El palco dio señales de que pasó el tiempo de los cortes de ruta.

El palco dio señales de que pasó el tiempo de los cortes de ruta.
Hubo sorpresa por el tono del discurso de Biolcati. Y sobre todo por su alusión a la pobreza.
La primera sorpresa la trajo el clima. Con un magnífico día soleado, ayer hasta el pelaje de los grandes campeones resplandecía. Pero la gran novedad fue el discurso y el tono de Hugo Biolcati, en una pieza que "hará historia", como se entusiasmó Alfredo de Angeli, pese a que quedó ubicado en la quinta fila con la compañía de su blonda novia, en una manera de exteriorizar que ya no son tiempos de cortes de ruta. En lo que es todo un cambio de dirección en el largo conflicto, De Angeli solo fue aplaudido horas más tarde en el comedor central de la Rural.

La experiencia hizo suponer a más de un político que Biolcati iba a utilizar lenguaje de barricada, sobre todo después de los resultados de la reunión con el Gobierno. De allí, las ausencias de Carlos Reutemann y Felipe Solá. Tampoco se vio a la condesa Lily Sielecky, suegra del embajador Héctor Timerman ni a Gerardo ni Adrián Werthein.

Símbolo de que buscan tender un puente con los ruralistas, fue la asistencia de Héctor Méndez, titular de la UIA. No tiene campo y hasta dice que para él las vacas siempre fueron ajenas. Ayer llevó la misión de convencer al campo para que se sume al Consejo Económico y Social. Lo acompañó Daniel Funes de Rioja.

Centro de miradas, Eduardo Buzzi no se perdía detalle, junto al Jefe de Gobierno Maurico Macri y el gobernador puntano, Alberto Rodríguez Saá. Era la primera vez que un presidente de la Federación Agraria compartía el palco en esa ceremonia. Buzzi obtuvo recién el jueves autorización de su consejo directivo. Algunos sospecharon que Buzzi había tenido algo que ver la parte más medular del discurso de Biolcati, en la que habló de la pobreza. Uno de los que más aplaudió fue Tula, sin bombo y con campera de cuero.

En el palco se respiraba poco protocolo. Hubo menos Loden austríacos y más ponchos y señoras que abandonaron los sombreros con la excepción de las mujeres del ex titular de la Rural, Luciano Miguens y de Carlos Garetto, el jefe de Coninagro.

A Mariano Naradowski, el ministro de Educación de Macri, se lo veía como perdido. El dueño de los aeropuertos y de varias cabañas con ejemplares premiados, Eduardo Eurnekian se retiró enseguida no sin antes resaltar "necesidad de diálogo".

Francisco de Narváez, en su doble condición de diputado y socio de la empresa que explota la feria de Palermo, comentaba que su bloque hizo propia la propuesta de la Mesa de Enlace sobre retenciones. La senadora María Eugenia Estensoro, de la Coalición Cívica, remarcaba que el Bicentenario nos encontrará importando trigo y carne.

Antonio Estrany y Gendre (Bridas), Jorge Zorreguieta (Copal), Carlos de la Vega (Cámara de Comercio), Enrique Mantilla (Exportadores), Miguel Acevedo (Aceitera General Deheza), Mario Vicens (ABA), Norberto Peruzzotti (Adeba), completaban la representación empresaria.

Miguel Schiaritti, castigado con el reparto de la cuota Hilton, discutía con Miguel Gorelik de Quickfood que acuerda con el criterio. Pero entre bueyes no hay cornadas. Cristiano Rattazzi, de FIAT y con un tambo de los grandes, se quejaba de la burocracia demora el cobro de las compensaciones. Manuel Solanet le anticipó una negociación difícil ante un gobierno con dificultades de caja.

En eso sonó la marcha de San Lorenzo que se cantó con fervor. Hubo lluvia de papelitos y Biolcati dio por terminada una fiesta a la que aún le faltaba un número, el de los caballos del ex banquero Raúl Moneta: ayer se quedaron sin público.

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