PANORAMA LOCAL. Radicales y peronistas entre sumarse y dividirse La política ya no es emblema sino pura matemática

De la Concertación Plural al PJ más Santellán de la historia. La lista que se resiste a bajarse, pero que no podrá ir a la interna, porque ninguno de los miembros de la coalición de Gobierno acepta sumar ni a perdedores ni a díscolos potenciales. Cladera y el dilema que lo define todo: si se decide o no se decide a ser candidato a concejal. Todo depende de la tremenda distancia que separa este inicio estival de la fresca pero intensa campaña electoral.
Entre las dos formas de ver una movida política, esta semana ganó por lejos la del cálculo por sobre la del programa. La estrategia preponderante es la de la sumatoria, antes que la de la agrupación por consignas, lo cual no es ninguna noticia pero marca otra tendencia: el control de los partidos, su rumbo y Norte ha vuelto a ser la lucha por las candidaturas.

El problema, de todos modos, es que esa lucha sigue escindida de las preocupaciones básicas de la sociedad civil, que está absolutamente en otra cosa y recalienta su demanda sobre los poderes ejecutivos de todas las instancias: municipales, provinciales y nacionales. Mantiene con ellos una relación de amor-odio cuya administración racional será la clave para las legislativas del año que viene, y en ese diálogo deberán intervenir con eficacia los candidatos que ahora se matan o se amigan en internas partidarias, en el PJ y en la UCR.

Pero es un dato que tanto uno como otro de esos partidos han generado movidas, esta semana, que tienen impacto local. Para el analista político la ocasión siempre es propicia para la diletancia, para el abordaje relajado y por puro gusto.

Pero hay que reparar en dos datos, como para no hacerle perder el tiempo a ningún lector interesado: el primer asunto es que estas cuestiones le importan a un puñado reducido de gentes, que o bien son políticos o bien quieren serlo o bien tienen su vida lo suficientemente resuelta y/o indignada como para leer en qué andan los dirigentes; el segundo tema es que falta tanto para las elecciones del año que viene que todo dato concluido o proyectado desde ahora corre el riesgo de ser polvo del pasado dentro de 15 días.

De todos modos, las columnas semanales suelen escribirse primero y leerse después sin dar derecho a la excusa o a la prórroga. De modo que, amable lector, avancemos.

Primero el PJ

El peronismo de Olavarría está a punto de no ir a internas, lo cual es una anti-noticia, pero toda una novedad por eso mismo. Paradoja de las paradojas, el PJ local –uno de los menos serios de toda la Provincia de Buenos Aires, como ya se ha dicho aquí- desistirá de llegar a la elección interna pero no porque sus grupos internos han logrado el modo de entrar en la conducción sino por todo lo contrario: han encontrado el modo de irse.

Por diversas razones, que se irán desgranando en los siguientes párrafos, los grupos peronistas que mejor resolvieron su situación interna en la última elección se han dispersado casi en estampida, dejando un escenario curioso.

En la última elección, dentro del Frente para la Victoria que en Olavarría conjuga de un modo sui géneris al eseverrismo ex radical, al alicismo y al curismo, los últimos dos sectores entraron en los cargos legislativos y llegaron a bancas en la Cámara de Diputados.

Pero el grupo de Alicia Tabarés y el de Mario Cura no pelearán en la interna. Por orden cronológico, el curismo fue el primero en irse siguiendo los pasos de Felipe Solá, quien ya está instalado en el duhaldismo. Para un no iniciado en política, ver a Eduardo Duhalde al lado de Felipe Solá es inexplicable más allá del reparto de cargos: Solá fue el principal ariete del kirchnerismo en 2005 para herir de (supuesta) muerte al duhaldismo.

El curismo tiene el principal aparato peronista de Olavarría, pero en las internas (y en las generales) suele jugar más bien para sus propios candidatos, como bien sabe Jorge Larreche. Y ahora migró hacia las aguas del PJ de centroderecha.

¿Indica eso que el curismo dejará de ser un bloque semi-oficialista para iniciar una dura confrontación con el eseverrismo? No, sobre todo porque el paraguas en común con el Municipio no era (hasta ahora) solamente la adhesión a la fe K sino, más bien, los lazos comunes que lugar a la Comuna local con Coopelectric, prestataria de varios servicios públicos en la Ciudad.

La migración del alicismo ha sido más sutil, pero por lo que ahora se ve no mucho más elegante. Alicia Tabarés –con cierta intervención de sectores K nacionales- conformó una lista local “para negociar” frente a la postulación de Miguel Santellán y Alberto Hernández para controlar el PJ local y ser representantes provinciales.

