo político y social al Gobierno. Ese golpe llegó, al final, por un camino más natural aunque no menos traumático. Fue el voto no positivo de Julio Cobos en el Senado el que enterró la resolución.

El kirchnerismo jamás acepta una realidad sin fantasmas. Creyó descubrirlos también en el fallo de la Corte aunque nunca atinó a dar siquiera una precisión. Pero se involucró enseguida en una batalla política que apuntó a limitar las consecuencias del dictamen. Carlos Tomada, el ministro de Trabajo, opinó que el efecto recae sólo sobre los gremios del Estado. Los seis jueces dicen con exactitud lo contrario: las consecuencias pueden llegar también a los sindicatos de la actividad privada. Pero hacen una precisión: el fallo de la semana pasada, que zanjó una puja entre ATE (afiliada a la CTA) y el personal civil de las Fuerzas Armadas, no tiene efectos automáticos sobre otros pleitos similares.

En todo caso, sentaría precedente ante acciones futuras en la Justicia. Pero ninguno de esos trámites se resuelven de la noche a la mañana. La causa que dio origen al histórico fallo de la Corte arrancó en el 2003 y halló su destino cinco años más tarde.

Cinco años suelen ser una eternidad en la historia de la Argentina y un tiempo insondable para un kirchnerismo habituado al día a día. Eso ayudó, tal vez, a entender su reacción: el Gobierno imaginó una posible diáspora sindical en un tiempo que, por la crisis económica doméstica e internacional, presagia problemas graves con el empleo, la producción y los salarios.

Casualidad o no, el fallo de la Corte terminó por desanudar un viejo pleito en el Gabinete. El superintendente de Servicios de Salud, Héctor Capaccioli, se fue. Era el encargado de fiscalizar los recursos de las obras sociales y fue también recaudador de la campaña de Cristina. Esa campaña se vio enturbiada, sobre todo, por aportes de dinero de empresarios de medicamentos que terminaron trágicamente ligados al submundo de los narcotraficantes. El funcionario renunciado arrastraba, además, una larguísima disputa con Graciela Ocaña.

La ministra de Salud había pedido varias veces la salida de Capaccioli de quien desconfiaba por varias cosas, entre otras la forma de adquisición de medicamentos. Hace dos meses, a solas, le dijo a Cristina que así no podía seguir en su cargo. En el ínterin tuvo un acercamiento con Moyano y un distanciamiento con Alberto Fernández, el hombre que la introdujo en el kirchnerismo. El ex jefe de Gabinete fue también padrino de Capaccioli pero el martes, por teléfono, le aconsejó: "De nada sirve que sigas. La gestión está parada y tu permanencia perjudica a Graciela". Ocaña terminó ganando esa pulseada pero la vacante fue ocupada por un abogado, Juan Rinaldi, de cepa sindical y apareado hace años a Moyano. Cristina y Kirchner quedaron satisfechos. La ministra y ex miembro del ARI recorre una llamativa parábola: arrancará sin Capaccioli una nueva etapa de su gestión cercana a un sindicalismo que cuestionó y combatió en otra etapa de la vida.

Será una razón más —si hacía falta esa razón— para que su antigua amistad con Elisa Carrió integre algún libro de recuerdos. La líder de la Coalición Cívica retornó con furia pero también con fino instinto político. Descargó en la Justicia una denuncia sonora y turbulenta contra Kirchner. Volvió a juntarse en un momento clave con dirigentes radicales que había denostado: varios de esos dirigentes estaban iniciando conversaciones con Felipe Solá para construir el año que viene una alternativa electoral.

Solá ya se fue del kirchnerismo. Mañana anunciará su renuncia al bloque de diputados. La irrupción de Carrió en la UCR le tronchó un camino posible, pero está sondeando otros: el vicepresidente Cobos y, tal vez, Mauricio Macri. Carrió y los radicales irán ahora por el socialismo. Parecen dispuestos a soslayar que el socialismo acompañó en Diputados y acompañará esta semana en el Senado al Gobierno en la reestatización de las jubilaciones. Hay que ser justos: el PS siempre estuvo a favor del sistema de reparto. Hay que ser también realistas: Hermes Binner gobierna una provincia, Santa Fe, que sufrió un durísimo impacto económico como consecuencia del conflicto con el campo.

Ni Binner ni el intendente de Rosario, Miguel Lifschitz, quieren por ahora cerrar ningún trato electoral. Pero Carrió y los radicales sueñan con ese trato para estar en el 2009 en condiciones de darle un escarmiento a Kirchner y a Cristina. La estrategia es casi transparente: la Coalición Cívica podría aportar en Buenos Aires la candidatura de Margarita Stolbizer. Ni radicales ni socialistas tienen candidatos importantes en el principal distrito electoral. La UCR cedería su vieja maquinaria, pero maquinaria al fin, de la cual carece la Coalición de Carrió. Existe la convicción de que en Buenos Aires podría definirse la suerte política del Gobierno.

Kirchner también está seguro de que puede ser así. Por eso menea su candidatura —sólo menea— para sostener al peronismo bonaerense que le sigue siendo fiel. Por esa misma razón convino que Cristina refuerce sus apariciones en Buenos Aires: le dedicó la semana pasada cuatro actos y escribió varios artículos en periódicos del interior de la Provincia.

Tanto Kirchner como la oposición se están anticipando a los tiempos. Para las elecciones falta un año y en ese año la economía mundial promete hacer estragos. Estados Unidos sigue tambaleante. La "eurozona" ingreso en recesión. Kirchner, ocupando el lugar de Cristina, aceptó con realismo que también ocurrirán cosas malas aquí. Aquellas elecciones parecen apenas un entretenimiento: hay antes, para todos, una travesía cargada de incertidumbre y de temor.

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