Palermo sensible

En su peor momento desde que está en Boca, el Loco está irascible y se lo hizo saber a Ibarra... y a todos. ¿Interna o sólo calentura?
Hay un Palermo sensible. O dos. Sí: en la locura inmobiliaria que intenta extender los límites del barrio para lucrar con los beneficios del nombre, ahora hay un sector que se suma a los ya famosos Palermo Hollywood o Palermo Soho. Son unas pocas cuadras tirando a Villa Crespo, ahora llamado Palermo Queens (como si el calificativo Queens categorizara para arriba). El otro Palermo sensible está en La Boca. Es Martín, el viejo héroe que no pasa su mejor momento. Más allá de perlas que se transformaron en capítulos notables del libro de su vida (el gol de cabeza desde otro planeta, el toque salvador que gritaron hasta los hinchas de River bajo el diluvio universal de Núñez), éste es su peor semestre desde que está en Boca. Hace 477 minutos que no convierte un gol (desde el que le metió a River, otra de sus satisfacciones) y, se sabe, no hay goleador que no se ponga inquieto cuando el arco se le achica o le queda a kilómetros de distancia. Y la mejor prueba es el entredicho público que mantuvo con Ibarra en la última semana, con cierto tufillo a viejo cabaret.

El capitán tiró la primera piedra pidiendo asistencia ("Me siento aislado", dijo). El subcapitán pidió privacidad ("Tenemos que ser más inteligentes") en declaraciones públicas. Y el Loco le tiró con lo más pesado de su artillería después del 4-0 a Gimnasia, manchando quizá la mejor actuación de Boca en el semestre. Un rato antes, todavía en la cancha, se sacó la cinta al salir y se la dejó a Viatri, su reemplazante, en vez de colocársela al Negro en el brazo (de hecho, terminó en el brazo del Pato), aunque ya otras veces había hecho algo parecido con Riquelme. ¿Interna? Desde lejos podría parecer por los personajes (Hugo es amigo de Román), pero la realidad es que se trata de una discusión circunscripta a ellos dos, que no supieron manejar la situación.

Desde dentro del plantel, donde el Negro tiene pocas relaciones (es un tipo solitario que hace la suya), creen que si en la conferencia de prensa el lateral tiraba la pelota afuera al estilo Román ("Estamos muy felices de tener a Martín en el plantel", hubiera dicho el 10), la historia se terminaba en el fastidio del 9, que será sonrisa una vez que vuelva a meterla. Pero Ibarra contestó, Palermo retrucó y... "Hugo no va a volver a hablar del tema públicamente. Si tiene algo que decir, se lo dirá a Martín en la intimidad", asegura un allegado al formoseño. "La verdad, el Negro estaba sorprendido por la reacción", agregó.

La realidad muestra que Palermo está más irascible de lo normal en estos días. Es lógico: lleva cuatro goles en 15 partidos (bajísima efectividad), parece haber perdido confianza en el cabeceo desde la fractura en su nariz y los centros no le llueven precisamente: el equipo no juega para él por características de sus acompañantes más cercanos (Gaitán, el Pocho) y, se sabe, Palermo necesita asistidores para poder vivir y matar en el área. Siempre. Y más ahora, que entre este mes y los primeros del año que viene se juega el sueño del Mundial, quizá el final de su película.

A ver: no es que esté pensando en la Selección por encima de Boca, pero sí sabe que debe rendir en el club. "Está casi adentro", arriesga alguien que vive el día a día cerca de Diego. Aunque está claro que, orgulloso como es, el Loco no querrá integrar la lista por gratitud o por lo que pueda aportarle al grupo (su optimismo, su experiencia) sino por condiciones que hoy no puede explotar. En parte, sí, porque no tiene partenaires que se adecuen, pero también porque él mismo no anda bien: no anticipa en el área, está lento (en ese sentido no tuvo la autocrítica de Insúa) y no se conforma con su aporte asistidor (el domingo participó en dos de los goles).

Palermo es así de insaciable, tiene el egoísmo de los 9 y está sensible. Cuando no grita goles, igual se hace escuchar...

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