Para ello postuló a Eduardo Santellán, instaló a varios miembros de su grupo en diferentes cargos y sumó a peronistas que están militando en el sector que responde al intendente José Eseverri, como José Pablo Avalos. La cuestión central fue que si la lista era para negociar, Miguel Santellán no quiso negociar.

Allí es donde discrepan las lecturas posteriores. Alicia Tabarés sostiene que existía un acuerdo político que obligaba a llegar a un acuerdo. Y como no se llegó a ese acuerdo, hay que salir de la interna.

Eduardo Santellán –y un grupo de sectores, minoritarios en el peronismo de Olavarría, que lo siguen apoyando- no piensa lo mismo. Para el ex concejal la alternativa a “negociar” no era bajarse sino dar una pelea interna digna, que es lo que se proponen hacer, aunque saben que ahora, sin el apoyo de la estructura de Tabarés, con la lista en manos de un apoderado que responde a la diputada provincial y sin respaldo alguno del Municipio, será imposible en la práctica.

Ahora bien ¿por qué el grupo que pintaba para quedarse con todo, el más fuerte en los papeles, se retiró sin dar pelea?

Primero, porque no era un grupo homogéneo. Segundo, porque las internas cuestan mucho dinero, y nadie está dispuesto a rifarlo por otro candidato. Y tercero, porque el grupo que iba a la pelea no da garantías de no comerse una paliza frente a Miguel Santellán, y arrastrar con ello a Alicia Tabarés o, peor, salpicar a José Eseverri.

Desde el kirchnerismo nacional, cuando se lanzó a Eduardo Santellán al ruedo, se lo hizo con un mandato: “Alicia esta vez debe bancar (sostener financieramente) a Eduardo, o va a pagar costos”, era el mandato. Una interna como la local no es cara, pero tampoco es barata. Los 15 días que llevan hasta el 30 de noviembre, más los punteros, más los remises y otros gastos corrientes le insumen a cada bando –si el fragor era la locura que iba pintando- entre 70 a 100 mil pesos para mover un padrón de 6.700 afiliados y lograr la adhesión de 3.000 votantes, es decir, tener aspiraciones para pelear arriba.

Nadie en el PJ local, ni en el Municipio, está dispuesto a poner esa suma por un candidato que no es propio, que además corre el riesgo de perder y que si gana, encima, es bastante díscolo, como lo son los grupos que ahora quedaron alrededor de Santellán.

Silly y Mario se abrieron de entrada, José no quiso mostrarse cerca y Alicia caminó un poco más, pero ya redactó la carta de renuncia, que Eduardo Santellán y el resto de los que lo acompañan no quieren firmar. Las 62 Organizaciones Peronistas tendrán un plenario este lunes y decidirán si siguen al lado del candidato.

De todos modos, la carrera es una ilusión mezclada con denuncia política: Eduardo Santellán –distanciado de Tabarés- y el grupo que lo sigue avanzarán en la candidatura para que sea la diputada provincial a través del apoderado José María González Hueso la que deba renunciar a la boleta, de modo explítico.

Salvo eso, a todos los fines siguientes el presidente del PJ de Olavarría será Miguel Santellán.

Hay radicales

En la otra punta, los radicales que se quedaron en la UCR y los que se fueron a la Coalición Cívica tienen mandato superior para sentarse a charlar nuevamente, a partir de las conversaciones que iniciaron los patrones del comité nacional con Elisa Carrió.

En Olavarría, de todos modos, la desconfianza mutua es enorme y el resquemor entre los seguidores de Ernesto “Gato” Cladera y los grupos de Rubén “Bebe” Lanceta en el radicalismo es todavía demasiado alto como para que el mandato nacional sea santa palabra.

Falta una enormidad, además, para el año que viene, cuando llegue la hora del armado político real.

Con todo, un dato es evidente: la suerte de ese grupo, al menos hoy por hoy, están en manos de una sola cosa. Y eso es la posibilidad de que Cladera sea candidato a concejal.

Esa postulación –o cualquier otra que sea eficaz con la cabeza del es intendente radical al frente- es el único tractor que puede poner en aprietos al oficialismo de la Ciudad. Cualquier otro armado desperdiciará el potencial de la alianza entre la UCR y la Coalición.

Al menos si esa fuerza es más sólida que la mera coyuntura, y es capaz de llegar al año que viene.

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