El panorama agropecuario actual luego del paro

Dos reconocidos ingenieros agrónomos de Junín diagnostican la realidad del campo en nuestra zona. En agricultura la situación es aceptable, en la ganadería es regular y en la lechería es mala.
Dejando de lado las cuestiones políticas y gremiales, DEMOCRACIA convocó a Gustavo Franco, vicepresidente de la Asociación de Ingenieros Agrónomos de Junín, y a su colega Javier Belligoi, para analizar técnicamente cuál es la situación actual del campo en nuestra zona, y evaluar qué es lo que se puede esperar en el futuro.

Trigo, maíz y soja

Actualmente se está en medio de la campaña de trigo, que se sembró entre mayo y junio y se empezará a cosechar a finales de noviembre o diciembre. Si bien el panorama no es el ideal, hay datos que pueden ser en algún punto alentadores.

Es que, aunque la cantidad proyectada en cuanto a trigo y maíz no es de un volumen importante, es factible suponer que se mejorará con respecto al año anterior. Claro que esta comparación está hecha en referencia a un período que fue crítico y marcó un piso muy bajo.

Belligoi analiza que "hoy uno al trigo lo ve bien, porque es una época en donde consume poco agua", aunque aclara que "a partir de ahora, que es cuando empieza a encañar y a tener más consumo, si no tenemos una lluvia importante, los cultivos van a comenzar a demostrar estrés y van a relegar rendimiento".

Sin embargo, Franco apunta que "este año, en las dos primeras semanas de julio, en Junín y alrededores, llovieron entre 60 y 70 milímetros. Hay que tener cuidado con 'el negocio del clima', porque no es un factor lineal, y a veces vienen especialistas o los productores asisten a una conferencia en donde gente con mucho prestigio pronostica que, por ejemplo, hasta octubre no va a llover. Si vos estás en junio, estás por sembrar trigo o cebada y te dicen eso, y encima ves que hay una gran intervención en el mercado, decís 'no siembro'".

Según los especialistas, el rinde del trigo en la campaña pasada estuvo en el orden de los 28 a 30 quintales por hectárea, lo que significó una merma importante en relación al trienio anterior, cuando la aplicación de tecnología más la disponibilidad de agua maximizaron el potencial agrícola de la región.

Franco detalla cómo se dio la baja: "Yo tengo una muestra de 8 campos que suman casi 2 mil hectáreas de cosecha fina; la siembra de trigo y cebada conjunta bajó del 2007 al 2009 un 29 por ciento, y de 2008 a 2009, un 15 por ciento. Es decir que se amesetó la caída".

No obstante, asegura que la situación está "igual o mejor que el año pasado a esta altura en cuanto a las perspectivas de rinde". Es que al ser éste un "año niño" -es decir influido por la corriente oceánica de "El Niño"- se espera un clima más húmedo.

A pesar de esto, para la campaña de maíz, que debería empezar a sembrarse entre la tercera semana de septiembre y la segunda de octubre para no resignar rendimiento potencial, Belligoi estima que "hoy estamos en un 50 por ciento debajo de la reserva de agua que históricamente tenemos en el suelo, esto hace que el riesgo ya sea alto desde el vamos porque el rendimiento de base es muy bajo". Por eso considera que para recargar ese perfil se necesitarían más lluvias antes del 10 de octubre. Aunque más allá de los cálculos pluviales, augura que "de acuerdo con los pronósticos climáticos, la expectativa es que esta campaña va a ser mejor".

El siguiente peldaño es la campaña de soja, en donde se estima un crecimiento importante en referencia al año pasado. Franco explica claramente por qué se da la paradoja de que el discurso oficial de la des sojización, en los hechos va en sentido contrario: "Si hay mucha soja y el precio es alto, como estuvo valiendo este último año, con el 35 por ciento de retenciones, a 18 ó 20 millones de hectáreas sembradas, es muchísima plata; y como es el cultivo más eficiente, con menos costos y menos riesgos, al productor, mal que mal, le sigue cerrando. Y a su vez tiene otra ventaja para el Gobierno que es que si sube mucho el precio no le impacta en los índices de inflación o pobreza, porque no se consume internamente. Cierra perfecto que cada vez haya más soja y es lo que va a pasar este año".

