Pandemia tucumana

El gobernador puede enviar a Koltan a Buenos Aires, a que se una al equipo que partió junto a Manzur y lo ayude con las obras sociales. La Justicia y la "re-re".
El diccionario dice que la pandemia es la enfermedad epidémica que se extiende a muchos países o que ataca a casi todos los individuos de una localidad o región. La Casa Rosada ya sufre síntomas de la pandemia tucumana que invadió el Ministerio de Salud de la Nación.

Eran las 17 del histórico domingo pasado y Cristina Fernández de Kirchner ya sabía que los votos daban un mensaje desfavorable para ella y para su marido. Los Kirchner sentían que había empezado el final.

"José ahí te mando uno de los Tango para que lo traiga a Juan Manzur". Cristina pensaba en el día después de la catástrofe. El ahora ex vicegobernador veía cumplido su sueño y volvía a Buenos Aires por la puerta grande. La Presidenta, aturdida por los comicios, echaba mano a la cantera alperovichista.

Era seguro recurrir a la "Calafate del Norte" -como le empiezan a decir algunos opositores a Tucumán-, porque Alperovich no le diría que no. El desaire al kirchnerismo todavía no figura en los modales del gobernador tucumano. La Presidenta necesitaba un lugar seguro, porque los desplantes ya empezaron en la política nacional. Según Ramón Puerta, kirchnerismo/peronismo es una rima disonante.

Antes de que los relojes dieran las 18, Manzur ya estaba con su bolsito en la pista del aeropuerto. Al otro día, empezaron a viajar las maletas más pesadas. Todas pasaron por el scanner alperovichista antes de que suban al avión. A Eduardo Garvich le pusieron un sello de frágil, porque tal vez es a quien más quiere cuidar; luego pasaron José Gandur y otros expertos en el manejo administrativo. Ellos llevan su equipo. Son los mismos hombres que cuidaron la caja en aquellas épocas en las que José Alperovich era la mosca blanca (y radical) del gobierno híper peronista del ahora melenudo Julio Antonio Miranda.

Los hombres que se fueron a secundar a Manzur son los mismos que primero ayudaron a manejar las finanzas del Estado, y que después aportaron la estrategia para que Alperovich administrara Obras Públicas y, más tarde, algunas cuestiones de Educación. Poco tiempo después se convirtió en súper ministro cuando inventó aquel pacto social por el que pagaba los sueldos de los municipios y más adelante era candidato a gobernador peronista. Cuando fue reelecto gobernador mandó a sus "notables" a controlar los números en la Legislatura que había dejado el hoy despeinado político Fernando Juri.

Todas estas experiencias no pueden pasar inadvertidas cuando el alperovichismo ha hecho su desembarco en la política nacional. Ha comenzado a jugar en primera.

Estos no serán los únicos jugadores que se beneficiarán con el ascenso. El director técnico sabe que Hugo Moyano es un jugador que, si tiene la pelota (se la había quitado a la ex ministra Graciela Ocaña), puede hacer estragos. Por eso, este fin de semana mandó a precalentar a Mario Koltan. El será el hombre encargado de marcar la franja de las obras sociales.

Koltan dejará la Caja Popular, pero su sillón ya tiene nombre y apellido. Por las dudas, el elegido no comprará traje para la asunción porque le han quedado algunos sin estrenar. Francisco Sassi Colombres es el candidato número uno para manejar la única entidad crediticia que le dejó la ola privatizadora del menemismo a Tucumán.

Puntos de la discordia

No todas son flores para el gobernador. Después de las elecciones del domingo, Alperovich es un equilibrista que camina por la mitad de la cuerda. En una punta está la provincia y su control absoluto de Tucumán y del peronismo y adelante un pedestal nacional. Nada tiene seguro hoy. Está en el medio y no van a faltar los que de una u otra punta le muevan el cable. Alperovich ha subido alto. Su trabajo y la vagancia de sus antecesores y rivales han sido una alfombra roja más que una escalera con obstáculos. Pero ahora que está arriba, los riesgos son demasiados.

