Pampuro, tan lejos de Duhalde como de Kirchner

El asado ya había terminado. Carlos Reutemann insistía con su negativa. José Manuel de la Sota aún tenía el guiño de Eduardo Duhalde. Carlos Ruckauf no decía nada y el anfitrión, el entonces gobernador de La Pampa Rubén Marín, pidió más vino para distender. Las reuniones duraron tres días. Hacía frío en ese julio de 2002. Se decidía el candidato del peronismo y Néstor Kirchner no paraba de hablar. "Hay que cerrar una etapa, el próximo Presidente tiene que tener una impronta nueva". Y siguió un largo rato. Contó su plan. Quería ser.
Cuando terminó de hablar, José Pampuro, que estaba sentado al lado, le dijo: "Flaco, me convenciste. Yo apuesto por vos". Y mostró cuán decidido estaba: le entregó su cédula de identidad. Kirchner nunca se la devolvió.

Pampuro era en ese momento secretario general de la Presidencia y Duhalde el presidente. Durante el regreso en el Tango, Duhalde se convenció. Habló con "Pepe" -como le dicen los íntimos a Pampuro-, en el avión. De la Sota no levantaba en las encuestas y Reutemann seguía con su eterno "no".

Al segundo, Pampuro llamó desde el avión a Kirchner: "Flaco, ganaste la pelea. Cenamos en Olivos el domingo". Fue en la sala de huéspedes, lejos de la mirada de Hilda González de Duhalde, que nunca simpatizó con ninguno de los Kirchner.

En esa habitación cuatro personas acordaron "Kirchner 2003": Duhalde, Pampuro, Alberto Fernández y Kirchner.

Desde ese instante Pampuro se convirtió en un militante de la causa kirchnerista, junto con el pionero: Alberto Fernández.

Años después, hasta terminó peleado con Duhalde; era el único que le cebaba mate en la cocina de su casa de Lomas de Zamora o en la quinta "Don Tomás".

Hoy el presidente provisional del Senado, tercero en la sucesión presidencial, está lejos de Kirchner y sólo en privado admite que mantendrá su alineamiento con el oficialismo obligado por su papel institucional.

En la intimidad ya dejó de defender todo lo que hace el kirchnerismo de Kirchner.

Es otro de los que dejó de ir a los partidos de fútbol en Olivos; del viejo equipo sólo quedan dos o tres que se ponen la camiseta. Tampoco está las charlas privadas con "Néstor", como le decía antes. Hace poco lo llamó cuatro veces y el ex presidente no lo atendió; les pasa a varios. Después del 28 de junio, Kirchner cerró mucho más el círculo al que deja ingresar sólo a los que considera kirchneristas confiables. Pampuro dejó de serlo, al menos eso interpretan en su círculo íntimo. Kirchner sabe bien que "Pepe" se acercó "demasiado" a Carlos Reutemann, antes y después de la campaña. Y además mantiene contactos variados, entre ellos con gobernadores y con el enemigo público del kirchnerismo: el vicepresidente Julio Cobos.

La dramática madrugada del 17 de julio del año pasado mientras se estaba por votar la resolución 125, fue Pampuro el que casi le suplicó a Cobos: "Andate, hay un auto en la puerta. Yo asumo el costo político de esto". Después le dijo a Alberto Fernández que Cobos pedía un cuarto intermedio y recibió una orden de Kirchner: "Nada de ceder, que vote ya".

Semanas después, Pampuro tuvo una charla a solas con Cristina Kirchner. "Si ustedes atacan a Cobos, no pretendan que yo lo haga lo mismo. No puedo, tenemos una relación como autoridades del Senado". Así quedaron. Pampuro estaba convencido de que por su rol institucional no podía, ni quería, meterse en la ofensiva contra Cobos; tienen una buena relación.

Algunas fuentes señalan que hasta han llegado a analizar en privado y de manera informal qué podría pasar ante un escenario de retirada anticipada del poder de los Kirchner. El vicepresidente no habla del tema y sólo algunos de sus allegados sostienen que la única posibilidad podría ser liderar una breve transición y llamar rápido a elecciones. Pero no hay hoy en la cima del poder intenciones ni parecidas.

