PANORAMA INTERNACIONAL / Como la Camorra en Italia, el narcotráfico en México

El crimen organizado y la violencia se despliegan en tierra azteca, mostrando una lógica que corroe a los aparatos de poder. Este fenómeno desafía a los estados democráticos.

Por: Oscar Raúl Cardoso

En un país como la Argentina en que el precursor químico "efedrina" parece abarrotar las noticias de cada día y en que ciudadanos mexicanos aparecen aquí ligados al narcotráfico, resulta útil considerar el dilema que tiene atrapado a Felipe Calderón.

Al asumir en el 2006, el presidente de México adoptó una política en extremo activa -poco usual en su país- para combatir al crimen organizado y a la violencia que este despliega. Parte de esa iniciativa implicó la movilización de unos 44.000 policías y soldados para participar de la lucha en distintas ciudades.

Dos años después Calderón no puede mostrar demasiado por el esfuerzo. Solo en lo que va de este año los muertos por aquella violencia suman unas tres mil personas y, algo que no sucedía hasta ahora, la sociedad comienza a responsabilizar a su gobierno por ineficacia en el combate contra el crimen.

El reclamo popular de mayor seguridad está presente desde hace mucho pero, hasta ahora, la imagen presidencial se había preservado en las encuestas.

No más. Junto con el golpe de la crisis en la económica internacional, la acción del crimen organizado en México -con el narcotráfico como principal foco- están diluyendo el consenso de Felipe Calderón y su partido el PAN de centroderecha teme que esto le robe las posibilidades de triunfo en las elecciones intermedias del año entrante.

Las historias de la violencia son abrumadoras, ni siquiera comparables con la peor época de los carteles colombianos en los años 80. Tijuana, reputada como la ciudad más violenta del país acusó unas sesenta víctimas en menos de un mes. Este año han incluido el asesinato de una familia numerosa, incluyendo niños y doce cadáveres decapitados. Los secuestros han crecido un cuarenta por ciento entre el 2005 y el 2007, de acuerdo con las estadísticas estatales que, alegan los expertos, no cubren una gran cantidad de privaciones de la libertad que no se denuncian.

No es sólo la sangre. La Secretaría de Finanzas mexicana concede que la actividad criminal priva cada año a México de un punto de crecimiento de su producto bruto y aumenta los costos operativos de las empresas entre cinco y diez por ciento anuales.

La tasa de crecimiento para el 2008 está estimada hoy en menos del dos por ciento según los especialistas, mientras que la inflación ha superado por sexto mes consecutivo el tope fijado por el Banco Central (dos a cuatro por ciento). Está hoy en algo más del cinco por ciento con especial concentración en productos básicos como los alimentos que también han provocado protestas populares. El 30 de agosto multitudes tomaron las calles en más de cincuenta ciudades mexicanas para repudiar el asesinato de un joven de 14 años -hijo de un empresario- a manos de sus secuestradores.

Uno de los limitados éxitos que el gobierno exhibió fue la captura en Tabasco del principal jefe de la organización narco de esa región. El logro resultó empañado cuando se reveló que el criminal había sido también un miembro de las fuerzas de seguridad. Los signos de maridaje entre las organizaciones criminales y el poder siguieron; cinco comandantes de la Policía Federal fueron separados de sus cargos recientemente, acusados de estar en la nómina de sobornos de los narcotraficantes.

Este es el punto crítico: la infiltración criminal en las estructuras de poder de las naciones, un fenómeno que está lejos de ser sólo mexicano. En China y Afganistán esa sociedad non sancta es muy intensa y lo mismo puede decirse históricamente de las cinco organizaciones criminales mayores de Italia.

Con un dato adicional para la alarma: todas ellas se han adecuado a la globalización y aprendido a aprovechar sus rasgos para sus actividades. Roberto Saviano publicó hace poco un muy interesante estudio ("Gomorra: Un viaje personal al violento imperio internacional del sistema criminal de Nápoles") que le ha costado una serie de amenazas de muerte de su objeto de estudio: la Camorra.

Saviano muestra en ese texto cómo la Camorra maneja el contrabando de productos chinos en Italia, realiza préstamos de usura, importa armas de Europa internacional que vende luego a, por ejemplo, los insurgentes vascos. Sus operaciones de lavado de dinero involucran puntos geográficos tan diversos como Miami, Taiwán y Gales del Sur. Todo esto además de los más clásicos "negocios" como la prostitución y el narcotráfico. Es interesante destacar una de las conclusiones del autor: "La lógica del negocio criminal coincide con la del neoliberalismo más agresivo".

Lo que estos signos marcan es algo que muchos especialistas vienen anunciando como uno de los mayores desafíos cercanos para los sistemas democráticos: la continuada infiltración del crimen organizado en cuyo seno el narcotráfico tiene capacidad para infligir violencia y, al mismo tiempo, suficiente dinero como para tentar a individuos y organizaciones. Un militar argentino que pasó tiempo en Bolivia solía explicar su experiencia del siguiente modo: "Hay pocos generales que resistan un cañonazo de un millón de dólares". Pocos civiles también.

La evolución de la situación mexicana presente revelará mucho sobre ese futuro y debería ayudar a comprender que el problema se extiende mucho más allá de las fronteras de ese país.

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