Pánico en Haití: la tierra volvió a temblar

Pánico en Haití: la tierra volvió a temblar
Una réplica de 6,1 grados, la mayor desde el devastador terremoto del martes 12, causó más daños y aterrorizó a Puerto Príncipe
PUERTO PRINCIPE.- Seis segundos les fueron suficientes a las entrañas de Haití para volver a sembrar el pánico en la castigada Puerto Príncipe. Ayer a las 6.05, cuando el sol asomaba, la tierra volvió a crujir en la ciudad y sus alrededores, en la réplica más fuerte del potente terremoto que devastó la capital haitiana la semana pasada.

En distintos barrios de la ciudad, el temblor, de 6,1 grados en la escala de Richter, con epicentro unos 60 kilómetros al oeste-sudoeste de la capital, provocó el derrumbe de varias edificaciones que ya estaban severamente dañadas. Esta vez sólo se reportaron algunos heridos porque, por temor a los remezones, miles de personas que aún conservan sus hogares prefieren vivir en los campos de refugiados que se montaron en cada calle, plaza o parque de Puerto Príncipe. Otros lo hacen porque no tienen elección: ya lo perdieron todo.

"No tenemos alternativa. Toda la gente aquí vive en tiendas precarias, en muy malas condiciones. Tenemos mucho temor a volver a vivir en una casa", dijo a LA NACION el joven Robert Etienne, que vive en una polvorienta calle del barrio de Delmas. Allí, donde casi no quedan veredas por la acumulación de escombros, cuatro edificios bajos quedaron reducidos ayer a ruinas. También en el centro de la ciudad y en el empobrecido suburbio de Tijo hubo derrumbes. En ambos casos se registraron algunos heridos.

En Carrefour, a cinco kilómetros de Puerto Príncipe, el nuevo temblor se sintió con más fuerza que en la capital. Varias personas quedaron atrapadas por el derrumbe de sus casas, según informaron a LA NACION policías apostados junto al Palacio Presidencial. Y en Leogane, que quedó destruida en un 80% la semana pasada, la réplica destruyó lo poco que quedaba en pie.

El sacudón de ayer cayó como un mazazo sobre miles de desesperanzados haitianos en los barrios más profundos de Puerto Príncipe, adonde aún no ha llegado ni una migaja de la ayuda internacional.

"Ya pasaron ocho días del terremoto y no recibimos ni agua ni comida. Nunca vimos efectivos ni de Estados Unidos ni de las Naciones Unidas. ¿Dónde están?", preguntó con resignación Hughes Orihonne, un haitiano de 38 años que hace casi dos años está desempleado. "Un día después del terremoto, fui padre por décima vez. La beba y su madre no están bien. Viven como homeless , como todos aquí en Delmas, y necesitan medicamentos y atención urgente", añadió.

En cada calle que cruza la avenida Delmas, ayer atiborrada de autos y gente con bidones, porque volvió a venderse combustible en las estaciones de servicio, los haitianos muestran aún sus improvisadas banderas con las súplicas por ayuda: " We need help, please ", "SOS give us help please ", " People need water, food and medicines ".

En el predio que ocupaba una fábrica de hielo, que quedó inservible por el terremoto, unas 300 familias se apiñan sobre sábanas, a la espera de un milagro. "Tenemos hambre y sed. Hay gente muy enferma aquí", dijo a LA NACION Toussaint Leouc. "La gente del barrio sufrió un gran susto por el temblor de ayer". Aún tienen fresco el recuerdo de la muerte de unos 200 alumnos y profesores que quedaron sepultados bajo los escombros en una escuela. Ningún equipo de rescate llegó hasta allí, señaló Leouc, que tampoco ocultó su miedo a volver a vivir en una casa. "Ya entendimos que aquí se puede morir en cualquier momento."

En la misma calle, una señora sentada a la sombra mira el cielo. Algunos vecinos la acompañan para contenerla. Pero nada alcanza para dar consuelo a Scharité Bonnel. En el terremoto, su hija mayor, de 26 años, la única que estudiaba en la universidad entre sus ocho hijos y la gran esperanza de Scharité, murió al derrumbarse el aula en la que tomaba la clase de medicina. Le faltaba poco para recibirse.

"No tengo más fuerzas -dijo Bonnel a LA NACION entre lágrimas-. Todo lo que tenía se lo daba a ella para que pudiera estudiar y ahora no me quedó nada." Sus otros siete hijos varones sobrevivieron a la tragedia.

Entre tanto dolor y sufrimiento de los pobladores de Puerto Príncipe, Estados Unidos no detiene su amplio despliegue militar en la capital y la ayuda ya empieza a llegar a más y más gente. Organizaciones de auxilio internacional aceleraron además el envío de asistencia a cientos de miles de sobrevivientes hambrientos y desamparados.

Decenas de soldados norteamericanos se sumaron ayer a las tropas que habían descendido en el Palacio Presidencial y ya controlan militarmente el hospital general de la ciudad, según comprobó LA NACION. Sólo acceden los heridos por el sismo.

"Vinimos a ayudar a los haitianos en lo que necesiten. Trajimos medicinas y algunos doctores. Estamos para brindar seguridad, para que los enfermeros puedan trabajar con tranquilidad", dijo un soldado norteamericano de la División 82, que anteayer descendió de un helicóptero en los jardines del Palacio Presidencial. "La mayoría nos recibió muy bien", contó el soldado. Sin embargo, cientos de familiares de los haitianos heridos se quejan de que no pueden ingresar en el hospital a visitarlos y de que no reciben información de los traslados de los pacientes.

"No estamos contentos con los norteamericanos aquí. Si quieren ayudar, ¿por qué están tan armados?, se quejó John Lucsouvere, de 38 años. Frente a él era incesante el andar de camiones norteamericanos cargados de tropas.

La tragedia, día 8

* Réplica: un sismo de 6,1 grados sacudió ayer de nuevo a Haití y provocó pánico.

* Rescates: equipos de socorristas rescataron a cinco personas, con lo que el número total de rescatados se eleva a 121.

* Ayuda: los saqueos disminuyeron tras el desembarco de las tropas de EE.UU., pero la distribución de la ayuda sigue lenta. Miles de haitianos continúan tratando de abandonar el país.

Comentá la nota