PANORAMA LOCAL. Los sectores se definen, y se votan las tasas La hora de hacer los números para el 2009

Este jueves se tratan la ordenanza fiscal y la impositiva, y aún nadie sabe qué porcentaje aumentarán las tasas para el año que viene. Van atadas a las valuaciones inmobiliarias fiscales de la Provincia, lo cual no deja de ser bastante justo. Las subas se dan en un delicado escenario: cuando los sectores comerciales y microempresariales, en medio de un inicio de recesión, empiezan a mirar con desconfianza todo lo que tenga que ver con aumentos de tributos y tarifas. La delicada imbricación entre los impuestazos, los prejuicios sociales y la crítica al kirchnerismo. Los sectores que ya se arman para dar pelea en el 2009. Gustavo Alvarez se baja del curismo, sin fecha y sin salto (directo) al eseverrismo. Pero en la muestra “Lucas Demare” se sentó con los funcionarios.
Este jueves puede haber debate por las tasas, o no. Es el momento de la sesión preparatoria para la modificación de las ordenanzas fiscal e impositiva del 2009, un escenario donde los propios concejales están bastante en ascuas, porque han mirado apenas por arriba los valores a modificar.

Un dato es firme: las tasas de servicios urbanos quedarán atadas a los niveles de valuaciones fiscales que establezca la Provincia de Buenos Aires. No es un mal dato, aunque por el momento implique que reine la incertidumbre: la zonificación global que considera que las viviendas deben pagar determinados valores por metros de frente según el lugar donde estuvieran ubicadas ya no resulta razonable ni bien se recorre la Ciudad y se observan las viviendas.

En el centro y microcentro –las zonas supuestamente más “acomodadas”- subsisten al lado de edificaciones nuevas y propiedades de alto casas que son remanente de otras épocas, humildes muchas de ellas, preservadas como morada única o pequeño último ahorro familiar. Que paguen impuestos tan altos como una mansión cercana sólo por estar en la misma manzana no tiene sentido.

Por el contrario, sectores apartados del centro y que por criterios de distribución de servicios urbanos fueron décadas atrás considerados “periféricos” hoy son, por obra del crecimiento de la Ciudad y de nuevas radicaciones comerciales, áreas bien residenciales, cotizadas. Instalar allí amplias casas -al lado de construcciones modestas que sí provienen de años en que no gozaban de casi nada- y pretender pagar el mismo tributo que los viejos vecinos del sector es una avivada.

El cambio de pago en el tributo de acuerdo a la tasación provincial de las viviendas es, sí, un avance. El problema para el debate del jueves es que casi nadie sabe de qué se trata, y luego de marchas y contramarchas de la Provincia, los verdaderos niveles que el Gobierno de Daniel Scioli le impondrá a esas valuaciones.

La cuestión tributaria no es menor hacia el año que viene, en varios sentidos. Es sabido que en el interior de la Provincia, al menos, el kirchnerismo se ha ganado una animadversión que se activa por lo que sea, tanto si lo que hace la Presidenta está bien apuntado como si no lo está.

Mueva como mueva las piezas, el kirchnerismo causa tirria. Si atiende a los sectores más desprotegidos ante la crisis, la clase media aterrada ante la recesión ve allí un gasto potencial que deberá pagar con más tributo. Si no hace nada se los acusa de insensibles, o de falso discurso progresista.

Buena parte de esa mala predisposición general fue generada por el propio Gobierno desde marzo, casi simultáneamente con el inicio del debate por la resolución 125 de las retenciones móviles a las exportaciones de soja. Convencido de que debía batallar contra un adversario político poderoso y abroquelado –el campo- el Gobierno nacional tomó una postura de desafío, soberbia y dureza que reactivó lo más aquilatado del gorilismo criollo. O peor: gorilizó a tipos que no sabían que podían ser antipopulares, o que no lo habían sido antes, o que no habían visto en su vida una planta de soja.

Sabiendo que iban derecho a terreno cenagoso pero sin mayor margen de maniobra y sin estructuras alternativas serias al kirchnerismo a la vista, el Gobierno provincial (y el municipal, como tantos otros en el territorio bonaerense) siguieron el mismo camino del Gobierno nacional.

El kirchnerismo hoy es una administración sin demasiadas posibilidades de sacar figuras al interior bonaerense –Scioli ha ligado de arriba ese mal, agravado ahora por la “sensación” de inseguridad, que se le torna de a ratos inmanejable-, y que como el Gobierno nacional debe redefinir de dónde saca los fondos para encarar el período de recesión.

Por favor, lector, siga leyendo unas líneas más para ver hacia dónde vamos. Y qué tiene que ver una cosa con las otras.

En este contexto todos los estamentos salen a buscar mayor recaudación, mayor disponibilidad de fondos, más plata fresca para manejar ante los gastos previstos y los imprevistos también, sobre todo cuando se trata de un oficialismo nacional que sostiene como una religión el apotegma que reza que la política y el poder sólo se ejercen con caja.

