Panorama Internacional / Primeros pasos de Obama, por la vía de la moderación

Hay influyentes sectores en Estados Unidos que buscarán limitar los márgenes de acción del presidente electo, a pesar del fuerte mandato de cambio que éste recibió en las urnas. Por: Oscar Raúl Cardoso
Es imposible no pensar que hay influyentes sectores en Estados Unidos que están intentando darle a Barack Obama un temprano baño de impotencia política, a pesar del fuerte mandato institucional que recibió esta misma semana. Si se pudiera sintetizar en una consigna esta intención habría que apelar a la frase "el país no giró a la izquierda" que le reiteran una y otra vez al presidente electo.

Para explicarlo en la definición de un cientista social basta con citar a Andrew Kohut del Centro de Investigaciones Pew: "Esta fue una elección donde el centro se reafirmó a si mismo. No hay señal alguna de un movimiento hacia la izquierda".

Algo de asidero tiene el enfoque porque en términos de proporciones del voto popular, los resultados del 2008 se parecen -invertidos- a los de cuatro años atrás, comicios que casi resulta redundante recordar fueron ganados por George W. Bush. Este dato no disminuye la reparación histórica que acaban de hacer los votantes -que arrastran una historia de esclavitud no tan lejana y de discriminación y olvido de minorías-, pero lo que allí suele aludirse con el eufemismo de "guerras culturales", en verdad la puja entre derecha e izquierda en los más variados terrenos, parecen tener una vigencia que Obama debe haber deseado menor.

Pero conviene alejarse de lo ideológico. De lo que se trata es que Obama atempere al mínimo su agenda de "cambio" en temas muy específicos: aumentar los impuestos de los más ricos, eliminar los obsequios impositivos que le hizo al mismo sector, reducir la carga fiscal del 95% de los ciudadanos, evitar que más dinero vaya a lo social, que se adopte un plan energético que cambie mucho las cosas, políticas de preservación del medio ambiente que reduzcan los márgenes de beneficios y encare una universalización de la protección médica sacándola de las manos codiciosas de la industria privada de la salud.

Ah. sí. Lo que se busca es mantener la mayor cantidad de privilegios de quienes llevaron a Estados Unidos -y al mundo por extensión- al borde del actual precipicio económico.

Es bueno preguntarse si Obama va a dejar que este juego gatopardista le devore las expectativas que generó o, peor aún, llegar a ser visto como un Tío Tom del presente. Es un dilema porque es preciso recordar que Obama ha prometido -junto con el cambio- convertirse en el gran sanador y unificador de la sociedad. ¿Podrá hacerlo? es la pregunta del billón de dólares, como la deuda nacional.

La situación favorece a los gatopardistas. La crisis se profundiza; impensable antes de su colapso en 1991, la Unión Soviética se desvaneció mansamente. Hoy el colapso parece suceder del otro lado: Ford y General Motors aseguran que pueden quebrar sin un rescate de fondos estatales. No hay dinero para empleo, para obras públicas, para salud pública son los argumentos reiterados ahora hasta el cansancio.

La industria bélica -el complejo militar-industrial que tan adecuadamente definió Dwight Eisenhower- tuvo sus beneficios en los ocho años de Bush y no desea demasiada revisión de las guerras en Irak y Afganistán que mantienen el gasto militar de Estados Unidos superior al del resto del mundo combinado.

Que no vaya a creer Obama que podrá repetir las experiencias de F. D. Roosevelt en 1933 y de Lyndon Johnson en 1964, porque la confianza de la sociedad en el gobierno ya no es lo que entonces era y recitan encuestas que, como una realizada en octubre pasado, muestran que solo el 17% de los estadounidenses confía en que el gobierno hará lo correcto.

Hay mentira por omisión en esto. Roosevelt fue el hombre que sacó a Estados Unidos de la Gran Depresión de los años 30 y colocó al país en la cima del poder occidental después de la II Guerra Mundial. Todo esto con regulaciones económicas, control de precios, obra pública y finalmente, sí, con la industria militar que en estos últimos años no volvió a cumplir con aquel rol. Algo similar, aunque de menor dimensión, podría decirse de Johnson y sus programas conocidos genéricamente como "la Gran Sociedad".

La tradición histórica muestra que un nuevo presidente por lo general elige mostrar primero en público a sus secretarios de Estado o de Defensa, pero Obama no podrá apegarse a esa tradición. No se trata solo de la designación de un secretario del Tesoro, sino la rápida designación de un legislador combativo, Rahm Emanuel como jefe de gabinete. Su primera reunión con asesores tuvo como foco la economía, en un día de noticias aciagas.

Estados Unidos sufrió en octubre la mayor pérdida de puestos de trabajo en 14 años (240.000).

La tasa de desempleo está en 6.5 por ciento (el 7.8 por ciento que festeja el gobierno argentino allí es un desastre) y, dicen los expertos, hay 400.000 ciudadanos que la estadística no registra porque sencillamente han dejado de buscar un trabajo que no encuentran.

Sus primeros anuncios ayer parecen haber sido cautos más que moderados. Por lo pronto recordó que Bush seguirá siendo presidente durante algo más de dos meses y de un modo calmo ratificó sus propuestas de campaña, incluyendo reforma impositiva, salud y asistencia social. Quizá es posible aun encontrar en Estados Unidos una dirigencia que devore el sistema capitalista con la codicia como hambre. Quizás.

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