PANORAMA ECONOMICO / Corralazo

El Gobierno recurrió a la modalidad más tradicional para su financiamiento: la apropiación de los ahorros de la población. Cóctel explosivo para 2009. Por Marcelo Batiz - Columnista de DyN.
BUENOS AIRES.- “El Estado es impersonal, el argentino sólo concibe una relación personal. Por eso, para él, robar dineros públicos no es un crimen. Compruebo un hecho, no lo justifico o disculpo”. Así lo escribía hace medio siglo Jorge Luis Borges, en una inocente nota al pie previa a la sucesión de confiscaciones que domi- naron la historia del país y degradaron el ahorro y la previsión a la categoría de bromas de mal gusto.

Este año comenzó y termina con el mismo afán oficial de hacer caja a toda costa. Pero si la renta extraordinaria que representaban las espectaculares cotizaciones de la soja ya se redujo a casi la mitad y corre el riesgo de profundizar su caída en los meses venideros, no es cuestión de quedarse resignadamente con los brazos cruzados.

Después de todo, el sistema previsional fue a lo largo de varias décadas la tabla de salvación de más de un gobierno con problemas financieros. Y lo sigue siendo, a juzgar por los $ 4.650 millones en letras que le hicieron suscribir a la Anses en lo que va de 2008.

Este año cerrará con superávits fiscal y comercial sin apremios financieros de consideración. Todo lo contrario de lo que se prevé para 2009 en cualquier parte menos en la Subsecretaría de Presupuesto y los bloques kirchneristas de diputados y senadores. La caída en los precios de los commodities, en especial la soja, representará un derrumbe en los ingresos por exportaciones, que economistas pronostican será de unos U$S 10.000 millones. Dada la composición de la estructura tributaria argentina, también el resultado fiscal se verá afectado: sólo téngase en cuenta que el superávit primario de agosto fue exactamente igual a los ingresos por retenciones. La menor liquidación de divisas por exportaciones tendrá su incidencia indisimulable en el nivel de reservas, en tanto la desaceleración de la inflación real se reflejará en una merma similar en el crecimiento de la recaudación.

El broche de oro de este coctel explosivo lo dará la imposibilidad de acceder al mercado de capitales a tasas razonables, más allá del canje diseñado por tres bancos que aportará un leve alivio financiero que no alcanzará a compensar lo que se perderá en los frentes fiscal y de comercio exterior. Con vencimientos por U$S 20.000 millones, los riesgos de un default ya dejarían de ser las afiebradas profecías de los agoreros de siempre.

Y el Gobierno recurrió a la modalidad más tradicional para su financiamiento: la apropiación de los ahorros de la población. En esto hay que apartarse del error conceptual que subyace en la mayoría de las discusiones por estos días: el dilema no es Estado o AFJP sino reparto o capitalización, o, si se prefiere un fondo común o cuentas personales. Si el propósito real del Gobierno hubiera sido corregir las imperfecciones del régimen de capitalización, nada habría impedido que los afiliados a las AFJP sean traspasados a la Anses pero manteniendo sus cuentas individuales a futuro, tan individuales como los salarios de cada trabajador.

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