PALPITAR COMUNAL: El oficialismo llegó, hace rato

Estaba escrito. Se había anticipado que la decisión kirchnerista de adelantar los comicios venía de la mano de una clara decisión de sacar ventaja frente al siempre perturbador como complejo armado de la oposición, más que de las vicisitudes macro económicas esgrimidas como excusa.

Por Guillermo Liggerini

El acotamiento del escenario electoral iba a generar que los oficialismos, de acá y de allá, largaran con más handicap, habida cuenta que más allá del apuro que incluyó a todos, ser gobierno y contar con una estructura facilitan las cosas. En contrapartida, la oposición, sin tiempo ni voluntad para internas (sólo la UCR logró concretarlas a nivel seccional), debió imponer con fórceps listas con sus respectivos candidatos.

Tandil resulta una muestra cabal del complejo entramado. Mientras el justicialismo y el resto de los que ostentan representar el arco opositor coqueteaba, especulaba y en definitiva confirmaba sus mejores hombres dispuestos a jugar, el radicalismo ya había armado su estrategia de campaña. El lunghismo sólo debió acelerar los tiempos, la maquinaria proselitista ya estaba definida. Gigantografía, locales (ocho) dispersos por la ciudad, eslogan, actos, y la propaganda de uno y cada uno de los pasos de la gestión, al servicio del nuevo desafío electoral. El justicialismo, en tanto, dirimiendo primero sus apetencias intestinas, necesidad de compromisos claros del poder central para con los candidatos serranos, y buscar la menor cantidad de heridos posible, el flagelo que ha padecido a lo largo de la historia contemporánea electoral.

En la línea de largada, en consecuencia, el lunghismo salió primero y mejor armado. Por eso no resulta extraño, más allá de la curiosidad periodística, que a la fecha no se haya advertido exposición de los principales candidatos a destronar o como mínimo inquietar a un radicalismo confiado.

Ayudado por una militancia fiel aunque también rentada (la mayoría conforma la estructura municipal que el lunghismo supo montar), el oficialismo local no evidencia fisuras. Han pasado los años y las elecciones, pero la impronta y el hambre de poder está intacto. Tal vez porque encontraron la motivación más esperada: que Néstor Auza juegue y compita cara a cara.

El propio gobierno comunal reconoce que se está frente a una oferta electoral opositora tentadora, fuerte. "El justicialismo ha puesto toda la carne al asador", supo graficar el candidato a senador Carlos Fernández, atajándose ante cualquier contratiempo en las urnas, pero también para festejar con más fervor si el resultado es el que se en el fondo se imaginan.

Del otro lado, enfrente, el auzismo se dice también confiado por la temperatura que supo oportunamente marcar el termómetro electoral. Se está frente al mejor candidato que se podía ofrecer, pero aun resulta un interrogante saber si la lista confeccionada alcanzará para ahuyentar los fantasmas de siempre: léase el resentimiento y reproche de aquellos que quedaron afuera y su capacidad de daño interno.

También del riñón justicialista se reconoce tras la euforia primera que generó la consagración de la lista, que a la hora de salir al ruedo, a caminar los barrios y enfrentar al vecino, se está corriendo detrás. "Estamos llegando tarde", confió un avezado peronista frente a un radicalismo que llegó a donde ahora ellos visitan hace rato. Si a ello se le suma el escaso tiempo con que se cuenta y -a simple vista- la poca injerencia que se le ha dado a otros sectores internos que no demuestran demasiada voluntad de participar, el panorama no resulta sencillo. La esperanza, el desafío, sigue siendo comparar con el escenario de 2005. Allí la UCR, con Equiza como candidato, ganó por 10 puntos. A cuatro años y con Nicolini como oferta electoral, se especula en que ese porcentaje caerá a tal punto de ponerlos en paridad.

Más precisamente el escrutinio de la Junta Electoral detalla que en el 2005 la Unión Cívica Radical sumó 21.919 votos (39,09 por ciento), detrás se colocó el Frente para la Victoria con 15.760 sufragios (28,11 por ciento) y el Partido Justicialista con 7.918 (14,12 por ciento).

Claro que también en esta nueva contienda la tercera oferta - Unión Pro-, supone que contará con más adhesiones que el otrora candidato Escudero -por el PJ-.

La posibilidad de un crecimiento de esta tercera posibilidad electoral se funda por el voto arrastre que merecería la dupla De Narváez y Solá, y el peso específico del candidato Mario Bracciale, todavía presentado como el hombre que perdió por un par de centenares de votos, y que evidencia la misma mansedumbre que se lo conoció en la función pública y candidato también.

Se cree que la semana que comienza, la oposición y sus candidatos se expondrán más y buscarán marcar una agenda electoral que, a la fecha y a cuatro domingos del comicio, sigue siendo manejada por el oficialismo.

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