Pampuro piensa lo mismo que Duhalde: la candidatura para 2011 es el "único elemento con el que Néstor quiere sostener el Gobierno y no perder poder". Es una coincidencia a la distancia porque la relación Duhalde-Pampuro está demasiado dañada. Se había roto en 2005 cuando Kirchner y Duhalde negociaban la lista de candidatos a diputados para la elección de octubre. Estaba todo cerrado y a último momento Duhalde levantó la negociación. Era Cristina Kirchner contra Hilda Duhalde. Kirchner habló a solas con Pampuro. "Te voy a encomendar una de las cosas que más quiero. Acompañá a Cristina en la lista". El entonces ministro de Defensa aceptó y nunca más habló con Duhalde. Pero después, Cristina comparó a Duhalde con "El Padrino". Pampuro se quedó helado; estaba sentado al lado de Néstor Kirchner. Del otro lado, Alberto Ballestrini estaba mudo. Se cruzaron una mirada y no dijeron nada porque Kirchner aplaudía demasiado.

Pampuro cuida hoy todas las formas. No habla mal de Kirchner y una muestra de que se mantendrá hasta el final en el oficialismo es que votó facultades delegadas y apoyará, al menos lo anticipó a sus íntimos, la "ley de medios K".

Casi a escondidas algunos senadores confiesan sus temores sobre el impacto de esa ley y de la nueva profundización del conflicto con el campo. "No sabemos cómo va a terminar esto. Néstor tira y tira cada vez más nafta", dijo uno de esos senadores.

"Estoy preocupado por el grado de crispación que existe en la sociedad", dijo Pampuro en las últimas horas y ante tres testigos durante una reunión privada. Esa sensación social que percibe lo inquieta.

En la sesión del miércoles pasado el oficialismo no logró reunir los senadores que necesitaba para votar la ley del "impuesto tecnológico". Fuentes de la bancada oficialista dijeron que algunos senadores estaban enfermos, entre ellos Pampuro. Sin embargo, el senador estaba tomando un té, como le gusta, lejos del Senado.

Los que conocen bien al presidente provisional del Senado aseguran que no tiene demasiado margen para exponerse. Al menos, hasta el año próximo cuando se renuevan la autoridades de ambas Cámaras del Congreso.

Con Kirchner hace más de dos meses que no habla, pero con la Presidenta mantiene encuentros formales y va a los actos públicos a los que lo invitan y no puede negarse. Se sienta al lado de Cristina Kirchner y pone su rostro serio. Pero no va más allá. Por eso no participa de las reuniones que hace el ex presidente para hacer sus ataques públicos y agitar su eventual candidatura. No fue a Tres de Febrero y tampoco a La Plata. A Pampuro le gusta además mantener un perfil bajo, a veces demasiado.

Es un hombre que fuma pipa y habla más en privado que en público. Hoy mantiene reuniones con gobernadores, legisladores y algunos hombres que no están de acuerdo con el kirchnerismo pragmático. Y también se reúne con algunos dirigentes de la oposición.

Pampuro cree todavía que Carlos Reutemann, con quien habla seguido, mantiene su sueño presidencial. Más allá de su exabrupto por su ruptura con Roxana Latorre y las presiones de Duhalde para que se defina, Reutemann ha logrado su objetivo: salir de la escena. Los tiempos del santafecino nunca coinciden con la ansiedad peronista por buscar al "nuevo jefe" antes que se les escurra el poder.

Pampuro, como varios dirigentes del PJ, cree que si todo sigue así el PJ perderá el poder en 2011 y que Kirchner resistirá desde la oposición.

Mientras tanto, entre sus privadísimas reuniones -algunas molestan al ex Presidente-, el presidente provisional del Senado, asiste dos veces por semana a sus clases de filosofía en la UBA. El resto del tiempo está en su despacho del Senado y a veces sale a "reuniones afuera" para preservar a sus interlocutores del ex presidente.

Ya no juega al ajedrez como antes. Duhalde, Kirchner y Daniel Scioli, han dejado de ser sus rivales de tablero.

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