PALPITAR COMUNAL: Cuando dos amigos se van

Allá por marzo se decía desde estas páginas que mientras la crisis comenzaba a hacer estragos en el tejido social, con suspendidos en masa, baja en la coparticipación proyectada y también en los tributos locales, el termómetro político se movía en el equilibrio de la cruda realidad y la necesidad de imponer la agenda proselitista rumbo a las adelantadas elecciones legislativas.
Pasaron los meses y el escenario no varió demasiado. Las urnas dijeron lo obvio en el plano nacional, provincial y local, con vencederos y vencidos conocidos.

De todas maneras, tras las elecciones se confirmó lo que por aquellos días se anticipaba. La gestión comunal, contundentemente legitimada por la mayoría electoral, enfrenta dos desafíos delicados: la coyuntura socioeconomómica y la futura retirada de los dos cuadros políticos más fuertes del lunghismo, el alejamiento del Jefe de Gabinete Carlos Fernández y del secretario de Desarrollo Social, Julio Elichiribehety.

Con meses de diferencia como distintos motivos, los pilares que sustentaron el contenido político del hacedor van armando sus valijas y con ellas dejan margen a la especulación, debate e incluso incertidumbres de lo que representará el alejamiento.

Las fugas encierran mucho más que un recambio obligado, habla a todas luces de emprender casi una nueva gestión. Seguramente con la misma impronta del máximo líder (aún imprescindible para la suma de votos), pero sin el paraguas que dejó precisamente que ese liderazgo se moviera con comodidad, a pesar de que por momentos estuvo a un ápice del derrape que la personalidad del pediatra concibe (y que tanto rédito le dio, nobleza obliga).

El vaso medio lleno hablará de una buena oportunidad para oxigenar. Que nadie es imprescindible. Que con otro perfil, se podrá reacomodar el gabinete.

De todas formas, sería de necios obviar que el manejo por momentos abrumador de ambos actores de la cosa pública, resultó clave para la buena salud que goza la administración en materia de fortaleza política.

El vaso medio vacío acecha sobre la falta de candidatos capaces de sostener aquella solidez y experiencia en tiempos de vacas flacas como las que se pronostican y ya padecen en materia económica que, de profundizarse, podría traer sus coletazos en la sanidad política.

Se ha dicho, el lunghismo ha sabido aprovechar con notable capacidad y creatividad el viento de cola que se supo vivir. La actualidad marca otra realidad, lejos de lucir obras y más cerca de autolimitarse y de ser austeros, una característica todavía desconocida para el lunghismo.

DESFILE DE NOMBRES

Sólo Lunghi, una vez más, será el encargado de descifrar el entuerto que le toca en suerte. Sobre los espacios vacíos en el gabinete (también Marcos Nicolini dejará la secretaría de Gobierno), empiezan a ensayarse opciones.

Está claro que fuera de la estructura no hay propuestas seductoras. Sólo el sobrino del mandamás, Sergio Lunghi, podría formar parte del futuro gabinete, tras su desplante al ser tentado a integrar la lista de candidatos a concejales.

Trasciende que para la Secretaría de Desarrollo Social, la butaca de Elichiribehety sería ocupada por Rubén Dieguez, actual subsecretario del área. Lejos del peso político del que se va. Similar al perfil técnico que ostenta Pedro Espondaburu -Desarrollo Local- y el doctor Marcelo Giaconi -en Legales-, quienes oportunamente reemplazaron a Oscar Maggiori y Juan Pablo Frolik, respectivamente.

De mantener la jefatura de Gabinete que lució Carlos Fernández (no se descarta rediseñar la estructura) el único que estaría en condiciones de surfear en esa compleja marea que implica el cargo, sería Mario Civalleri, actual secretario de Obras Públicas. Aunque la decisión implicaría un nuevo nombre para su área, dado que después de él le sigue personal de planta (Lunghi aprendió la lección sobre dejar una secretaría a manos de un personal de carrera).

Bajo esa temperatura se transitó el microclima comunal. Con la inestabilidad que imprime la fragilidad socioeconómica y las especulaciones sobre el futuro del lunghismo. Con la misma fortaleza política que da el respaldo de los votos, pero con futuras ausencias que se van a extrañar en la trama radical, habrá que esperar hasta dónde se nota el anunciado vacío. Alberto Cortez dirá que "Cuando un amigo se va, galopando su destino, empieza el alma a vibrar, porque se llena de frío".

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