Situación general

Al margen de cuestiones climáticas, según la mirada de Belligoi el panorama general indica que las dificultades están presentes, ya que "disminuyó la tecnología aplicada, básicamente fertilizantes, y esto es una cuestión de reducción de costos por la situación financiera, porque las agronomías no están financiando, el productor puede financiarse muy poco con los bancos, entonces eso hace que tenga que pagar de contado o en un muy corto plazo. Como quedó mal financieramente de la campaña pasada, no puede invertir. Por eso se va a hacer lo mínimo indispensable y sembrar los cultivos con una tecnología inferior con respecto a lo que se venía utilizando".

Desde la óptica de Franco, para hacer un balance integral hay que tener en cuenta los aspectos a favor y en contra.

Los puntos positivos son "que es un 'año niño'; hay una caída de los precios de los insumos -los fertilizantes fosforados pasaron de un pico de casi 1400 dólares por tonelada el año pasado, a 400 dólares o menos ahora, los nitrogenados llegaron a valer 1000 dólares y ahora bajaron a 400-; en promedio, bajaron los alquileres de los campos; hay semillas de maíz de sobra, así que los precios están deprimidos; y descendió el precio del glifosato".

Lo negativo tiene que ver con "los problemas de calidad en la semilla de soja, ya que venimos de una mala cosecha, de poco volumen y de baja calidad, y como se va a sembrar mucho no va a sobrar; al sembrar poco trigo y poco maíz, vamos a sembrar mucha soja y esto va a acarrear que la logística tal vez no alcance a cubrir las necesidades para la soja; y fundamentalmente los problemas de liquidez, luego de lo que fue 'la tormenta perfecta' del año pasado en donde hubo conflicto con el Gobierno, una sequía muy extendida y los precios de insumos más altos de toda la serie histórica. Todo eso hizo que haya una gran cantidad de pérdida y por consiguiente, el sector hoy está sufriendo un problema de liquidez en toda la cadena. Eso redunda en menor inversión en tecnología".

Ganadería y lechería

Las dificultades registradas en la agricultura por los diferentes problemas políticos, financieros o climáti-cos que vienen soportando intervienen directamente en otras áreas del campo, como la ganadería y la lechería.

"En la ganadería está influyendo en la preñez -advierte Belligoi-, que es el porcentaje de vacas que se lograron preñar en la campaña pasada, que van a dar una idea de la cantidad de terneros que vamos a tener el año que viene. La baja se dio porque, más allá de cuestiones políticas, hace unos tres años que se está dejando de invertir para fertilizar pasturas que es lo que permite tener producción de biomasa, entonces hay menos alimentos para los animales, eso sumado a la sequía del año pasado, la producción de los pastizales se redujo a la mínima expresión, con lo cual si la vaca no tiene alimento, no entra en celo y, por consiguiente, no queda preñada".

La vaca consume una parte de su alimentación para su mantenimiento, o sea para vivir, y el excedente nutri-cional conduce a la necesidad de reproducirse, es decir que si le sobra energía, recién va a entrar en celo. Ahí radica la influencia directa que marcaba Belligoi.

En tal sentido, Franco agrega que "el dato que hay que tener en cuenta es la segunda vacunación que empieza en octubre y se extiende hasta diciembre, y comparar esos números con la misma vacunación del año pasado, ahí se va a ver una caída fenomenal".

Un razonamiento similar se puede hacer de lo que ocurre con los tambos, que están atravesando un momento aún más crítico. Así lo describe Belligoi: "Son sistemas que están muy al límite, ya que dependen de la alimentación generada fuera del tambo en sí. Generalmente las pasturas no alcanzan, entonces se utilizan silos de maíz, esto significa que cuando está el maíz en cultivo, en febrero, pican la planta entera y mediante un proceso específico, le dan eso como alimento durante el invierno, lo que permite que no caiga la producción de leche en épocas frías. Como tuvimos un verano con sequía, los silos no rindieron la biomasa que se esperaba, las pasturas ya venían castigadas desde la primavera, con lo cual no sobró producción de pasto para fabricar heno, y sumado al otoño que tuvimos que no permitió que creciera lo suficiente el verdeo, que es otra fuente de forrajes para el tambo, eso hace que ahora, y en la medida en que se demoren las lluvias, los tambos no tengan cómo alimentar a sus vacas, y vaca que no come no da leche".

Este escenario provocó, según cuenta Franco, "una caída de la cantidad de tambos en el partido de Junín y los alrededores, que es calamitosa".

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