Palermo y Palacio le pusieron una sonrisa a la semana difícil de Boca

El equipo de Ischia le ganó 3-0 a San Martín, con dos de Martín y uno de Rodrigo y está cada vez más lejos del fondo. Los tucumanos están cada vez más comprometidos con el descenso.
Boca recibía a San Martín de Tucumán en la Bombonera, aunque lo último que le importaba era el resultado. En un clima tenso, con Carlos Ischia en retirada y con los dirigentes intentando convencer a Carlos Bianchi para que sea su reemplazante después de la eliminación en la Libertadores, Boca necesitaba ganar para escapar al último puesto del Clausura y para que la dificultad sea menor en el Apertura que viene de cara a la clasificación para la próxima Copa.

Para el Santo, en cambio, lo primordial era obtener los tres puntos. Porque Gimnasia y Racing habían empatado y una victoria los sacaba de la zona de descenso directo, relegando al Lobo.

En la Bombonera los claros en las tribunas eran notorios. Alguna bandera que pedía por Alfio Basile, para que asuma como el próximo técnico. Y otra que decía: "Bianchi respetamos tu decisión". Sí el apoyo incondicional al equipo. Cero insultos, cero silbidos. Mientras Bianchi miraba el partido por televisión, lejos del frío de la tarde gris de La Boca.

En ese contexto, Boca jugó como viene jugando: de regular para abajo, a pesar de contar con todas sus figuras. A Palacio le costó desbordar, a Palermo le costó quedar mano a mano, a Riquelme le costó meter pelotas de gol... Mucho trabajo para Battaglia, Vargas y, sobre todo, Abbondanzieri. Porque mientras Boca estaba pendiente de lo externo el equipo de Roldán buscaba su salvación. Un cabezazo de Urbano en el palo, la velocidad de Patricio Pérez para contragolpear, un frentazo de De Muner que el Pato salvó con el pie izquierdo. San Martín, con poco, merecía algo más que un empate.

Boca no deja de ser Boca, la Bombonera no deja de ser una cancha difícil y Palermo sigue demostrando que su olfato goleador está intacto. A los 34, Palacio lo durmió a Noce por izquierda y envió el centro pasado. Allí apareció el Titán para definir de derecha y poner en ventaja al local, casi en la única jugada clara que generó en el primer tiempo.

Bajó los brazos San Martín para el complemento. Se entregó a su suerte y a la voluntad de Boca. La impotencia se terminó de instalar en los jugadores del equipo tucumano cuando Brazenas no cobró un penal a Gustavo Ibáñez. Entonces el local hizo su juego con comodidad. Ni siquiera el cambio de Canío por Anchén le dio movilidad al Santo en ataque.

Boca tampoco aceleró, juega como puede, pero con eso le alcanzó para golear a San Martín. A los 30, Riquelme armó la jugada por izquierda y tiró el centro atrás. Palacio, en el área chica, definió de derecha para poner el 2-0. Y enseguida, Gracián (había ingresado por Gaitán) hizo una pisada de pie a pie y dejó mano a mano a Palermo. El Loco enganchó ante el atolondrado Monge y definió de zurda cuando Gutiérrez salía para achicar: 3-0 en 32 y partido liquidado.

Al final Boca ganó y esos tres puntos le dieron un valor agregado a una victoria que no cambia el descontento por la eliminación de la Copa, ni calma el clima interno del club, pero que le da aire desde los números. El Santo se fue a Tucumán con las manos vacías y muy complicado con su promedio. Ahora necesita los nueve puntos que quedan en juego si quiere zafar de todo, aunque depende de los resultados de Racing, Gimnasia, Central y Godoy Cruz, los más beneficiados por el triunfo de Boca.

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