PALPITAR COMUNAL: Asesinatos anónimos, criminales sueltos

Un domingo de julio de 2007 (el 15 para más datos) la barriada de Villa Italia se conmovía por el brutal asesinato de un vecino dentro de su casa de calle Vicente López al 800.

Por Guillermo Liggerini

Se trató del jubilado José Mesquidas, quien recibió una paliza antes de morir, por manos aún anónimas que buscaban un botín que presuntamente en la casa no había.

Un mes más tarde (más precisamente el 12 de agosto), otra jubilada, Margarita Herrera, padecía algo semejante en su departamento de los monoblock de Avenida Perón al 1600. Otras manos anónimas no tuvieron piedad y la acuchillaron por lo que se especula un magro saqueo.

Pasaron dos años y no hay responsables del par de homicidios que, junto al misterio de la mujer sin nombre hallada asesinada en el acceso de Gardey, conforman la lista de casos judiciales irresueltos desde la reforma judicial que implicó la creación de fiscalías y policía de investigaciones. Del 98 hasta estos luctuosos sucesos, cabía el "orgullo" que precisamente la incorporación de éstos nuevos actores cambió una estadística patética que la Justicia tenía en materia de hechos mortales irresueltos (Penino, Gabriele, Pastor y sigue la lista).

Sin desmerecer la contemporánea estadística, que este par de casos se mantenga bajo el paraguas de la impunidad merece un llamado de atención, no sólo para los encargados de esclarecerlos (al fin y al cabo parecieran los únicos interesados en resolverlos), sino de una sociedad toda que presume catalogar en crímenes de primera y de segunda.

Remontarse a homicidios emblemáticos permitiría desnudar que la reacción del pueblo se dio más por quienes presuntamente formaban parte de una hipótesis investigativa que el dolor que podía deparar que un tandilense fuese asesinado. El caso Fabián Garmendia y su cruel parangón con el de Gilda Mansilla (ambos esclarecidos), no hace más que concluir en que la idiosincrasia serrana se inclina más por el escarnio que podía merecer un poderoso venido de la marginalidad que digerir que unos desequilibrados mataron sin más.

Un poco más aquí, la muerte de José Luis Pato Gárate (resuelto) despertó más atención por el escenario y el contexto en que sucedió el frustrado como trágico atraco en las puertas del supermercado de avenida Colón.

Los crímenes contemporáneos sin el necesario reproche penal, no cuentan con la connotación de aquellas historias fatales. Sus muertes no conmueven, no movilizan.

COMPROMISO SOCIAL

También es válido subrayarlo, aquellos homicidios que lograron ser esclarecidos no sólo contaron con la loable tarea de los investigadores. Su trabajo se vio cimentado en lo que precisamente este par de casos hasta aquí no contaron: la colaboración ciudadana.

El doble crimen de los custodios Mastronardi y Montenegro fue resuelto tras una ardua pesquisa que logró aprehender (Polich sigue prófugo) y luego condenar a una banda muy pesada, cuyos componentes ni siquiera eran locales. Aquella investigación contó con un elementos clave: la valentía de un importante número de vecinos que resultaron testigos presenciales. Que a pesar de saber de quienes se tenía enfrente, no dudaron en reconocerlos, incluso cara a cara en el propio juicio oral y público.

Para esclarecer la muerte de Gárate, en tanto, se necesitó la detención y el consiguiente arrepentimiento de Belén Molina, quien integró el grupo de sujetos que había montado el asalto con desenlace letal.

En los homicidios impunes que cumplen el triste segundo aniversario no se encontró ningún testigo, aunque se cree que muchos debieron serlo y hoy callan.

El asesinato de Margarita Herrera resulta el estandarte de esta penosa indiferencia. Vecinos supieron de la muerte de la jubilada 48 horas antes que la policía la hallara tendida en su departamento con cinco puñaladas. Sin embargo, por miedo, indiferencia o simplemente descompromiso social, los Herrera, como los deudos de Mesquidas, no conocen castigo para quienes le quitaron a su ser querido. Vecinos comunes, sin poderosos ni una vida ostentosa detrás. Vidas arrebatadas por criminales sueltos y una sociedad inmutable.

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