PANORAMA INTERNACIONAL / EE.UU: el peor momento para ganar las elecciones

Quien triunfe en los comicios del martes deberá encarar una tarea ciclópea y, tal vez, conducir la forzada renuncia de los Estados Unidos a su rol de hiperpotencia.

Por: Oscar Raúl Cardoso

Desde la perspectiva de las encuestas nacionales -y de la "encuesta de encuestas" que ensayan algunos medios como CNN- la campaña presidencial estadounidense que culminará el martes parece haberse convertido en la clase de puja que uno no puede ganar (John McCain) a menos que el otro contendor (Barack Obama) cometa el error de su vida y la pierda. Si esto no sucede, que la Casa Blanca vuelva a tener un ocupante demócrata es una posibilidad abrumadoramente mayoritaria.

'Tiene aún esperanzas fundadas McCain cuando está no menos de siete puntos porcentuales detrás de Obama en los principales sondeos? El está convencido de que se puede ganar y, entre otros casos, cita el del demócrata John Kerry derrotado en el 2004 por George W. Bush quien en esa oportunidad obtuvo su segundo mandato. Kerry mantuvo en las últimas semanas una ventaja de dos puntos porcentuales para luego perder en el voto popular.

McCain y los suyos están ahora dedicados a una alquimia que pretende arrancar algún estado azul (demócrata) y a evitar que Obama le birle los estados colorados (republicanos). No es más sencillo que lo que hacían los alquimistas de la antigüedad: transformar cualquier metal en oro.

Pero el 2008 no es el 2004. Lo de Obama -impecable proyección de una imagen de estrella de cine en la política y eficiente apropiador de contribuciones económicas- se parece en este tramo final a una profecía a punto de cumplirse a sí misma. El clima es de victoria demócrata en ciernes y, después de embestir contra Obama desde cualquier ángulo -socialista que pretende repartir la riqueza, inexperto para asumir el gobierno de la hiperpotencia, amigo de terroristas, como el profesor Bill Ayers ex militante de los insurgentes Weathermen en los 60 y 70- McCain tiene poco que mostrar como resultado.

Obama ha tenido más suerte con argumentos más sencillos. Retratar a McCain como un adlátere de George W. Bush y de sus políticas resultó menos agresivo y más cierto que las andanadas del candidato republicano. Prometer una reforma impositiva que equilibre las cargas entre sectores sociales y a favor de los menos opulentos es atractivo en estos tiempos de tormenta económica y social.

Lo que McCain no ha podido lograr es que la sociedad olvide que sólo en lo que va de este año Estados Unidos ha perdido más de 700.000 puestos de trabajo en lo que lo expertos describen como el inicio de un proceso de destrucción laboral. Tampoco que un ejecutivo gana hoy un 90% más que el empleado en el otro extremo de la jerarquía empresaria ni olvidar que esa diferencia, hace 25 años, era de menos del 20%.

Cualquiera de las fórmulas que triunfe el martes en las urnas -McCain-Sarah Palin; Obama-Joe Biden)- la tarea que deberá encarar es ciclópea tan sólo para evitar que los augurios más oscuros, una reiteración de la devastadora crisis que se inició el 29, no se vuelvan realidad. Y quizá como parte de ese proceso le toque conducir la forzada renuncia al rol de hiperpotencia -la definición es del antiguo canciller socialista francés Hubert Vedrine- que se autoasignó cuando la implosión de la URSS.

Un pensador posmoderno definiría este hecho como prueba de que Jean François Lyotard tuvo razón cuando escribió que la humanidad había perdido la fe en las "metanarrativas" de la historia -aquellas organizadas en función de consignas totalizadoras, como libertad, etcétera- y que ahora sólo quedaba la incertidumbre como materia de toda decisión humana. Si la consigna de la metanarrativa de Estados Unidos fue la del faro de la democracia -que mantenía encendido una república de leyes, como lo definió John Adams- que iluminaba y guiaba a todo el planeta hay que convenir que esa luz se ha vuelto, por ahora, mortecina en el mejor de los casos.

Una pregunta que conviene hacerse para no creer que esto es una suerte de gran espectáculo que la historia está ofreciendo a quienes estamos geográficamente distantes del epicentro de esa crisis económica y social: 'Puede algún habitante del alguna región o nación del planeta declararse inmune a lo que está sucediendo en Estados Unidos y creer que puede permanecer al margen de la decisión que los votantes estadounidenses adopten el martes? La respuesta es breve: no.

Copyright Clarín, 2008.

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