Pero el resultado en la calle, en el humor cotidiano, es pésimo: cualquier que hoy se pare a hablar veinte minutos con un comerciante o con un pequeño o mediano productor se choca de frente con el clima que reina detrás del mostrador o en la oficina desde donde se controlan los tornos o la entrada y salida de las camionetas de reparto.

El tipo que vive de la diaria siente que le están cobrando cada vez más impuestos, que le están por subir las tarifas y que vende cada vez menos. Encima se informa sobre las tendencias del pueblo y detecta –y a veces exagera, con antecedentes fundados ni bien se revisa la historia reciente- que a mediano plazo las cosas van a empeorar: en la cadena de electrodomésticos de a la vuelta o en la fábrica de la ruta echan a dependientes o dan vacaciones forzadas. Eso, en la caja diaria, es menos ingresos, menos pago a proveedores, menos posibilidades de pelear el día a día.

Este cronista lo ha escuchado: “cuando venga el cartero con el sobre de Rentas lo vamos a esperar con la escopeta”, se agrede desde mostradores de locales vacíos. “El mes ahora tiene diez días de trabajo”, se lamentan en otros.

A lo que vamos es que en este contexto, haga lo que haga el Gobierno nacional, la gente lo asimila pésimo. La incógnita es hasta qué punto esa carga puede ser una mochila de plomo en el 2009 electoral para un Gobierno municipal que, al menos en ese mismo sentido, no viene haciendo mal las cosas.

Esta columna ya ha dicho que el estilo distante de la cosa cotidiana que le impuso José Eseverri a la gestión municipal no cuaja en la demanda de los sectores medios, que detectan su renuencia al contacto cotidiano y, como a todo lo que huela a K, se lo espeta amplificado en crítica.

Pero también en este espacio se ha señalado que el manejo de las cuentas municipales ha sido austero, de lápiz rojo tal vez demasiado afilado, pero impecable en el cálculo de reservas. Incluso en la consideración de las modificaciones de las tasas locales se tuvo la percepción del malhumor que ronda a los sectores productivos, y se tuvo el buen tino de no tocar ni las tasas viales del campo ni las de seguridad e higiene de los comercios.

De todos modos, la carga de la connotación K será determinante para las perspectivas del oficialismo municipal y allí se definirá el tema crucial: si el eseverrismo mantiene o no la tenue mayoría en el Concejo Deliberante que logró en 2005, cuando consiguió cinco concejales no por una abrumadora mayoría (también eran elecciones legislativas, que aún a Helios Eseverri le costaba mucho ganar) sino por una suerte de la división de los residuos, donde el ganador se llevó los concejales que estaban sueltos.

El oficialismo se juega cinco ediles el año que viene, y deberá jugarlos desde el kirchnerismo. Al Intendente no le preocupa el tema más allá de lo básico: cree que el oficialismo es la única fuerza con armado para pelear las elecciones, está entusiasmado con los 162 legisladores que sumó el kirchnerismo en la votación de la estatización de las Afjp y maneja encuestas donde Néstor Kirchner no ha caído al abismo en la ponderación de los bonaerenses.

Dios, las urnas, las encuestas y los punteros sabrán si con eso alcanza o si sobra holgadamente para renovar la mayoría en el Concejo. Lo cierto es que en el clima actual eso no se seguro.

Por eso cada concejal valdrá oro en el futuro. Y por eso cada paso migratorio es observado y trabajado por el oficialismo con pulso de ajedrecista.

El curismo, es un hecho, ya migró al felipismo. La conducción de ese trance está en la muñeca del diputado provincial Mario Cura, pero el eseverrismo mira en detalle si de ese giro pueden caer terceros transportados a la banquina.

El que más les interesa, obviamente, es Gustavo Alvarez. Es un hecho que el concejal no saltará al felipismo-duhaldismo, y hoy por hoy solamente está conviniendo con Mario y Silly Cura los términos de su alejamiento del bloque.

Alvarez no está convencido ni de la salida del kirchnerismo ni del pasaje al felipismo, ni de un cambio de rumbo meramente electoral. El curismo espera –o cree- que Alvarez no termine en el bloque oficialista.

Pero corra o no su banca a ese sector, Alvarez entrará poco a poco en frecuencia con el eseverrismo de José. Con banca adentro o afuera, su voto girará en ese grupo.

Porque como está dicho, cada concejal va a empezar a valer oro para el oficialismo a medida que se acerquen las elecciones. Y porque no puede ser casualidad que este viernes, en la apertura de la muestra “Lucas Demare” el único concejal K de la "oposición" que se sentó en primera fila, junto a los funcionarios y ediles oficialistas, fuera Alvarez.

Este jueves se verá, en la sesión preparatoria, si las cosas van para ese lado.

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