Un panorama bastante incierto

Cuando la cadena comienza a formarse arrastra a todos consigo. Ésa es la sensación que genera el paro de actividades de los trabajadores petroleros. Ésta parece la última instancia de una discusión que no será sencilla y que tiene resultado incierto. Si sale mal, entonces la crisis se habrá instalado nuevamente en Cutral Co y Plaza Huincul.
En medio de tanta preocupación, sobre todo de aquellos que ven cómo peligra su trabajo, es positivo que todo esté en su lugar: que los intereses del gremio se opongan a los intereses de las empresas. En Cutral Co y Huincul, seguramente en otras localidades como Catriel y Rincón de los Sauces, se recordará la huelga que terminó con los despidos masivos previos a la privatización de YPF. Aunque nadie lo confirmó nunca, todas las sospechas apuntan a un acuerdo entre la dirigencia de SUPE y los directivos de YPF para que la historia terminara como terminó, con cientos de trabajadores en la calle.

Como pasó en aquella oportunidad, la ciudadanía en general todavía no asume las implicancias de este problema. Porque la economía del pueblo florece al mismo tiempo que los sueldos de los empleados petroleros y pasa lo contrario cuando se pierde el poder adquisitivo. Salvo el intendente Ramón Rioseco, que expresó su solidaridad con la medida, no hubo reflejos en las organizaciones sociales para apoyar el paro de actividades. Todavía la preocupación no llega a todos los sectores, se circunscribe a los familiares de los suspendidos (que son cada vez más) y a aquellos que tenemos memoria de lo que ocurre cuando no hay trabajo en el petróleo.

Una señal que comienza a ser evidente es la cantidad de oferta inmobiliaria que existe en la zona. Hasta hace pocos meses un departamento de mínimas dimensiones no bajaba de los 1.500 pesos por mes y prácticamente era imposible encontrar uno. Pero ahora se escuchan ofertas de las más variadas para alquilar dormitorios, departamentos y viviendas. Es verdad que muchas familias consiguieron su terreno y construyeron su propio hogar, pero también es cierto que disminuyó considerablemente la demanda de la industria.

En esta relación de amor-odio entre los petroleros y el resto de los ciudadanos es posible que muchos crean que nos irá mejor ahora. Son los que dicen "siempre las cosas salen más caras por los sueldos de los petroleros", y otras frases por el estilo. Es cierto, pero si no hay trabajo en el petróleo no hay trabajo para las empleadas domésticas, para los albañiles, para los empleados de comercio… El bolsillo de todos pasa a ser más flaco, y nos estancamos en vez de crecer.

Con este panorama será mejor que los dirigentes se unan en vez de pelearse. Fueron lamentables los cruces entre el secretario general del Sindicato del Petróleo y Gas Privado de Río Negro y Neuquén, Guillermo Pereyra, y el diputado provincial Eduardo Benítez, porque no aportan soluciones y sí desgastan la credibilidad de la gente que espera posiciones serias y firmes de parte de sus autoridades.

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