Por eso no pudo festejar el domingo. La elección se le dio casi exactamente como se lo había preanunciado su gurú Hugo Haime. Es que aparentemente no escuchó con atención al mago que suele trasladarlo. El le había advertido que la animadversión kirchnerista le provocaría algunos dolores de cabeza. Juri sacó el porcentaje anunciado (10 puntos) y el mimado Ricardo Bussi (sólo despotricó contra los K en la campaña y no dijo ni una palabra de la política local) obtuvo el 8 por ciento anunciado. El pueblo -que no sabe de equivocaciones- eligió a José Cano y a Juan Casañas, dos auténticos trabajadores opositores de la política provincial y nacional, respectivamente. La coalición radical-campestre obtuvo, curiosa y precisamente, los puntos que perdió el oficialismo y que los encuestadores habían anunciado. Peronistas traviesos y antikirchneristas lo hicieron posible.

No son estos problemas los que desvelan al titular del Poder Ejecutivo. Si avanza en su cuerda floja en algún momento deberá definir qué hace con el amor kirchnerista. Después de la instalación de Manzur sigue pegando la "Calafate del Norte" con la Rosada. Sin embargo, no puede desconocer que para sobrevivir, en algún momento debería abandonar a los K. "El peronismo no banca perdedores, los defenestra", suele repetir un estudioso aprendiz de la historia justicialista.

Eso fue lo que Alperovich olfateó cuando Daniel Scioli lo llamó a la mesa chica del peronismo. Es más chica que una mesa de luz, y esas reuniones sólo sirven para despotricar contra los K; pero no para interpretar y dar respuestas a lo que la sociedad dijo en las urnas. Basta de prepotencia, se necesita un país con mayor armonía y diálogo; y para cualquiera de esos preceptos, Scioli es hoy un perdedor más, sin poder para cambiar nada. Tal vez debería dedicarse a gobernar Buenos Aires antes que tratar de unir el agua con el aceite.

No habrá reforma

Si Alperovich da vuelta en su cuerda y vuelve su mirada a la provincia sabe que la re-reelección es su meta. Los comicios han sido absolutamente claros. Las papeletas que salieron de las urnas le avisaron que no puede plantear una reforma de la Constitución. Se caería del cable casi en el mismo momento en el que estampe su firma en la convocatoria. También le dijeron que Beatriz de Alperovich ya tiene su techo con la senaduría. Los ciudadanos cansados de LOS K no aceptarán a LOS Alperovich. Además, la merma de votos no es sólo de un sector de la clase alta o media, disconforme; también de algunos peronistas que supieron decirle al mandatario que están vivos y que no les gusta tan poco peronismo en algunas áreas del Estado, ni dentro del mismo PJ.

Por todo esto, no insistirá con la reforma de la Constitución. Sin embargo, espera que la Justicia resuelva a favor el planteo en contra de su posible re-reelección. En el caso de un fallo desfavorable, los "sijosesistas" están seguros de que por lo menos tres votos de la Corte están con ellos en el aval del texto constitucional, que advierte que este mandato debe ser considerado como el primero.

Obstáculos elegidos

Por ahora, Alperovich hace equilibrio. Sabe que los primeros obstáculos provinciales serán nada menos que sus dos elegidos. El diputado electo Osvaldo Jaldo y Sergio Mansilla. El primero quiere quedarse en Tucumán, por las dudas su ruta política tenga un desvío hacia la candidatura a gobernador. El segundo también tiene ganas de decirle no al Senado. Es que lo entusiasma ocupar el cargo que Manzur dejó vacante.

El mandatario tiene tiempo hasta diciembre para tomar decisiones. Sin embargo la velocidad de hoy hace que los hombres deban resolver antes de lo pensado cualquier cuestión. Así, la mal llamada gripe A (debería llamarse mexicana o norteamericana, como se denominó la española o la asiática cuando estallaron en esas zonas) ha sido sabiamente útil -contrariamente a los síntomas- para sacarle la fiebre al kirchnerismo por los comicios y para calmar los dolores de cabeza de Alperovich.

La pandemia tucumana sigue expandiéndose en la Rosada, de la gripe méxico-norteamericana, de la fuerza de Manzur y de las debilidades K depende que continúe contagiando.

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