De Panamericana a la 9 de Julio, tránsito caótico por una marcha

El gremio SMATA se movilizó para rechazar suspensiones en las automotrices. Lo hizo en dos caravanas de 16 micros a marcha lenta y luego a pie. Se generaron colas de hasta 10 kilómetros y llegar de San Fernando al Centro llevó 90 minutos.

Por: Pablo Novillo

Una marcha que comenzó en la Panamericana y llegó hasta el Centro provocó en la mañana de ayer un gigantesco caos de tránsito y volvió a poner en discusión las dificultades que hay para controlar la ocupación del espacio público.

La protesta fue organizada por el gremio SMATA, en reclamo de un aumento y para rechazar la suspensión de operarios en las plantas automotrices (ver pág. 5). Fue en el mismo día en que los docentes en conflicto con el Gobierno macrista volvieron a colocar su carpa, en la vereda del Cabildo.

El caos por la marcha de SMATA comenzó cerca de las 9, en el cruce de la Panamericana con la ruta 202. Según informaron en Vialidad Nacional, hubo dos caravanas, de unos 16 micros cada una, que circularon con una diferencia de unos 8 kilómetros. Lo llamativo es que los micros fueron uno al lado del otro, por lo que bloquearon todo el ancho de la Panamericana. Y como circulaban a 40 km/h, todos los autos se vieron forzados a viajar a baja velocidad.

Luego, los micros tomaron la General Paz, Lugones, la 9 de Julio y pararon en avenida Belgrano, frente a la sede del sindicato. En estos casos dejaron un carril libre, pero obviamente no alcanzó.

Tras bajar de los micros, los manifestantes caminaron por Belgrano y Diagonal Sur hasta Plaza de Mayo, y desde allí al Ministerio de Trabajo, en Leandro N. Alem al 600. La marcha duró hasta cerca de las 14.30.

Ernesto Arriaga, el vocero de Vialidad, comentó que "en los peores tramos hubo colas de hasta 10 kilómetros, con demoras de hasta una hora y media para llegar de San Fernando al Obelisco. Además, como muchos autos bajaron de la Panamericana, también hubo demoras en otros accesos a la Ciudad desde el norte", como las avenidas Libertador o Maipú.

La gente se quejó o se mostró resignada. "Yo por suerte me puedo mandar por el costado y zafar, pero el tránsito es una anarquía y todos hacen cualquiera", opinó el motoquero Gustavo Mazer, de 29 años. En tanto, Felipe Marollo, un abogado que esperaba para circular con su auto en la 9 de Julio, dijo: " Estoy de acuerdo con que luchen por sus empleos, pero no que perjudiquen a los demás".

El problema de la ocupación de las calles es uno de los motivos de discusión entre la Justicia porteña y el Gobierno nacional, que maneja la Policía Federal. Según asegura el fiscal general contravencional de la Ciudad, Germán Garavano, la Policía tiene la orden de garantizar que se libere al menos un carril en calles y dos en avenidas, y en caso de que los manifestantes no respeten la orden, identificar a los organizadores para luego poder juzgarlos. Pero el ministro nacional de Justicia, Aníbal Fernández, afirma que la correcto es que la Policía le avise al fiscal y espere la orden, y que el año pasado, de 1.231 manifestaciones callejeras (un promedio de más tres por día hábil), en 1.204 los fiscales no le dijeron a la Policía qué hacer.

Según un informe que realizó el Centro de Estudios Nueva Mayoría, el año pasado el 52% de los cortes los hicieron "vecinos, estudiantes y comerciantes", y sólo el 3% fueron de piqueteros.

La marcha de ayer fue una de las más grandes de las que se tenga recuerdo, al menos en cuanto al perjuicio del tránsito. En el último año hubo importantes antecedentes, y todos terminaron con causas contravencionales abiertas, como los 39 piquetes simultáneos de la UOCRA o la marcha a la jefatura de Gobierno realizada por los taxistas.

Claro que en la Justicia porteña hay criterios dispares. El viernes 25 de octubre, y una causa por una marcha realizada hace un año por sindicalistas del INTI, la jueza María Cristina Nayar decidió que los cortes parciales no son una contravención porque no impiden la circulación. Los absueltos festejaron... cortando Tacuarí al 100, donde queda el juzgado.

Comentá la nota