Palermo Gollywood.

BOCA 3 - HURACAN 1: El Loco volvió al gol en su primer partido desde el inicio, llegó a los 195 en el club y acabó con todas las discusiones. Así, el máximo goleador de la historia abrió el camino para el 3-1 a Huracán.
Volvió Palermo. Para escribir el guión que le faltaba.

Volvió Palermo, sí. Para meter ese gol que le quedaba.

Volvió Palermo, una vez más. Para completar su historia de película.

No explotó en llanto como en aquel gol del regreso en el 2000. Su grito, su festejo, el primero tan esperado en este segundo retorno post lesión, lo llevó apenas a levantarse la camiseta y luego a besarse con emoción su antebrazo izquierdo, ahí donde tiene tatuado el nombre de su hijo Stefano, guía espiritual desde el cielo. Pero otra vez, justo desde ahí arriba, cayó agua bendita sobre su cuerpo. De nuevo la Bombonera se estremeció con él. Una vez más, ese mismo arco, fue el dueño privilegiado de otro hito de Palermo Gollywood.

Podrá dormir tranquilo Martín de ahora en más. Podrá, si así lo dispusiera ahora mismo, dejar todo sin cuentas pendientes. El quería, primero, volver de esta lesión, de este nuevo obstáculo que el fútbol le puso al hombre de hierro. Y lo hizo. Y quería, después, volver y convertir. Llegar a los 195 en Boca, a ese gol que, incluso con el récord de goleador histórico en su poder, no dejará dudas ni estadísticas para debatir. Y lo hizo. Ya dijo, de todos modos, que no será el último. Porque además de un optimista, se sabe, Palermo es un inconformista del gol. "Así como llegó este festejo, que tanto lo esperaba, llegarán muchos más. Espero seguir convirtiendo más goles", contó ayer, feliz y afónico.

No venía bien la noche para el goleador. No podía hacer pie el Titán en una cancha embarrada que lo recibió en su primer partido como titular desde su retorno (hasta ayer había entrado 23 minutos ante Newell's, 27 ante Cuenca y 34 ante Lanús, todos desde el banco). Sólo en un par de oportunidades el capitán había logrado combinar con Mouche, quien ya había dicho que haría todo lo posible para verlo festejar de nuevo. Lo logró. Si algo de magia le faltaba a esta historia, era que la camiseta N° 7 volviera a asistir a la N° 9.

Así, como antes, justo cuando el cansancio empezaba a pesar en las piernas del viejo ídolo, una gambeta genial del heredero de Guillermo terminó en centro bajo, lujo de Gaitán y gol de Martín, quien sólo tuvo que tocarla de derecha al gol. Quizás ahí, por su posición dudosa, haya alguna explicación de por qué el Loco no hizo ninguna locura en su festejo. En primer instancia, como resabio del gol que le anularon mal contra los ecuatorianos por la Copa, miró al línea para ver si estaba habilitado. Y recién ahí empezó a gritar. "El festejo fue muy rápido, me encontré solo delante del arco y pensé que estaba en offside. Si lo erraba, me mataba", dijo. En definitiva, que Gaitán no haya tocado la pelota lo salvó de que otra vez le frenaran el grito.

"Estaba tranquilo, esperando el momento de jugar de entrada. Por suerte, Carlos me dio esa posibilidad y, en medio de un partido complicado, llegó el tanto tan esperado", comentó Martín, que no convertía un gol oficial desde el 13 de agosto del 2008, ante Arsenal, por la Recopa (hizo el primero del 3 a 1). Ya con la misión cumplida, y con el físico exhausto, Martín pidió el cambio. En realidad, lo aceptó ante la segunda consulta de un Ischia preocupado por su estado, quien cuando recibió el okey del 9 lo reemplazó por Figueroa. "Además del gol, para mí fue importante sumar minutos. A medida que vaya jugando me voy a sentir cada vez mejor. Al igual que el equipo, que tiene muchas cosas para mejor", dijo después. Aunque cansado, la felicidad podía más. Ya tendrá tiempo de disfrutar. Por lo pronto, no viajará a Venezuela.

Así, esa nueva ovación de la gente. Ese saludo emocionado de sus compañeros en el banco. Ese reconocimiento de todos serán parte de otra noche inolvidable para él, Martín Palermo, el máximo goleador de la historia...

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