La panificadora Furman vuelve a producir

Reabrirá sus puertas este miércoles, en Vera y Lamadrid. Repartirá 500 kilos de pan diarios a distintos comedores barriales. Los panaderos son presos y desocupados.
Norma se emociona cuando le hablan de Don Boris. "Yo lo conocí –dice– fue nuestra estrella". Habla y se le achinan los ojos. "Viste, vuelve la panadería", le anuncia a su vecina de enfrente, que se asoma por la puerta de su casa petisa, como lo son casi todas en el barrio Santa Rosa de Lima. Aluden a la panificadora Furman, un emprendimiento solidario que llegó a repartir gratis el pan a 1.200 familias vecinas entre 1988 y 2000.

Boris Furman abrió las puertas de la panificadora el 24 de noviembre de aquel año en que la hiperinflación se hacía insostenible. Hijo de inmigrantes judíos, conoció en su niñez el dolor del hambre y se prometió ayudar a los que saben de eso si algún día la moneda caía de su lado. Y lo cumplió. A los 14 años fue cadete de una sastrería. Pocos años después ya tenía su local en la calle Alsina, en Buenos Aires. En los ‘70 montó el telesférico del cerro Otto, en Bariloche, con la famosa confitería giratoria. Había hecho fortuna. Por eso, cuando la década del ’80 sucumbía –y con ella, el gobierno alfonsinista- Furman invirtió 1 millón de dólares para comprar el terreno y montar la panadería en una zona de Santa Fe que ya exhibía sus urgencias.

Durante 12 años entregó a diario y gratis 1.200 kilos de pan a los vecinos de Santa Rosa de Lima, Villa del Parque y Villa Oculta. La crisis del 2000 lo arrinconó y aquel ejercicio de filantropía generador de solidaridad quebró.

La crecida del río Salado de 2003, que inundó un tercio de la ciudad, fue el tiro de gracia. El agua y el barro malogró las máquinas e instalaciones. El Ente de Reconstrucción otorgó un subsidio de $40.000 para resarcir el daño, pero el emprendimiento siguió parado.

El año pasado, una propuesta interministerial del gobierno de Santa Fe a la Fundación Sara Furman permitió concretar su último deseo: reabrir la panadería con idéntica misión.

El hombre que se había prometido ayudar a la ciudad murió en abril de 2007, a los 90 años, en Buenos Aires. "Lo va a festejar desde el cielo", respondió Norma cuando se le informó que el miércoles 15 se firmará el convenio entre el gobierno provincial y la Fundación. Ese día los hornos volverán a encenderse.

PANADEROS. El staff inicial estará integrado por seis operarios, designados por las diferentes áreas estatales intervinientes: dos serán convictos en régimen de salidas transitorias o laborales, seleccionadas por la Dirección de Asuntos Penitenciarios; otros dos serán ex presos, elegidos por la Dirección de Asistencia Pos Penitenciaria; y el Ministerio de Promoción Social designará a dos desocupados que participan de sus programas de capacitación laboral. Así quedará formada esta brigada de panaderos que trabajará en turnos de cuatro horas diarias. Cada uno cobrará una beca de $ 500 y tendrá cobertura integral. Los coordinará un maestro del oficio.

Seis nuevos panaderos no alcanzarán a bajar el índice de desempleo, pero tal vez formen una buena experiencia para reproducir.

INCLUSIÓN. La reapertura se hará a través de un convenio que firmarán los representantes de la Fundación Sara Furman y el Ministerio de Promoción Social, la Secretaría de Asuntos Penitenciarios del Ministerio de Seguridad, y la Dirección de Asistencia Pos Penitenciaria, en la órbita del Ministerio de Justicia. La Fundación cederá en forma de comodato gratuito el edificio ubicado en Vera y Lamadrid. Los costos operativos y laborales estarán a cargo del Estado santafesino.

"El proyecto es reinstalar un edificio que para el barrio tiene un sentido muy fuerte. Esta vez se pone en marcha como un proyecto de capacitación. Las personas trabajarán por un tiempo determinado y producirán 500 kilos de pan por día que serán distribuidos en forma gratuita a comedores barriales", explicó a Critica de Santa Fe el ministro de Promoción Social, Pablo Farías. "Podemos imaginar en el futuro otro turno, con otra brigada que produzca una cantidad similar, es el modelo que tenían en Furman cuando estaba operativa", recordó Leandro Corti, secretario de Asuntos Penitenciarios.

La panificadora siempre estuvo "a punto de reabrirse", según las crónicas periodísticas de los últimos años, fundadas en expresiones tiradas al voleo por parte de funcionarios de turno. Las conversaciones en serio empezaron a comienzos del año pasado. "Las gestiones nunca se interrumpieron, sino que demandaron más tiempo del que se hubiese deseado. Ahora es una realidad", señalaron voceros de la iniciativa desde Bariloche, donde la Fundación Furman tiene su sede.

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